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Entrevista N&B
Walter Herrmann: “La España de la era Gasol nos hizo la vida imposible”

Entrevista a Walter Herrmann

No todos los días pasa por Córdoba todo un campeón olímpico. Son contados los que hay en todo el mundo, aunque lo cierto es que, en la provincia, hay igualmente más de uno. Eso sí, en lo que al baloncesto se refiere, las cuentas se reducen notablemente, al menos en diversidad. Y es que, de los que aún existen a día de hoy, solo hay dos países que hayan conseguido alzarse hasta el primer cajón del podio en la mayor cita mundial del deporte. Uno es Estados Unidos, el gran dominador histórico, y el otro, Argentina. En la lista también figuran Yugoslavia y la Unión Soviética, ya desaparecidos ambos. De este modo, uno de los representantes del mayor episodio histórico del baloncesto argentino pasó por la ciudad hace escasos días como protagonista del campus de tecnificación llevado a cabo por el UCB Camper Eurogaza, el gran representante actual del baloncesto masculino cordobés.

Se trata de Walter Hermann (Venado Tuerto, Argentina, 1979), quien, pese a lo apretada de su agenda en los tres días que duró la actividad formativa, no dudó prestarse para una conversación de más de una hora con CORDÓPOLIS. La vida de este componente de la 'Generación Dorada' da para mucho, con cerca de 25 años de trayectoria profesional, en la que fue dejando huella en cada lugar que pisó. Se convirtió en una estrella imberbe en su país, para posteriormente dominar en la ACB, en una época en la que el acento argentino tuvo una repercusión superlativa. Su talento le llevaría, incluso, a la NBA y, como hemos dicho antes, a colgarse un oro olímpico con su selección. Palabra de Walter.

PREGUNTA. Lo primero, y no sé si eres muy futbolero o no, pero quería darte la enhorabuena

RESPUESTA. Muchas gracias (risas).

P. Yo creo que aquí en España, la mayoría de gente iba con Argentina en esa final, creo que, en gran medida, por la manera en la que se vive allí el sentimiento nacional. En tu caso, ¿cómo viviste la final?

R. La verdad que con mucha emoción. No soy muy futbolero, la verdad, no sigo casi nada de fútbol. Sigo lo que seguimos los que no somos futboleros, cuando juega Messi, cuando juega Ronaldo, cuando juega Mbappé. Cuando juegan algunas figuras, Neymar. Cuando juegan jugadores importantes, esos partidos suelo mirarlos.

No soy tan futbolero, pero claro, los Mundiales siempre se miran, y Argentina, más allá de que se ganó, podía no haberse ganado, pero venía de 35 partidos invicto o 36, antes del Mundial. Estaba jugando muy bien el equipo y éramos candidatazos a ganarlo, y nosotros, interiormente, sabíamos que el cruce con Brasil iba a ser clave. Creíamos que lo ganábamos porque nosotros consideramos que, cuando son partidos así, como decimos nosotros, es que los 'tenemos de hijos', en partidos complicados, y después esperábamos la final con Francia. Pero eso se esperaba al principio del Mundial, lo que pasa que, cuando Argentina pierde el primer partido, ya empezamos todos con los nervios, y después es verdad que el equipo jugó bien, pero claro, si tú no eres argentino y ves los partidos desde fuera, quizá disfrutas más porque es verdad que Argentina jugó bien casi todo el torneo, pero siendo argentino sufríamos todo el tiempo.

Y, de hecho, el partido con México, que parecía que si se empataba… Cuando metió gol Messi parecía que fue, no sé, nos quedamos afónicos todo el mundo. Pero lo vivimos con un grado de intensidad terrible, se festejó un montonazo. Lo que nunca me imaginé eran los festejos que pasaron en Argentina, yo lo viví todo por la tele y hemos visto locuras, barbaridades que ha hecho la gente. Pero es verdad que se te pone la piel de gallina, como decimos nosotros, cuando veíamos las imágenes del Obelisco, de Buenos Aires, que había millones de personas festejando un campeonato. Eso no pasaba, y más un pueblo tan sufrido como el nuestro, que siempre tenemos problemas, sobre todo económicos, del gobierno y demás, pero bueno, una alegría como ésta, como que la gente se agarra a ese veranito que dura poco, pero bueno, es una alegría inmensa. Yo la viví un montonazo, la disfruté un montonazo y, sobre todo, cuando más criticaban a Argentina es cuando más te vas quedando con cositas.

Entonces, con el campeonato, empiezas a rajar a todos lados de todos los que hablaron, pero la verdad que muy contento, sinceramente, es el segundo Mundial que gana Argentina que tengo la posibilidad de verlo. Uno fue en el 86, tengo algunas imágenes, no tantas, pero me acuerdo de haberlo visto, y este.

El oro olímpico tiene un valor increíble

P. Extrapolándolo al baloncesto, no sé si había un poco de envidia sana. Al final, es el único oro que te faltó por colgarte.

R. Sí, lo que pasa que, en el baloncesto, me hubiese encantado, cuando hicimos semifinales con España, que Chapu Nocioni tuvo el triple ese desde la esquinita, está claro que me hubiese encantado conseguirlo, pero en el baloncesto sí que es verdad que es mucho más importante el Juego Olímpico. Son diferentes los deportes en ese caso. Pasa lo contrario con el fútbol. En 2004, salió campeona olímpica Argentina, que estaba Messi también, y nadie valoró ese Juego Olímpico, porque parece que dan por hecho que…

P. Que es inferior.

R. Porque juegan jóvenes los Juegos Olímpicos…

P. Claro, al ser sub 23.

R. Eso es, es como que no le dan tanta importancia, pero en el baloncesto pasa al revés. Si tú ves los partidos, por ejemplo, de Estados Unidos. Estados Unidos a los Mundiales no lleva a nadie, cuando son Juegos Olímpicos van con todo. Entonces, si sacas a Argentina en 2004, en Juegos Olímpicos, después arrasó Estados Unidos. Antes de Estados Unidos, creo que una es la Unión Soviética, que no está más, y creo que lo que era Yugoslavia. Y ya está. Países que existan ahora, somos Estados Unidos y Argentina oros olímpicos. Entonces, es una medalla que tiene un valor increíble.

P. El baloncesto lógicamente es la razón que te ha traído a Córdoba estos días, y por supuesto que es también la razón vertebral de esta entrevista. Baloncesto, un apalabra que se puede decir que es indisoluble a tu vida.

R. Mi primer uso de razón con el deporte es el baloncesto. Yo comencé a jugar a los 6 años y en mi familia nadie jugaba al baloncesto. Fui porque mi abuelo jugaba a las cartas en un club y detrás había una canchita de baloncesto y empecé ahí a los 6 años. Pero fue más amor a primera vista, porque empecé a jugar y me encantó. Y pensás que estamos hablando de una época donde casi todo el mundo jugaba al fútbol, porque en mi colegio, todos jugaban al fútbol, y yo estaba solo aislado porque no me gustaba. Nunca me gustó.

Entonces, yo lo único que hacía era estar con una pelotita de tenis o de trapo o lo que sea, tirar sobre una pared porque no había ni siquiera canastas. O sea, es algo que mamé de muy chiquito, lo viví toda la vida con mucha intensidad y me sigue gustando. Y ahora que lo empecé a jugar de vuelta, ya retirado y demás, pero con esto de la tecnificación es como que estoy encontrando otra vez la razón de vida, porque, tú eres deportista profesional, te retiras y qué haces. Ese es el problema que tenemos todos. No nos preparan para el retiro, ¿y después qué haces? No has hecho una carrera de otra cosa que no sea baloncesto y como no te guste hacer esto, es complicado. Y la verdad que yo acá encontré volver a nacer en el baloncesto. Me gustan, incluso más, los más pequeñitos, porque son los que más absorben lo que les dices. Por ahí más grandes ya es más táctica…

P. Es complicado que cambien.

R. Es complicado porque el tema de los fundamentos ya no se enseña como antes, y yo noto muchísimo, sobre todo en edades de 14 y 15 años, que los chicos no tienen un nivel como el que teníamos nosotros de chicos. Y no es que nosotros fuéramos mejores, lo que pasa es que los que a nosotros nos enseñaban, ponían mucho énfasis en los fundamentos que hoy día se está dejando un poco de lado y por eso a los chicos les cuesta montonazo insertarse en el deporte y después destacar en los partidos. 

