El Pellizco

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Durante un tiempo en mi vida, rehuía lo que soy. Permitía la deformación grotesca de lo que siento. La asimilaba hasta hacerla parecer verdad. No levantaba la voz ante el juicio ligero al estereotipo gastado. No me dolían los pellizcos.

Eso ocurrió mientras vivía fuera. En Viena. En Madrid. En Castilla. No había maldad al otro lado del reproche. Pero tampoco verdad. Y yo lo sabía. Y no decía nada. Porque no me dolían los pellizcos.

Me llamaban andaluz y yo no sentía nada.

Decía Miles Davis que lleva mucho tiempo sonar como uno mismo. A mí me ha llevado tres décadas sonar andaluz.

Es el mejor sonido del mundo.

Y ahora ya siento el pellizco.

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Publicado el
28 de febrero de 2020 - 10:34 h
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