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La conciencia mala

Juan José Fernández Palomo

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Por lo que se ha visto, leído y escuchado, al PCE y a IU no le ha gustado nada que el Ente Público RTVE programase el lunes pasado la emisión de la película “El santuario no se rinde” dentro de su ciclo “Historia de nuestro cine”, en la 2. (El pasado lunes era 18 de julio. Una fecha que rasca y pica –y con razón- desde hace 80 años. Una efeméride desgraciada, sin duda. Nefasta. Infame. Profundamente triste)

Así se manifestó al día siguiente el camarada dirigente secretario general del PCE, José Luis Centella, en una comparecencia pública en nuestra ciudad.

Sinceramente, dudo que Centella y otras y otros indignados por la emisión en la tele pública de la peli la viesen. O la hayan visto alguna vez. Les jodía su emisión. Y ya está.

La película, del año 49, española de entonces, narra el heroísmo de las tropas sublevadas defendiendo el Santuario de la Virgen de la Cabeza del ataque de “los rojos”. Que al final, lo conquistan. Es lo que los historiadores del cine hispano del siglo XX llaman “un ejemplo del final del llamado cine de cruzada”. Sociológicamente es una peli interesante. Cinematográficamente, también. Hay oficio, fotografía en blanco y negro deudora aún del expresionismo en el que se curtieron tantos profesionales de la época, sale Alfredo Mayo haciendo de Alfredo Mayo… en fin: no es “Ciudadano Kane”, pero bueno.

Que por qué su emisión indignó a Centella, al PCE, a IU y a no sé cuántos… Pues creo que se debe a eso que llaman “la mala conciencia de la izquierda”. Un tema recurrente que podemos detectar, por ejemplo, en la literatura de Rafael Chirbes o de la poco sospechosa para la izquierda, Marta Sanz: un lujo de novelista y de señora.

Una pasada de frenada en toda regla. Deberían hacérselo mirar. Si algo te pica y te bloqueas, solamente acabas rascándote. Y eso no es la solución.

No quiero ni imaginar que programen “Tierra y Libertad”, de Ken Loach, (peli también de rasca y pica) y se quejen porque el programador de RTVE sea troskysta.

Además de cargarse los postulados del Efecto V de su querido Bertold Brecht, han pecado de una ingenuidad poco inteligente.

Por cierto; leo en ABC que el Ayuntamiento de Madrid quiere cambiar el nombre de la calle del General Millán Astray por el de Avenida de la Inteligencia. Fantástico. Ya saben: Unamuno le gritó a Millán Astray “¡Viva la Inteligencia!” cuando el general interrumpió su discurso en Salamanca. Así, sí.

Camaradas: lean también el ABC de vez en cuando. Que no se lo cuenten. Que no pasa nada.

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