P. Quizá también un poco la prisa que hay por acelerar etapas.

R. Me lo dijeron el otro día en una reunión, pero cuál es la prisa. Porque, en realidad, cuando yo era chico entrenaba dos o tres veces por semana, una hora, y ahora están entrenando dos o tres veces por semana y la misma hora. La hora sigue teniendo 60 minutos, lo que pasa que, cuando yo era chico, mi entrenador me hacía técnica individual toda la hora, o 45/50 minutos. Si hacíamos todo eso bien, después había partido de regalo. 10 minutos de partido, pero si no, no había partido. Ahora es al revés. Ahora les das una pelota porque es más fácil que los chicos jueguen ahí, que el profe esté tranquilo y no tiene que estar machacando, machacando y machacando.

No sé si has visto un rato, pero tienes que estar gritando todo el tiempo. Ahora les di un poco de aire, pero desde que yo arranqué a las 9 de la mañana (la entrevista se hizo el martes 27), ellos no hacen partido. Lo que hicieron recién que se divierten, es lo único que se han divertido. Pero en realidad es todo técnico, y por ahí se enojan y yo siempre digo lo mismo: enfádate lo que quieras, pero lo vas a hacer 100 veces hasta que te salga. Y ese machacar, machacar, machacar es complicado, tienes que tener vocación. Si le dices: haz esto así, así no, bueno, vale, el siguiente. Y ahí quedó, el chico no lo aprende. Tiene que repetir y repetir. Y al final, de tanto repetir las cosas, se quedan. Pero no solamente en baloncesto, en la vida misma.

Vos te haces mejor en lo tuyo de tanto hacer notas, y bueno, la vida es así. Repetir, repetir, repetir. Que es lo que la gente no quiere hacer. Todo el mundo da por hecho que ya lo sabe y no, por más que lo sepa, para mejorar, tiene que haber un aprendizaje diario. 

Para mí el baloncesto fue amor a primera vista

P. Te he escuchado decir que jamás vas a sentirte un jugador retirado definitivamente.

R. Tal cual, sí.

P. Quieres prolongar el final, sea al nivel que sea.

R. No, no. Es que para mí nunca va a haber un final porque, en realidad, yo soy jugador. No seré profesional, pero sí soy jugador. Si haces una pachanga, yo quiero jugar, porque soy jugador de basket. No me ves y dices exjugador, es una palabra que…en ningún momento me retiraría de algo que me gusta tanto. Es distinto que tengas una lesión complicada, pero yo nunca me lesioné a lo largo de toda mi carrera y, de hecho, podría seguir jugando.

¿Y por qué podría seguir jugando? Porque los que están viniendo, no hacen el sacrificio que hacíamos nosotros. ¿Por qué hay tantos chicos de 40, 42, 43, 45 años en la liga argentina? De más de 40 debe haber 6 o 7 jugadores. ¿Y por qué el chico de 20 no le quita la posición? No se la quita porque no quiere entrenar lo que entrena el otro, es la realidad. Yo, cuando empecé a jugar con 17 o 18 años, en el equipo mío había uno de 35 o 36 y era imposible que me agarrara. Podían pasar meses para que yo lo pase por arriba. Hoy en día, el veterano está tranquilo porque sabe que el jovencito, si el entrenamiento es a las 8, llegan a las 8 menos 5. Se cambian, entrenan, terminan a las 10, y a las 10 y 1 minuto están en el vestuario. Nosotros vamos media hora antes, hacemos lanzamientos, estiramientos, entramos en calor, hacemos el entrenamiento y después nos quedamos a tirar, 15, 20 minutos, media hora, en parejas. Es lo que decíamos al principio, es repetir, repetir.

No tiene secretos el baloncesto, lo que pasa que la gente no llega porque no hace el sacrificio. Gratis no te van a dar nada, si no te esfuerzas… Para nosotros, el concepto es ese. Y lo malo que la generación nuestra, la 'Generación Dorada' fuimos siempre, a nadie le gusta enseñar a los más chiquitos. A mí me encanta. Pero soy uno, otro es Colo Wolkowyski, que también le gusta mucho la tecnificación, pero después no tienen…

P. La vocación.

R. Eso es, es vocación. No tienen ganas. Estaría bueno que el que lo vivió y conoce el baloncesto, y le gusta enseñar, que lo haga. Pero bueno, lamentablemente no hay tantos jugadores o exjugadores que realmente tengan la vocación de enseñar.

P. Vamos a ir centrándonos más en tu vida. Argentino de nacimiento, pero ya un poco andaluz, y en concreto malagueño, de adopción ¿no?

R. Tal cual, la verdad que siempre estuve yendo y viniendo. Desde el 2019 estamos instalados definitivamente en Málaga, ya con los chicos en el colegio, pero es verdad que cada dos o tres meses estoy en Argentina, pero por el tema de la tecnificación. Estuve junio y julio en Argentina haciendo campus en diferentes lugares, en octubre y noviembre otra vez, y ahora para enero iba a ir de vuelta, pero lo suspendimos. Lo que pasa es que los profes, muchos de los que trabajan conmigo, están en diferentes clubes, entonces muchas veces el entrenador…

P. Les coincide.

R. No, coincide y depende de los resultados. El presidente de un club te deja ir donde quieras mientras ganes (risas), cuando pierdes no te deja. Entonces, en enero lo hemos suspendido y lo hemos pasado para julio, pero estoy súper asentado en Málaga. Lo que pasa también es que Argentina y España compartimos muchas costumbres, entonces, sinceramente, por eso estamos tan cómodos acá los argentinos, porque las costumbres son muy parecidas.

P. Lo has comentado un poco antes. Tú naces en Venado Tuerto, una zona muy agrícola si no me equivoco, ¿qué relación pudiste tener para acercarte al baloncesto? ¿Había tradición en la ciudad?

R. Nada, por eso te digo que es un amor genuino. En mi familia no había deportistas, tampoco nadie que le gustara el baloncesto y, de hecho, en toda mi formativa yo jugaba, pero sacando a mi mamá que iba a los partidos, no iba nadie más. Alguna final que jugamos que sí había, pero lo que pasa es que con 10 u 11 años ya metía 30, 35 o 40. Llamaba mucho la atención la cantidad de puntos que metía, pero, aún así, en mi familia era: se divierte, se divierte. Hasta que, bueno, con 15 años empecé a entrenar con el equipo de Liga Nacional.

En mi ciudad estaba Olimpia de Venado Tuerto que, en esa época, era de los mejores equipos de la liga argentina. Bueno, de hecho, Walter Guiñazú (su compañero en el campus de UCB) salió campeón con este equipo. Él salió campeón con Olimpia en el torneo de Liga Nacional, y campeón Sudamericano en esa época. Yo con 17 años ya debuté en liga. Entonces, mi vida siempre estuvo enfocada al baloncesto.

La ciudad en esa época tendría unos 60 o 65.000 habitantes, hoy en día estará sobre los 100.000. Es una ciudad que vive muchísimo del campo, muchísimo, pero ha agarrado a varios grandes deportistas. Lo que pasa que, en el baloncesto, de chico no había tantos, luego empezó a haber más, y después pasó lo de siempre. A los 14 o 15 lo abandonan, lo típico, porque empiezan a bailar o están pensando qué van a estudiar y no termina saliendo nadie. Pero también porque la carrera del deportista no está vista como tal. Parece que el deportista es un iluminado y no consideran que pueda hacer carrera. Yo soy un defensor 100% de que la carrera del deportista es igual que cualquier otra, lo que pasa que, si dices que vas a ser deportista, ya te dicen: este es un vago, no quiere hacer nada. Y en realidad, si tú te machacas en lo que quieres ser, después puedes ser mejor o peor, pero si estudias abogacía va a pasar lo mismo. Puedes ser mejor o peor.

