La tontuna museística de Bellido
Como bien saben los militares, toda operación bélica precisa de objetivos precisos. Los enfrentamientos armados sin ton ni son constituyen, como ha quedado evidente en la guerra de Trump contra Irán, un desastre sin paliativos. En el ámbito del arte esos objetivos han de ser sensata y escrupulosamente fundamentados. Facere quidem aliquid certa cum ratione artis est (hacer algo con una razón cierta es lo propio del arte) decía el arquitecto renacentista Leon Battista Alberti. Los artistas documentan la diversidad y complejidad de su tiempo con lenguajes, herramientas y métodos novedosos y los museos cuentan la historia del lugar en un amplio contexto universal. Nada de estas premisas parece que impregne la tontuna pretensión del equipo de José María Bellido al entregar un espacio municipal, como Caballerizas Reales, a una empresa cultural privada radicada en Barcelona.
El denominado Museo Europeo de Arte Contemporáneo de Barcelona se basa en una idea de llamativa simpleza. En su condición de proyecto empresarial privado, y como les ocurre a todos los museos de cera que en el mundo son, tiene todas las argumentaciones para existir siempre que su viabilidad económica quede garantizado por la afluencia de público. Esa afluencia la facilita un producto de consumo fácil. Y nada más fácil y oportunista que una pintura hiperrealista en la que los atrevimientos más llamativos consistan en colocar tres brazos a un retrato de Palomo Spain.
Como indican mis compañeros, y cuantos han firmado la carta pública que circula por la ciudad con ocasión de esta decisión del equipo de Bellido, el arte contemporáneo hace mucho tiempo que superó la dialéctica del “presunto” enfrentamiento entre realismo y abstracción. En los discursos artísticos actuales es válida tanto la impronta realista como la abstracta, a condición de que la mirada del creador aporte novedades semánticas y elimine estereotipos. Por ello es incuestionablemente indecente que parte del patrimonio municipal se ofrezca a empresas privadas que desdeñen toda esta compleja casuística y persigan solo el beneficio económico.
Después de tanto tiempo dedicado a la gestión municipal, Bellido debería saber que las iniciativas culturales de los ayuntamientos deben estar orientadas en la formación de los ciudadanos. Y que no hay mayor beneficio, ni satisfacción ni felicidad, que la autoestima que proporciona una ciudadanía educada y formada. En la diversidad y la complejidad, en el rigor y la excelencia. Los árboles de los parques no rinden beneficios económicos pero nos facilitan una existencia más placentera y saludable, y de ahí que invirtamos en su cuidado y mantenimiento.
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