Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Esa Extraña Frontera

Imagen que acompaña al post.

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Mi pareja conduce el coche. Es lo correcto, yo conduzco muy mal. Estamos de vacaciones. Un Seat Ibiza, modesto, prestado. Un buen coche.

Pasamos por la calle principal de un pueblo costero, mediterráneo. Hay un atasco, mi pareja decide aparcar en una callejuela, marcha atrás, para esperar a que el tráfico fluya.

Suena un ruido detrás, en el coche, un lamento parece, algo de las ruedas, creo, pero no. Es un niño que llora. Ni siquiera sabía que teníamos un hijo. Su madre sí, por eso se apartó del atasco en el pueblo, por eso aparcó.

El niño salió llorando del asiento de atrás y se fue a la esquina de la calle, a la carretera, donde estaban el resto de los coches cruzando entre luces y sonidos de claxon.

Me asusté, me tiré a coger la mano de mi hijo. Que no llegara a la esquina, que no cruzase la calle.

Me tiré y golpeé la radio y el vaso de agua de la mesita de noche y me desperté, me caí de la cama, tengo un moratón en la rodilla. Y encendí la luz y me fui a mear con taquicardia.

Y no; no tengo un hijo, ni estaba de vacaciones en un pueblo mediterráneo ni nada de eso.

Yo podría creer en Dios y en la fiabilidad del Seat Ibiza (“coche del año”, no sé de qué año). Pero creo en los neurólogos que puedan explicar cosas.

Los sueños, sueños son. Y en ellos no cabe la mentira.

Así que todo lo que cuento ocurrió en, digamos, una extraña frontera.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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