Ya no soy profesional, pero siempre seré jugador de baloncesto

P. No quiere decir que tengas que jugar en la NBA.

R. Puedes terminar jugando en un EBA, que a lo mejor cobran 1.200 euros por mes. Y yo a veces les digo: si su sueño y su felicidad pasan por jugar al baloncesto, qué prefieren, trabajar en un supermercado por 1.200 o hacerlo en el EBA. Si te va a hacer feliz jugar al baloncesto. A igualdad de sueldos, yo juego a lo que me gusta. Que no te va a salvar, bueno, pero vivís así. Después harás otras cositas más. Pero tenemos un chip así de gente de la época de antes, que no, que tienes que terminar el colegio, estudiar, que quien no tiene carrera no puede trabajar. Y al final, hay 200.000 carreras y no hay mano de obra. Es la verdad. Falta mano de obra y hay 200.000 carreras.

Tienes a los abogados manejando Uber, porque, claro, el papá quiso que fuera abogado, al nene no le gustaba, pero como lo dijo mi papá. Entonces, si no haces lo que te hace feliz…Lo que pasa que yo defiendo mucho esto, pero hasta que la gente empiece a cambiar un poco ese chip, cuesta. Parece que, cuando me escuchan, dicen: sí, pero los chicos tienen que estudiar igual. Y sí, sí, puedes estudiar y jugar al baloncesto. Yo toda la vida estudié y jugué al baloncesto. De hecho, yo termino el quinto año, cómo lo llaman ustedes…

P. ¿La secundaria?

R. Sí, yo terminé y me quedaron cuatro materias. Como estaba jugando en Liga nunca las rendí, y las terminé hace tres años. Pero nunca repetí ni nada, lo que pasa que la agente asocia: este juega al basket, no estudia. No, yo estudié, lo que pasa que después pude ser profesional, empecé a ganar dinero jugando al baloncesto y dejé de estudiar. Me dediqué a jugar. Pero yo defiendo mucho la carrera del deportista porque parece que, si no se defiende, los chicos no llegan.

Le preguntas a estos que levante la mano quien quiere jugar en la NBA o quien quiere ser deportista profesional, y nadie levanta la mano. Pero porque les da vergüenza. Es por eso, no porque no quieran. Y esta tarde tenemos que venir con los más pequeñitos, si le preguntas a nenes de 7 u 8 años, todos levantan la mano porque no tienen sentido del ridículo. Pero es eso, tenemos un chip muy viejo para mi forma de ver, y hay que cambiarlo.

P. ¿Siempre tuviste claro que querías dedicarte a esto?

R. Yo siempre. Siempre tuve claro que quería ser jugador de basket. De hecho, en mi familia me apoyaron y tenía un entrenador que un día vino a mi casa y le dijo a mi mamá: Walter, para estudiar tiene toda la vida, pero para jugar al baloncesto es ahora. Yo tenía 16 años y hablaron con el colegio para que me dieran un horario especial para salir antes, porque yo salía a las seis de la tarde y no tenía tiempo para entrenar. El colegio accedió. Y bueno, tu familia te tiene que apoyar, aunque está claro que si sos de madera, no tienes nivel, no vas a estar 40 años intentando jugar al basket. Pero con 18, 19, 20, 23 o 25…dale una chance al jugador para ver si puede triunfar.

P. Tus primeros pasos fueron, como es lógico, en el equipo de tu ciudad. Quizá el salto más significativo hacia el profesionalismo se produce en el año 2000, cuando fichas por Atenas de Córdoba.

R. Sí, lo que pasa que ese año, yo me acuerdo que cuando paso a Atenas, yo salí revelación de la liga argentina, y Atenas era como jugar ahora en el Real Madrid de acá, era lo máximo, y yo con 18 o 19 años no sabía si ir o no. Porque esta es otra, vas al mejor equipo de Argentina, pero, ¿y si no juegas? ¿Y si no te dan minutos? Y al final, es verdad que cuando llego a Atenas de Córdoba, ellos dos años antes ya empezaron a hablar conmigo, y yo medio que no: ya veremos más adelante. Y medio como que no me animaba. Y yo juego el último año con Olimpia, ellos me llaman y digo, bueno, me voy a vivir a Córdoba. Y cuando llego tengo la suerte de encontrar un entrenador, Pablo Coleffi, que en el momento dice: vos vas a ser acá el mejor jugador del equipo, las jugadas son para vos, no se qué. Y claro, automáticamente…

P. Cambias.

R. Claro, llego a un equipo que me considera que voy a ser la figura y de hecho salgo MVP de la liga, termino jugando bárbaro, pero la confianza del entrenador fue clave, ese paso fue súper importante porque no sabía si iba a darlo o no. Todo el mundo de chico quiere el mejor equipo, pero yo no quería el mejor equipo para no jugar. Entonces, teníamos esa duda, pero a mí me salió bien.

Aparte fue un paso importante por el tema de empezar a vivir solo. Una cosa es estar en tu ciudad con tu gente y otra es irte a otra ciudad, que no conoces a nadie, a 400 kilómetros de tu ciudad y buscarte casa para alquilar, o sea, para mí era toda una novedad. Hoy en día lo veo normal, pero con 20 años estás ahí recién rompiendo el cascarón. Y la verdad que tengo recuerdos hermosos.

P. Como dices, te sale bien, ganas la liga, eres MVP y, además, te abre la oportunidad de venir a España por primera vez. Te he escuchado decir que, al menos en ese entonces, era el siguiente paso para todo jugador. Aunque el objetivo final fuese la NBA, pero había que pasar por Europa.

R. Es que el paso obligado nuestro es Europa, porque vos en Argentina, ya en mi época, el nivel de liga era alto, pero porque el euro, el peso, el dólar, valía todo lo mismo. Un peso era un dólar, tú imagínate que ahora un dólar son 325 pesos. Fíjate la devaluación de Argentina. Era uno a uno. Y ahora es uno contra 325. Fue todo al traste. Entonces, claro, en esa época los americanos que tenían el corte en la NBA se venían para Argentina, o para España, pero el nivel de norteamericanos o extranjeros que teníamos nosotros era altísimo. Hoy en día el nivel es bajo porque no hay dinero.

Entonces, en esa época, la liga era muy buena. Yo recuerdo que el último año mío en Olimpia, ya me ficha Fuenlabrada, porque Ramón Fernández, que era el manager en ese momento de Fuenlabrada, va a Argentina, ve un par de partidos míos, le gustó como jugaba y me hace un contrato por cinco años. Entonces yo juego a préstamo un año ahí en Olimpia de Venado Tuerto, y dos años más en Córdoba. Y ya después tenía el paso obligado, digamos, por contrato, para venir a Fuenlabrada.

Estoy convencido de que el nivel te lo da la competencia

P. En ese entonces ya había muchos argentinos de tu generación en España y en Europa. Ya estaba por aquí Nocioni o Scola, Ginobili en Italia. ¿Pediste consejo o algo? ¿Hablaste con ellos?

R. No, en esa época no, pero también por una cuestión de que no teníamos Whastsapp, no era como ahora que por Whatsapp o Insta contactas con todo el mundo. Ahí un email si mandabas a alguno, y después con Chapu yo había jugado en Olimpia, Lucas Victoriano también había estado y los conozco y hemos compartido momentos buenos ahí, pero la verdad que no. Simplemente con Chapu compartíamos el agente, él me decía: cuando Chapu fue hizo esto, hizo lo otro. Pero claro, una cosa es que te cuenten a lo lejos y otra es cuando tu vas.

Pero me pasa en Fuenlabrada lo mismo que en Córdoba. Llego a un equipo donde está Óscar Quintana, que llego y automáticamente yo tenía que ser la figura del equipo, y termino siendo el máximo anotador de la liga española el primer año. Con 23 años. Pero claro, si tú vas a un lugar, el nivel que yo traía era bueno, pero que el entrenador te dé encima el 100% de la confianza, estás en el paraíso. Y la verdad que el año de Fuenlabrada, si tú me dices de los clubes, si tengo que elegir un año de mi carrera puntual, es el de Fuenlabrada. En otros clubes gané ligas y todo lo que tú quieras, pero si tengo que elegir un año puntual, el de Fuenlabrada porque viví un año increíble.

