Luces en silencio

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El pasado domingo, mientras paseaba por esa maravilla urbana que es San Lorenzo, de una de las casas del barrio salió un mandato: "Vamos al centro a ver las luces". Una puerta se había abierto y una pareja adulta se aventuraba, con paso decidido, hacia Las Tendillas y Cruz Conde, quizá hasta Ronda de los Tejares, quién sabe.

Me llamó tanto la atención que se lo comenté a mi esposa, ya que unas horas antes habíamos estado hablando de lo que había ocurrido el sábado por la tarde en Las Tendillas, de todos aquellos tipos y tipas felices que habían salido a convivir con el virus y habían improvisado una fiesta junto a un nacimiento de neón que habrá costado decenas de miles de euros a los contribuyentes.

Así que este lunes, cuando desde Capitulares tocó dar explicaciones sobre el festejo viral del sábado, ya barruntaba en mi cabeza la idea de que las luces de navidad de este año eran un ejemplo más de esa esquizofrenia colectiva a la que estamos abocados los ciudadanos, apelados a diario a la responsabilidad por unos políticos que, al mismo tiempo, nos insisten en que vivamos con la mayor normalidad posible todo lo que está ocurriendo.

Ahí van unos ejemplos de esta esquizofrenia: Comprar y hacer gasto navideño es convivir con el virus. Llevar a los niños al parque es peligroso. Quitarte la mascarilla en un restaurante cerrado es convivir con el virus. Quitarte la mascarilla si vas en bicicleta de paseo es peligroso. Ir a un centro comercial atestado es convivir con el virus. Beber de 18:00 a 20:00 en el bar es peligroso. Ir a un mercadillo el domingo es convivir con el virus. Ir al Ecomercado un sábado al mes es peligroso. Ver las luces de navidad es convivir con el virus. Pararte a escuchar un músico callejero es peligroso.

Podríamos seguir. Seguro que los hosteleros estarían encantados de señalar las numerosas contradicciones de los planes de contingencia contra el virus. Claro que el Ayuntamiento se ha cubierto las espaldas y este lunes ha facilitado a los periodistas el parte de sanciones contra una quincena de restaurantes, la mayoría incumplidores de aforos y medidas contra el virus.

Traducción: Exceso de aforo en tiendas y comercios es convivir con el virus. Exceso de aforo en bar es peligroso.

La historia de la tercera ola, si llega como parece que llegará, será la historia de la tercera convivencia con el virus. Y desde el pasado lunes ya sabemos algo nuevo. Sabemos qué habrá que mirar las luces en silencio.

Porque el virus es ciego pero no sordo.

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16 de diciembre de 2020 - 09:36 h