Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Con su mismo…

Piazza Affari, Palazzo della Borza (Milán).

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Y llegan las rebajas, otra vez más, como si el tobogán de los precios no estuviera funcionando arriba y abajo durante todo el año y sus “efemérides” inventadas y su “primavera”, “ya es verano en”, “otoño”, “black friday” y tal.

Y es el tiempo de amortizar los Reyes Magos feos y cambiarlos por más cosas sobrantes e inútiles (uno de los mejores inventos de la humanidad occidental contemporánea es el “ticket regalo”, la solución perfecta a los errores de criterio teñidos de buena voluntad).

Es perverso, sí.

Porque la naturaleza es perversa. Todos los años los ñúes atraviesan el desierto del Serengueti buscando pastos verdes. Cruzan el río Mara en tropel y allí, a muchos de ellos, se los zampan los cocodrilos en directo o en diferido si antes ya han muerto ahogados. Ningún ñu superviviente advierte a sus generaciones posteriores de que por ahí no es bueno pasar, que siempre sucede lo mismo. Los ñúes, por lo que se ve, no hablan entre ellos.

Parece que los que acuden a las rebajas tampoco hablan entre ellos. Solo compran en el río Mara de los centros comerciales año sí, año también.

Hace unos días he estado viendo los escaparates del centro de Milán (Italia). Son divertidos. Lo que exhiben me da un poco igual, lo gracioso son las cartelas de los precios: cazadora, 6.100 euros, botas, 720 euros, zapatos como “manoletinas” para una niña de siete años, 320 euros, abrigo dorado como de Liz Taylor en “Cleopatra”, 3.780 euros… y por ahí todo tan divertente.

Son graciosos los italianos. Viven en un país que se ha convertido en una especie de gimnasio de la política y de la economía. Y se lo pasan bomba así.

En la plaza frente a la sede de la Bolsa de Milán hay una escultura de Maurizio Cattelan. Se llama la “mano tullida”, representa un puño cerrado con el dedo corazón apuntando al cielo. Una “peineta”, un “va fan culo” en toda regla, para entendernos. Se instaló allí en el 2010 con carácter efímero, pero mola tanto y tiene tanto sentido que ahí sigue. Quienes la ven se siguen interrogando a quién va dirigido el gesto: a la Bolsa o a nosotros, comunes mortales. Cuestión de perspectiva. Yo creo que es la Bolsa a mí; pero admito que puede haber gente optimista y bien intencionada y pensará lo contrario.

En fin, consumismo inútil. Como la trashumancia del ñu buscando el verde. Pocos se salvan, pero son muchos. La naturaleza será perversa pero justa y equilibrada, al parecer. Con su mismo pan, los cocodrilos siguen comiendo.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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