P. Y además que se inauguró un poco ese boom del dominio argentino en España. De esa 'Generación Dorada', muchos jugaban aquí. Tú fuiste el primer MVP argentino de la historia de la ACB, y luego Nocioni y Scola serían también MVPs de la liga.

R. Es que eso también hizo que años después, en 2004, salgamos campeones olímpicos. Todos veníamos con un cierto nivel, pero terminamos de mejorar acá. La liga española era, bueno, sigue siendo, de un nivel altísimo. O te adaptas a este nivel o quedas fuera del circuito, y creo que nosotros dimos ese paso de adaptarnos y la verdad que nos fue súper bien.

Ginobili estuvo en Italia y luego hizo el salto a la NBA, pero te vuelvo a repetir, cuando éramos chicos, nuestro sueño era conseguir un pasaporte para poder jugar en España. Hoy en día lo que veo es que el chico, con 16 o 17 años, está buscando el contrato, no el pasaporte. Entonces, si vos estás ahí por la plata… Si vos juegas bien y entrenas bien, la plata va a llegar sola, ahora si estás solo por el dinero, el dinero…

Nosotros en Argentina tenemos chicos que se han ido a Bolivia a jugar. Nunca en mi época se le hubiera imaginado a nadie irse a Sudamérica. O Argentina o te vas a Europa. Hoy en día, por el tema económico, están buscando salir a otros sitios. Entonces, es también por eso que no están apareciendo tantos jugadores. Yo estoy convencido de que el nivel te lo da la competencia. Si querés ser bueno tienes que tener competencia. Sacando la NBA, para mí la ACB es la segunda liga más dura de todas. Después, yo he jugado Euroliga, no conozco la liga completa de todos lados, pero en casi todos los lugares hay dos o tres equipos, y con el resto hay mucha diferencia. Acá ahora están muy por encima Madrid y Barça por la cantidad de dinero que ponen, pero por lo general, la liga ACB es durísima. Madrid puede ir a jugar contra el último, a su casa, y le puede…

P. Y siempre hay sorpresas.

R. Siempre, siempre. En Argentina, por ejemplo, cuando juegas con un equipo que es muy malo, es muy difícil que haya sorpresa, pero acá esta liga es durísima. Juegan jugadores buenísimos de todos lados.

P. De hecho, una de esas sorpresas la vives a partir de 2003 con tu fichaje por Unicaja, un club y una ciudad que te cambió realmente tu vida, tanto a nivel profesional como personal.

R. Sí, tal cual. Bueno, de hecho, ahí tomo una decisión que para la época ya parecía rara. Ahí me quería Portland, me querían llevar a Estados Unidos. Y es verdad que yo llevaba un año acá, todavía no había hecho mucha carrera y en esa época, si tú te ibas ahí, de muy jovencito, en la NBA lo que te ofrecían eran contratos mínimos, y claro, mucha gente tiene que pensar en lo económico y en lo deportivo. Entonces, si con esa edad me iba a Portland, el contrato no era muy alto y después qué pasa si voy y no juego. Después para volver… Hubo muchas dudas ahí.

Y entonces me decanté por Unicaja, que creo que es lo mejor que pude haber hecho, porque a partir de ahí estuve tres años haciendo un poquito más de experiencia. No es lo mismo estar con 23 años en la NBA, que con 26. Ya esos tres años te hacen crecer en todos los aspectos, y bueno, creo que fui a la NBA ya mucho más formado. Pero haber caído en Unicaja me vino espectacular, sobre todo porque yo llego, y a los dos o tres meses, agarra Sergio Scariolo. Entonces, tres años con Sergio, quieras o no, al principio nos llevábamos muy mal pero porque yo jugaba de una manera y él me quería hacer jugar de otra, y después, con el tiempo me fue mejorando muchos aspectos de mi juego y me hizo un jugador mucho más completo.

P. Ese año, en contraposición a los éxitos deportivos, vives una completa tragedia a nivel familiar, ¿te sirvió el baloncesto como refugio o como colchón para el dolor?

R. Sí, sin duda, sin duda. Pero yo creo, muchas veces doy charlas motivacionales y mucha gente me ha preguntado cómo se hace, cómo se supera una tragedia. No tenés algo mágico que hacer y se supera esto o aquello. No tenés un formulario, pero sí es verdad que, si estás entretenido, con la cabeza ocupada, en mi caso con un grupo de compañeros espectacular y te hacen centrarte en otra cosa. Lo malo o lo bueno que te pase en tu vida está ahí, pero tienes contención, que es lo que el baloncesto me dio a mí, mucha contención. No solamente ese año, sino que, incluso cuando fui a la NBA y demás, porque, bueno, el accidente que pasó con mi familia, al ser yo en ese momento tan conocido, repercute en todos lados.

Entonces, cuando yo llego a la NBA todo el mundo ya te mira como… y te pregunta, pero es normal viste. No tenés una receta de si te pasa esto, tienes que hacer el A, sino el B. O sea, es la vida misma, y al final, todo es el tiempo. Lo que pasa es que es difícil aguantar mientras tanto. Pero creo que el baloncesto me dio un apoyo gigante, porque si no hubiera estado jugando o no hubiese estado haciendo nada, no sé cómo hubiera terminado, a lo mejor terminas tirado en una cama y no te levantas nunca más, pero cuando tenés cosas para hacer y cuando tenés ilusión, en el caso puntualmente mío, soy muy ambicioso. Lo que hago lo quiero hacer bien y ser el mejor en todo, y si no llego a ser el mejor, me da igual, pero por lo menos la mejor versión mía. Y en esto pasó lo mismo. Yo salgo de Fuenlabrada, me voy a la selección, pasa el accidente de mi familia y al mes ya estaba en Unicaja. Entonces, al ser todo como tan seguido, el ambiente del baloncesto lo sentí mucho y me ayudó un montonazo.

P. Vives la etapa más exitosa de la historia del club. Liga y Copa, ¿qué recuerdos guardas de entonces?

R. Recuerdos espectaculares, pero porque Málaga, al final, termina siendo mi vida. Yo conozco a mi mujer, que bueno, es de ahí, mi hermana se queda viviendo en Málaga también. Y son tres años que es mucho, porque en la carrera de un jugador, vos normalmente pasas de un equipo a otro en uno o dos años máximo. Tres añitos en el mismo lugar, haciendo amigos. De hecho, yo tengo muchas amistades que son fuera del baloncesto en Málaga, que eso es buenísimo porque, al final, mis compañeros, muchos son extranjeros y se han ido pero las amistades que tú haces de los malagueños, duran toda la vida. Y eso es importantísimo y me ayudó mucho ahora cuando volví a Málaga.

En 2019 ya volví para vivir definitivamente ahí, y el hecho de ya conocer a tanta gente, más allá de que en las vacaciones, todos los años, yo volvía, pero no es lo mismo volver, estar un mes e irte, que estar definitivamente viviendo. Y la verdad que los recuerdos de Málaga son espectaculares. Hoy en día, yo siempre digo que mi lugar en el mundo es Venado Tuerto, que es mi ciudad, donde yo vivo, pero si tengo que elegir otro lugar, es Málaga, porque ahí, en realidad… Es más, yo de hecho llego a Málaga y a los dos o tres meses ya me compré la casa ahí y ya no me fui nunca más, porque me puse de novios, me casé y tengo mis chicos… Y al final, eran siempre las vacaciones obligadas, digamos. Un mes al año. Hasta que ahora decidimos volver.

El baloncesto me dio un apoyo gigante tras el accidente de mi familia

P. En 2006 cierras etapa en Unicaja y ya sí que das el salto a la NBA. Al final, el destino deseado por todo jugador y un sueño cumplido.

