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La turistina

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Juan Velasco

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Pienso los patios. En cómo se han llenado de vida estos días y que, mientras se cierran ciudades en todo el mundo, en Córdoba abrimos nuestras casas.

Pienso en las concejalas que han considerado “valiente” y no temerario convocar una fiesta que consiste en abrir la casa de uno para que entre los otros, en un momento en el que los responsables sanitarios nos dicen que en la casa de uno, como mucho, entran seis.

Pienso en alcaldes que dicen que la fiesta de los patios de otoño es un ejemplo para toda España, en un momento en el que la tasa de contagio de la ciudad que gobiernan ya ha superado el margen a partir del cual los expertos predicen que la pandemia puede empezar a descontrolarse.

Pienso en políticos que no ven más allá del presente, que solo parecen querer analizar el presente continuo. “One day at a time”, dicen en Norteamérica. “It's a beautiful day, the beaches are opened, and people are having a wonderful time”, que dijo el alcalde de Tiburón.

Pienso en que la mejor predicción del comportamiento futuro es el comportamiento pasado. Y en que hace un par de meses, las calles de algunos pueblos de Córdoba se llenaron de gente para celebrar las no fiestas, las no ferias. Y en que habían venido visitantes de fuera, como todos los veranos ocurre en los pueblos que hace tiempo dejaron marchar a sus hijos.

Aquello fue el inicio de la segunda ola que ahora surfeamos en una tabla de corcho, a la que no paramos de invitar a gente por una razón que puedo llegar a entender aunque no me parezca demasiado brillante.

Porque celebramos al que viene. Los contamos. Cada visita es una raya de cocaína. Somos adictos a la turistina. Nos ponen palote los números y porcentajes. Políticos, periodistas, hoteleros, empresarios, vecinos, propietarios, controladores... todos jugamos al juego de sumar y hacer medias, buscando la foto finish que se parezca a lo que éramos y nos recuerde lo que queremos ser.

Nos vuelven locos los números y los sacamos a relucir. A veces contra el otro, a veces contra nosotros mismos. Y aún así, no tengo nada claro que nos convenga sacar pecho con la tasa de visitantes, si existe una posibilidad, por ínfima que sea, de que también vaya a crecer la tasa de contagio.

Porque, ante la duda, siempre: No te drogues.

Creo que Córdoba tiene que empezar a pensar seriamente en dejar la turistina.

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