Miedo y rabia

Julio Anguita | MADERO CUBERO

Julio AnguitaColectivo Prometeo

    Resulta anómala la desmadrada actitud de la oposición política del tripartito de derechas y la de los medios de comunicación afines al mismo. Y de la misma manera son de notar las declaraciones de representantes cualificados de la Iglesia o la diligencia desacostumbrada de algunos poderes del Estado en dictar sentencias o ponerse en guardia. Por otra parte, y desde la caverna ideológica y política, hay una actividad trepidante a la hora de plantear medidas y propuestas que parecen inspiradas en el Syllabus o en la encíclica Quanta cura, ambos de Pío IX en 1864.

    Desde algunas voces empresariales se lanzan ayes y malos augurios a causa de los "puestos de trabajo que se van a perder" por la subida del SMI a 950 euros. Ni que decir tiene que la supuesta ruptura de España en Cataluña es la estrella de estos pliegos de cordel del conservadurismo. ¿Hay razones objetivas para tanto miedo? ¿Hay justificación razonable para tanta crispación? ¿Tienen bases las alarmas y los llamamientos patrióticos? ¿Es tan temible a la luz de la memoria reciente, un Gobierno del PSOE con cuatro ministros de UP? Considero que esta revuelta de los privilegiados intuye, teme y se angustia ante la hipotética deriva de la conjunción de dos situaciones: la objetiva madurez para un cambio radical desde los mecanismos legales existentes y la subjetividad de quienes son conscientes de que modernizar y homologar España con Europa, supone el fin de su especial estatus económico y social "made in Spain".

    La coyuntura y el azar han colocado a Sánchez ante una tesitura nunca deseada: avanzar permanentemente aunque la velocidad no sea constante. Sus errores pasados – y presentes – le lastran; las baronías del PSOE echan de menos los apacibles tiempos del bipartito con sus delicias sin cuento; la oposición de derechas no está dispuesta a ceder en lo referente al uso y disfrute de lo que considera suyo: el Erario Público; la patronal es "europeísta" pero con sicavs, exenciones y deducciones fiscales, reforma laboral, despidos fáciles, laxitud en la vigilancia de la aplicación del Derecho tuitivo, operaciones especulativas, etc; la Banca y con ella el Banco de España no están dispuestos a soltar el bocado aprehendido desde tiempo inmemorial ¿Cómo van a dejar su indiscutido mando en plaza? Y la Iglesia española, tal mal acostumbrada, ¿cómo va a permitir ser tratada con el mismo rasero de la misma Ley que se aplica a ciudadanos, comerciantes, contribuyentes y pueblo (el de Dios incluido) en general?

   Y ahí radica precisamente su miedo y su rabia: carecen de proyecto que no sea seguir medrando y seguir instalados en los privilegios. Pero en el comienzo de esta tercera década del siglo, los problemas económicos y sociales son tantos y tan perentorios, el horizonte medioambiental tan necesitado de urgentes medidas que incluyen cambios radicales en consumo, producción, agricultura, uso energético, etc., que solamente pueden ser abordados desde la racionalidad, la audacia, la taxativa aplicación de la Ley y la aprobación de nuevos marcos legales de todo tipo.

   La derecha ha aprendido a agitar desde las redes con mensajes anclados en el peor de los atavismos carpetovetónicos: el sentido común del dominado, la modorra y el miedo a pensar y la machadiana España de Frascuelo y María. Porque ahora es precisamente ahí donde se va a dirimir el conflicto, en el boca a oreja, en los imaginarios colectivos potenciados por los medios.

   El Hado y la coyuntura específica han situado a este Gobierno de Sánchez ante el reto que quizás su Presidente nunca quisiera haber tenido que afrontar, pero así es la realidad, tozuda. O se liga a la mayoría ciudadana o sucumbirá. Es una confrontación económica, social política, ideológica y de valores en toda su extensión. Temple, proyecto para la mayoría y firmeza.

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4 de febrero de 2020 - 20:54 h