R. (Se para a pensar) Jugar en la NBA parecía algo imposible, era un sueño inalcanzable, hasta que llegué a España. Cuando llegué a Fuenlabrada me di cuenta de que jugar en la NBA no era tan complicado, o sea, que tenías la chance de jugar. No era tan complicado, porque es verdad que, desde Argentina, se ve todo mucho más lejos, pero desde España hay muchísimos ojeadores, scouters que vienen de la NBA a buscar jugadores. Y yo, el año que estuve en Fuenlabrada, hablaron conmigo de todos los equipos. O sea, ellos tienen diferentes personas que buscan jugadores. Que venga a hablar conmigo el de Minnesota, no quiere decir que me fiche, pero es un apunte de que va a enviar información, y después tienes la chance de a lo mejor te pueden ver, te pueden probar en algún campus. Y ya estando en España lo veía un poco más cercano.

Y cuando yo ficho en la NBA, fue una cosa rarísima en realidad. Yo me caso en 2006 y Charlotte Bobcats, que es el equipo en el que yo jugué, ya me tenía en carpeta desde hacía unos meses. Pero yo me caso y me voy de luna de miel a Miami, estoy cuatro días en Miami, y el tercer día no sé por qué, se me ocurre ir a un locutorio, que estaba en esa época de moda, que es donde estaban los ordenadores. Y bueno, me meto en mi Hotmail de esa época (risas), que lo sigo teniendo, y veo un correo de mi representante en Estados Unidos. Y me pone: Walter, ¿dónde estás?, que te quiero contactar y me pasa un número de teléfono. Yo lo llamo y me dice: no, mira, en Orlando hay un campamento de Charlotte y te quieren ver. Si lo juegas, te pueden fichar, si no, no te van a fichar. Y yo me había casado hacía 15 días.

Imagínate, salí campeón, después no hice nada, diez días sin hacer nada, me casé, y después otra semana sin hacer nada. Y me dicen: ¿puedes venir a Orlando? Y digo: sí, estoy en Miami, pasado mañana voy a Orlando. No sé, si pasado mañana era 10, el 12 era la prueba. Imagínate yo, recorriendo todo Miami para conseguir zapatillas. Yo calzo un 52, imagínate para conseguir zapatillas del 52. Buscando por todos lados, me acuerdo que conseguí unas New Balance que las tengo todavía porque fue la única vez que las usé en mi vida. Las conseguí y salí a correr, no sabía qué hacer, no tenía pelota de basket ni nada. Y cuando voy a Orlando, me acuerdo que voy a Disney el primer día, y el segundo, de estar con Mickey Mouse sacándome fotos, al día siguiente en la Liga de Verano. Y tuve que ir, y no sabes los nervios que tenía. Me acuerdo que esa noche no dormí, y mal, mal, mal. Lo único que podía hacer es poner ganas porque no tocaba una pelota de hacía 20 días.

Me acuerdo que metí 7 puntos o así, agarré 6 o 7 rebotes, a la gente le gustó y ya está, me dijeron: queremos que te quedes con nosotros. Después de la luna de miel y estas cosas, me voy a Argentina y empiezo a entrenar con la selección para jugar el Mundial de Japón, y en Japón firmo el contrato con Charlotte. Pero lo termino firmando por haberme presentado en la prueba de verano en mitad de la luna de miel, sino…Tal cosa que tienes que estar en el momento justo. Imagínate que me dicen que hay un campamento en Orlando, y yo estaba en Dubái de vacaciones. Imposible. Pero bueno, en ese caso tuve la suerte la fortuna de estar en el momento justo y en el sitio exacto.

P. Viniendo de un rol importante en España, ¿te costó adaptarte a tu nuevo rol en Charlotte?

R. Sí, pero adaptarme no, lo que no entendía es por qué no jugaba. Siempre me costó mucho eso, pero más que nada porque yo entrenaba al nivel que venía de acá. De jugar la liga española. Salí campeón y todo, y claro, cuesta mucho porque, muchas veces, los entrenadores tienen ya formado el equipo con el que van a jugar y por ahí, o sea, nosotros somos quince jugadores en la NBA. Hay tres que están de traje y los doce que se cambian. Y me tocó muchísimo tiempo estar entre los tres de traje. Entonces, no tenía ni siquiera la chance de decir: bueno, si alguno hace una falta de más, o alguno comete algún error, puedo tener la chance de entrar.

Pasé casi todo el año sin jugar, y tuve la fortuna de que el último mes y medio, Bernie Bickerstaff, que es el técnico que teníamos en ese momento, me dice: mira Walter, quiero que pruebes a ver si puedes estar en condiciones o al nivel de jugar en este equipo, porque Adam Morrison, que era el que jugaba en mi lugar, era insulinodependiente y le había dado un pico alto de azúcar o algo así en ese momento, y tenía que hacerse unos estudios y por eso no podía jugar. Y me empieza a poner más, y ni más arranqué y ya empecé a meter 12, 14, 17. Metí 30 puntos al sexto o séptimo partido. Y yo dije: de acá no me voy nunca más. Yo me imaginé que en la NBA me iba a quedar toda la vida.

Y bueno, lo que tiene la NBA es eso, ese último mes y medio la rompí. Yo tenía contrato por un año, con opción al segundo que la opción la tenía el club. Gracias a que jugué bien, me renuevan otro año más y al año siguiente ya cambia el entrenador, el nuevo, en vez de ponerme de alero, que es como estaba jugando, me manda a jugar de cuatro y ya para jugar de ala-pívot, había cuatro ala-pívots delante de mí. Entonces, ya otra vez pierdo el rol y estuve en Charlotte dos o tres meses y me traspasan a Detroit. Pero, si sigue el mismo entrenador y sigue la misma temática, quizá hoy en día hubiese hecho toda mi vida en Estados Unidos.

Pero muchas veces son esos momentos, así como en su momento, al lugar que fui con Fuenlabrada o Atenas de Córdoba, jugaba todo el partido, ahí llegué y no jugaba. Pero es verdad que yo de cabeza siempre fui muy duro, y más allá de no jugar, era entrenar, entrenar, entrenar, y esperar el momento, porque en algún momento va a estar la oportunidad. En los Juegos Olímpicos pasó lo mismo. Todos dicen: pero no jugaste tal, pero yo entreno, entreno, entreno. En algún momento algo va a pasar y voy a jugar. Y en la NBA pasó igual.

Después fui a los Pistons, jugué un año y para terminar mi contrato, no jugué tantos minutos, y Joe Dumars, que era el manager en ese momento me llamó y me dice: mira, Walter, te damos un año y un dinero o dos años y el doble de ese dinero. Y yo, como en realidad no estaba jugando tanto, dije: mira, quiero un solo año. Si llego a jugar mucho, ya ahí veo si me quedo. Y si no juego nada, prefiero volverme a España. Y no jugué tanto y me volví. Y cuando termino me ofreció otro año más y no quise. Si me preguntas años atrás, el sueño es la NBA y tal, pero, al final, somos jugadores y vos querés jugar. Si ya cumpliste tu sueño y no puedes jugar, bueno, te vas al lugar donde vas a jugar, y ahí es donde vuelvo.

P. Al margen de lo meramente deportivo, hay alguna anécdota curiosa de esa época en los Bobcats, teniendo a Jordan como propietario.

R. Sí, él iba mucho a los entrenamientos. Lo que pasa que yo, cuando llego a Charlotte, en la pretemporada, me acuerdo que llegamos, nos sentamos, nos empezamos a cambiar todos y yo atándome los cordones; primero veo que entra alguien y todo el mundo es como que hace mucho jaleo. Pero el norteamericano es así, que de cualquier cosa hace un circo, grita por todo. Entonces me fijé que estaban festejando algo, quizá algún cumpleaños. Y de momento estoy atándome los cordones y hay una mano que me extienden así (hace el gesto de saludar) y entonces agarro, voy a saludar, pensé que sería algún dirigente, y es Michael Jordan.

Para el que es jugador de basket, es como tocar, no sé, para el que le gusta el fútbol sería Messi hoy en día o Maradona o el que te guste. Pero para el jugador de basket, que te esté saludando Jordan, que lo viste en la tele de chiquito, qué te vas a imaginar que vas a caer justo en el club que el tipo es el presidente. Y después, es verdad que iba a muchos entrenamientos, y muchas veces, nosotros hacíamos movimientos en poste bajo, y hacíamos el movimiento en uno contra cero, y a veces él estaba por ahí cerca y se ponía…

P. A defenderte.

R. Sí, sí, pero ponía el antebrazo. En algunos lugares decían: he jugado uno contra uno, bueno, la gente se imagina que jugué uno contra uno a toda cancha (risas). Nosotros hacíamos los ejercicios, pero claro, que venga Jordan a defenderte, aunque te ponga el antebrazo, gires a un lado y hagas el ganchito, eso para mí, por ejemplo, que nací en Argentina era raro. De esas cosas que no te iban a pasar en la vida, pues me pasaron (risas). Pero son cosas que te van marcando. Después pasa lo de siempre, lo ves tantos días en el club que, al final, ya lo ves normal, pero nunca termina de ser uno más.

P. Es Jordan.

R. Yo personalmente tuve la suerte de conocer a los dos. Conocí a Maradona en su momento, en Estepona cuando vino, y conocí a Jordan. Las dos cosas son increíbles, pero lo que me movió por dentro Jordan cuando lo saludé no es lo mismo que me movió Maradona. Pero claro, yo soy del baloncesto, el que es de fútbol seguramente será diferente. Y mira que tuve la posibilidad de conocer a Mohamed Ali, a gente famosa, Mick Jagger, porque, quieras o no, a los partidos NBA va todo el mundo y giras por todos sitios.

Conocí gente de todos lados, pero lo que viví yo cuando pude saludar a Jordan, no lo viví con nadie. Y la mala suerte que, en esa época, no estaban los selfies. Si hubiese selfies como ahora, sería todo más fácil.

La NBA parecía algo inalcanzable hasta que llegué a España

P. En 2009 vuelves a Españas, fichas por Baskonia. El objetivo eran los títulos, más minutos. Volver de nuevo a ese primer nivel con un rol más importante.

R. Pues sí, la verdad que es lo que pedía el cuerpo en ese momento. Después de no tener tantos minutos en Estados Unidos, uno sigue teniendo ese gusanillo, quiere seguir jugando. La carrera del deportista no es muy larga y yo lo que necesitaba era minutos, jugar, demostrar que seguía con cierto nivel y tuve la fortuna de caer en Caja Laboral, que era un equipo súper completo y terminamos consiguiendo la liga. Entonces, creo que la decisión fue súper acertada y bueno, después de tres años de jugar poco y de tener, no sé si sinsabores, pero uno tiene siempre la expectativa de que va a triunfar, le va a ir bien y va a jugar muchos minutos, y al final no se te dan. Pero bueno, ya con el sueño cumplido de haber jugado en la NBA, creo que el regreso fue más que bueno. Volver y ganar otra liga ACB, no se da todos los días.

P. Y vaya final de liga, la del famoso 2+1 de San Emeterio ante un Barça campeón de Europa.

R. Increíble, increíble. Y yo a Fernando siempre le decía, porque después había una nota donde decía que yo era el único jugador de la liga ACB en ese momento, en 2010, que había ganado dos finales y no había perdido ningún partido de las finales. Porque yo gané la liga con Unicaja e hicimos un 3-0 al Tau, y ahora esta liga hicimos un 3-0 al Barça. Y claro, de los seis partidos, no perdí ninguno. Y yo a Fernando le decía: por esa bartola que metiste ahí (risas), de 2+1, me han sacado el récord. Pero la verdad que era espectacular.

P. Tras cerrar etapa en Baskonia vives un periodo extraño, porque te marchas a jugar la liga local en Argentina, y poco después sí que regresas de nuevo al alto nivel con Atenas, ¿cómo vives tú estos contrastes a nivel competitivo? ¿O simplemente querías seguir jugando y ya?

R. No, bueno, yo en realidad cuando ficho por Caja Laboral, lo hago por cuatro temporadas. Lo que pasa que, juego la primera, y después en la segunda, ellos manifiestan que tienen problemas económicos y hay que reformar el contrato. Yo no estaba de acuerdo, entonces decidimos llegar a un acuerdo económico, en primer lugar, para irme a otro club, y luego al final me voy a Argentina, cuando pasa toda esta movida, y como durante tantos años jugué en el extranjero, fuera de mi ciudad y demás, y quería disfrutar un poco de la vida que había por ahí. No había disfrutado en su momento, con mis amigos y gente de la ciudad y demás, decidí quedarme en Argentina, en principio, por una temporada y después, al final, pasaron tres.

Estuve tres años alejado del basket profesional, aunque sí es verdad que en mitad de ese periplo jugué un torneo local en mi ciudad, que fue en el equipo en el que empecé, que hacía 13 años que no ganaba la liga. Un equipo de chicos muy jovencitos, que bueno, empecé entrenando como para divertirme y, al final, se sumó otro chico más de refuerzo, la estuvimos peleando y al final terminamos consiguiendo un campeonato increíble. De esos duros, duros, duros, que los árbitros no te perdonan nada. Complicado, pero acabamos saliendo campeones.

Y en ese periodo también me estuve haciendo la casa, estuve casi dos años en construcción, entretenido con eso. Y cuando terminé la casa, otra vez lo mismo, no sabía qué hacer, y volví a jugar en Atenas de Córdoba. Y ahí vuelvo al profesionalismo. Pero más que nada vuelvo a Atenas porque yo conocía a los dirigentes, me llamaban constantemente, es un lugar donde siempre me sentí cómodo. Yo en Córdoba jugué cuatro años y es una ciudad que conozco muy bien. Vuelvo tras tres años inactivo, lo que pasa que vuelvo, supuestamente, como refuerzo por así decirlo, y termino siendo MVP de la liga y jugando a un nivel alto, y gracias a esa campaña en Atenas de Córdoba, me ficha al Flamengo de Brasil. Pero de venir tres años sin jugar y prácticamente retirarme, me surge volver a jugar a Córdoba y ahí despunto. Es más, no solamente ficho por el Flamengo, sino que me llaman de la selección argentina y me voy a jugar el Mundial de España.

P. En 2014, correcto.

R. O sea que es una cosa un poco extraña la que pasó ahí en mi carrera.

P. Es verdad, con 33 o 34 años, que muchos jugadores ya están de vuelta, y a ti te quedaban todavía ganas de ganar, y lo hiciste, como dices, en Brasil en 2014 y de nuevo en Argentina en 2015.

R. Sí, pero, de hecho, yo cuando ficho en Brasil, no estaba tan convencido de fichar, pero termino haciéndolo porque con Flamengo se jugaba la Copa Intercontinental, que era la final mundial de clubes. Entonces, para mí era un premio que no tenía, que quería conseguir. Estaba Nico Laprovittola jugando en ese momento en Río, y bueno, hablo con él y me dice: vente, que está súper bien, el club está muy bien, la ciudad es hermosa. Y la verdad que fui y a los 20 días que llegué, o al mes, le ganamos a Maccabi la final. Nosotros éramos campeones de América, el Maccabi campeón de Europa. Y bueno, jugamos al mejor de dos partidos. El primero perdimos por uno o dos puntos y el segundo lo ganamos por cuatro o cinco y salimos campeones.

Y bueno, al siguiente año vuelvo a Argentina, pero también pasan cosas raras, porque yo era muy fanático de San Lorenzo de Almagro, de fútbol. Yo no soy muy futbolero, pero toda mi familia es de San Lorenzo. Y justo surge que un presentador de televisión, muy conocido en Argentina, Marcelo Tinelli, compra el club, arma la liga y quiere jugar Liga Nacional. Compró la plaza de un equipo que había ascendido y me llama para ser parte de ese equipo. Y yo digo que sí automáticamente porque, claro, nunca me imaginé que San Lorenzo iba a tener baloncesto. Después, el primer año lo arman con un equipo relativamente modesto, nos costó un montonazo el campeonato, pero salimos campeones igual. Al año siguiente ya armaron un súper equipo y durante tres, cuatro o cinco años, ganaron casi todo. Económicamente era muy fuerte. Después, esta persona deja de poner dinero y otra vez cae como pasa en muchos lugares. Pero la verdad es que, para mí, jugar en San Lorenzo fue increíble, fue un año fantástico y después jugar en Buenos Aires, que no había jugado nunca. Una ciudad para mí gusto muy grande, y pensé que no me iba a adaptar, pero lo pasé súper bien.

He conocido a Maradona o a Mohamed Alí, pero lo que sentí al saludar a Jordan no es comparable

P. Ahora sí que vamos a hacer un aparte referente a la selección. Aquí en España sí que se conoce muy bien la historia de la generación del 80, desde categorías inferiores y demás. Respecto a la 'Generación Dorada', es verdad que muchos sois de años distintos, ¿había relación ya desde chicos o eso se forja en la absoluta?

R. No, bueno, en mi caso personal, yo no fui a ninguna selección de júnior. Yo debuté en el año 99 en la absoluta. Algunos de ellos sí que se conocían de inferiores, otros no, pero sí es verdad que el trabajo empezó desde el año 96 o 97 con algunos de ellos que al final fueron campeones olímpicos, algunos que se estaban retirando, y luego, de a poquito, nos fuimos involucrando jugadores nuevos. Pero era una generación que del 95 al 96 empezó a trabajar fuerte, coronándose casi en 2002 cuando perdemos la final con Serbia. Ya después hacemos los Juegos Olímpicos en 2004 y veníamos con una camada de jugadores increíble, veníamos jugando a un nivel altísimo.

Carlitos Delfino y yo nos incorporamos en 2004 porque, entonces estaban Palladino y Lucas Victoriano en la selección, y nosotros jugamos un Sudamericano con Argentina, salimos campeones de Sudamérica. Yo recuerdo que en la final metí 37 puntos, Carlitos 25 o así. Hicimos un partido increíble, y cuando fuimos a la preselección, era muy difícil sacarnos. Entonces, ahí conseguimos nuestros dos lugares y fuimos a una selección que llevaba muchos años, muchos de júnior, desde el 98 o 99 en la selección argentina, y son muchos años de trabajar. Si bien no estábamos en la selección, pero sí nos enfrentábamos en clubes. Y teníamos un nivel muy alto todos. Al final, una generación que todos coincidieron en edades parecidas, en niveles parecidos y por eso ganamos lo que ganamos.

P. ¿Qué recuerdos te vienen de ese año 2004?

R. Los recuerdos son imborrables. Pero ya te digo, fue una cosa rarísima, porque nosotros ganamos el Sudamericano y lo ganamos en Brasil después de 67 años que no se ganaba en Brasil una final. Fue una locura. Y si vos me decís que me quede con algunas imágenes, para mí es cuando te ponen la medalla olímpica. Una imagen muy buena que me queda grabada de verla, es cuando suben las tres banderas, que sube primero la argentina, y después Italia y Estados Unidos. Y dices: estamos arriba del todo. Son momentos que te quedan. Y, de hecho, en mi casa acá en Málaga, tengo la pelota de oro que nos dan por ser campeones olímpicos y la corona de laureles que me pusieron en ese momento, la tengo en mi casa. Como está, la metí en una bolsita y la llevé a mi casa y la tengo ahí de decoración. Si tengo que imaginar momentos, son esos. Cuando ganamos la medalla de oro que es una sensación rara.

P. En lo colectivo, un éxito total, en lo individual fue un poco extraño. Tuviste dos grandes partidos con Grecia en cuartos y Estados Unidos en semifinales, y no apareciste en la final.

R. En el torneo yo sabía que no iba a tener muchos minutos, esa es la realidad. Lo que pasa que yo arranqué el torneo prácticamente sin jugar, pero aun sabiendo que no iba a jugar, yo estaba entrenando ya para el año siguiente con Unicaja. No es que voy y como sé que no voy a jugar, no hago nada, yo pensaba ya en el año siguiente. ¿Qué pasa? Cuartos de final con Grecia, el partido complicadísimo, parecía que lo perdíamos. En el momento que me llama el entrenador yo ya sabía que lo daba por perdido, porque venía sin jugar. Y tengo la fortuna que entro, el equipo se revoluciona y meto un par de canastas, rebotes, lo que sea, y ya se activa y ganamos. Encima contra 20.000 griegos, imagínate el infierno que era el pabellón ese.

Y al partido siguiente, con Estados Unidos, lo mismo. Empieza el partido y tengo mucha participación. Y después en la final no juego, pero el nivel, vuelvo a decirte lo mismo de antes. Yo trabajo para ser mejor yo. No juego la final, pero cuando tú eres campeón olímpico, en ese momento mis imágenes son esas. Conseguir la medalla. De hecho, el partido con Italia se complica un poco al principio y se gana al final, pero nosotros pensábamos que lo íbamos a ganar de calle. Lo que pasa que era una final olímpica. Pero los fuertes, fuertes, eran Estados Unidos y obviamente España, lo que pasa que Estados Unidos elimina a España y ahí decimos nosotros: solamente es Estados Unidos y ya está. Pero bueno, mi participación yo creo ya más o menos sabía mi rol, pero tuve la fortuna de que entré con Grecia, con Estados Unidos. Entonces la gente recuerda mucho esas acciones.

P. ¿Cómo fue la relación con Magnano?

R. La relación siempre fue normal, como cualquier entrenador. Lo que pasa es que, en el último partido, el problema que tuve yo con él, fue que antes del partido, se me acerca un integrante del cuerpo técnico y me dice: mira, hoy nos vas a jugar porque el asistente le dijo a Magnano que vos hiciste mal la entrada en calor, que te estabas peinando y no sé qué. Yo en ese momento no le creía que me había dicho eso, y cuando pasó el primer tiempo y no jugué, ya dije: va a ser cosa de que es verdad. Y cuando terminó el partido y no jugué, ahí se me salió la cadena porque es normal. Si no me pones por una pavada que te dijo el asistente, y por eso la relación ahora es mala. No tengo relación.

Si me hubiese enfadado por no jugar, entonces imagínate cada vez que voy a un equipo y no te ponen, te enfadas con todos los entrenadores (risas). Eso fue un enfado personal, por algo personal, no por una acción del juego.

P. Dos años después, lo comentábamos al principio, llega el Mundial de Japón. España era uno de los favoritos, pero vosotros, como vigentes campeones olímpicos, también. Cómo hubiera cambiado la historia ese triple de Nocioni.

R. Hubiese cambiado la vida de todo el mundo porque ahora seríamos campeones del mundo también. Pero mira, son partidos, son circunstancias del juego, yo estoy convencido de que, si ese triple lo tira Nocioni, lo tira Ginobili o lo tire quien lo tire, no iba a entrar, porque le tocaba a España y ya está. No tenemos mucho más que agregar, lo que pasa que, si es verdad que, después, cuando jugamos el tercer puesto con Estados Unidos, estábamos desarmados. Estábamos hundidos, no queríamos saber nada y nos ganó muy bien el equipo de Estados Unidos. Pero es verdad que, si hubiésemos estado un poco mejor, le hubiésemos hecho mucho más partido. No sé si ganarle, pero un partido un poco como el que tuvimos en los Juegos. Pero nos gana España y nos derrumbó y ya después nos faltó fuerza para luchar por el tercer puesto.

P. ¿Cómo se ha vivido esa rivalidad de generaciones con España? Las dos mejores de la historia de cada país.

R. Se vivió con mucha intensidad. Durísima fue, porque España nos había agarrado en su momento la mano y no podíamos ganar. En la era Gasol nosotros no sé si ganamos un par de partidos, pero más que eso creo que no le ganamos a España. La verdad que jugaban perfecto. Cada vez que jugaban con nosotros sabían cómo atacarnos, cómo defendernos, nos hacían la vida imposible. 

De hecho, en los Juegos Olímpicos, cuando Marbury, me acuerdo de él porque fue el que le ganó el partido a España. Me acuerdo que terminó ese partido y les decía a los chicos: somos campeones. A Estados Unidos le ganamos. A España no le ganamos ni en pedo, porque, en realidad, tenían un equipazo. Habíamos jugado un partido amistoso 20 días antes y nos ganaron por 20. No teníamos forma de ganarle.

La Generación Dorada se vendió mal

P. En grupos creo recordar que estabais con España y queda España primera.

R. Claro, lo que pasa que luego se cruzan los grupos y a España le toca Estados Unidos. Pero no le podíamos ganar, nos tenían el tiempo tomado. Y cuando quedó eliminado, dijimos ya está. Había que ganarle al Dream Team, pero como que era un equipo nuevo y no jugaron tan bien como con España. Y de hecho, en Japón, cuando Chapu falló el triple, ese partido creo que fue el partido más parejo que le hicimos a España en muchísimo tiempo.

P. Aquí, ese Mundial de Saitama sí que cambió totalmente la mentalidad del aficionado, y supuso un boom para el baloncesto español. Fue la primera piedra de todo lo que después iba a sembrar esta generación. En vuestro caso, ¿ha sido así? ¿Notas que vuestros éxitos hayan repercutido en el baloncesto argentino?

R. Yo creo que, para mi forma de ver, se vendió mal la 'Generación Dorada'. Me parece que, en ese momento, la directiva de turno, o la prensa de turno, creo que nosotros mismos como equipo, creo que no supimos vender bien ese producto. Me parece que se perdió muchísimo. Podíamos haber hecho mucho más por el baloncesto de Argentina y creo que se perdió mucho por eso. No se explotó el Ginobili que estaba en San Antonio, nosotros que estábamos a un nivel altísimo. Ya te digo, no es culpar a uno, porque fue un poco de todo. Se podría haber vendido mucho mejor.

Después de la 'Generación Dorada', más allá de que sigue habiendo jugadores buenos dando vueltas y jugando a un nivel alto, creo que podríamos haber mejorado el baloncesto argentino mucho más de lo que se mejoró. 

P. Es llamativo que no se desarrolle allí, cuando siguen saliendo buenos jugadores. En 2019 disputáis una final del Mundial.

R. Hay buenos jugadores, pero también hay una realidad. Nosotros, cuando nos desarrollamos allí en Argentina, la moneda no es la de ahora, entonces como los extranjeros que iban a jugar, tenían un nivel alto, el nivel te lo da la competencia. O eras bueno o no jugabas. Entonces, vos mismo mejorabas. Hoy en día, como los jugadores extranjeros que vienen son muy baratos, y los jugadores argentinos que despuntan se van a cualquier liga de cualquier país, ya sea Centroamérica, no es que busquen la ACB para jugar. Entonces, como el nivel te lo da la competencia, si los jugadores no van a buenas ligas, no se desarrollan del todo.

Y tenemos la otra, que eso ya no es culpa de nadie, no nos aparece una torre de 2,10 o 2,15. Algún pívot grande que sea un poco más determinante ahí abajo, no tenemos más nada. Entonces, nosotros nunca tuvimos un 2,15, pero sí había un Wolkowyski, un Oberto, que eran jugadores altos. En épocas anteriores estaba un Diego Osella, que es de los jugadores más altos que han surgido, y bueno más o menos estábamos a un nivel alto de jugadores. Nos seguiría faltando eso. Y bueno, es vox pópuli, pero Argentina no va a nacionalizar a nadie que no sea argentino (risas), entonces, tendremos que seguir esperando.

P. Vamos llegando ya al final. El campus de UCB es el motivo que te ha traído aquí, ¿habías estado antes en Córdoba?

R. No, en Córdoba nunca. Lo conocía obviamente por vivir en España, por las noticias, ver imágenes, pero primera vez que vengo.

P. ¿Has tenido tiempo de ver algo?

R. Prácticamente nada. Llegamos ayer por la tarde (por el lunes), fuimos acá al centro a tomar unas tapitas y hoy por la mañana desde muy temprano y esta tarde estamos con los más chiquitos. Mañana por la tarde seguramente hagamos un recorrido. 

Hay que enseñar a los chicos que ganar y perder no es lo mismo

P. Lo hemos hablado un poco antes, que has enfocado ahora más una parte profesional de tu vida hacia eso, la formación, con muchos campus. Es otra satisfacción diferente, imagino, la de enseñar.

R. A mí me llena muchísimo el solo hecho de que algún chico, cuando termina el campus, me diga: me gustó hacer este ejercicio, me gustó este movimiento que no lo hacía. Yo siempre digo lo mismo. Son tres días de campus, pero después tienen que seguir trabajando en sus clubes con sus profes. Nosotros estamos tres. A mí me llena muchísimo decir: hay un chico que tiraba de una manera y ahora tira diferente, o pensaba una forma de salir un bloqueo y ahora la corrige. Con mejorar pequeñas cositas ya con eso me doy por hecho.

A mí me gusta mucho trabajar con los chicos por eso, porque creo que les hace falta, en gran parte, muchísima atención, y muchas veces la verdad que la práctica del baloncesto hoy en día se ha volcado mucho a tener un balón y que hagan partido, y yo soy muy de los fundamentos. Me gusta estar encima, jugador por jugador, y luego yo tengo una forma de ver el baloncesto que, seas jugador o jugadora, da exactamente lo mismo porque yo lo enseño igual. Para mí el baloncesto es uno solo y yo lo disfruto muchísimo.

P. Otro debate en el que te he visto que te has querido mojar es en esa línea tan fina entre jugar para ganar y jugar para divertirse.

R. Hay una cosa que está clara. Vos tenés que jugar para divertirte, eso no hay duda. Ahora, tú cómo te diviertes. Esa es la pregunta. El niño cómo se divierte, ¿ganando o perdiendo? Porque cuando pierdes tres o cuatro partidos, los chicos no quieren jugar más. Entonces, está bueno que se diviertan, pero que sepan que no es lo mismo ganar que perder. Muchas veces las discusiones son esas. No, se tienen que divertir, y pierdes el foco. Eso está descartado, sí se tienen que divertir, pero después los tienes que enseñar a ganar y perder. No puede ser que el chico pierde y diga: nah, está perfecto. No, no está perfecto. Perdiste. Cuando perdés es una cosa, cuando ganás es otra.

A mí me gusta enseñarles que sepan que ganar no es lo mismo que perder. Divertirse tienen que divertirse. Muchas veces, con mi hijo, cuando me dice: no, papá, vos decís estas cosas y el profe me dice que hay que divertirse. Sí, pero cuando jugamos a las cartas en casa, si vos perdés, no te diviertes, y yo me divierto porque gané. Entonces, hay que divertirse para ganar, si toca perder, hay que saber perder, pero hay que saber que ganar y perder no es lo mismo. Muchas veces dicen: no, da igual, perdimos, ¿pero se divirtieron? Sí, está perfecto. No está perfecto. Te divertiste, muy bien, pero intenta en la próxima ganar. Es una línea muy delgada, pero a mí me gusta marcarla porque para mí no es lo mismo.

P. Para acabar, recientemente te has sacado el curso de nivel 1 de entrenador. ¿Te planteas o te gustaría regresar al primer nivel de nuevo, aunque en otra faceta como la de entrenador?

R. De momento no lo tengo pensado. El tema del curso, básicamente, me lo saqué porque, ya que estoy enseñando, y haciendo clinics de baloncesto, pensaba que el título de entrenador me lo tenía que sacar. Y bueno, muchas cosas yo lo he hecho y te diría que el 95% o 97% del curso son cosas que nosotros ya hemos vivido, y no es que me haya aportado nada significativo. Pero sí es verdad que hay un pequeño porcentaje, por ejemplo, la parte pedagógica con los más chicos, que es importante porque uno muchas veces está acostumbrado a tratar con jugadores profesionales o de su edad, y con los más chiquitos tienes que dirigirte de una manera diferente, el tema de la motivación.

Y ya te digo, es importante tener una titulación, más que nada para que después no se diga: en realidad fue jugador, pero no es entrenador. Entonces, es mejor directamente formarse. El saber no ocupar lugar. A mí me vino bien y próximamente arrancaré el segundo escalón. 

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