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Sara Rodríguez: “Córdoba está muy lejos de llegar a ser una ciudad accesible”

Sara Rodríguez, presidenta de Fepamic | ÁLEX GALLEGOS

Alfonso Alba

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Durante más de una hora de entrevista, es imposible saber que Sara Rodríguez tiene perdido el 90% del oído. Es una barrera que no existe entre la entrevistada y el periodista, que va disparando sus preguntas con total normalidad, inconsciente de que la presidenta de Fepamic le está leyendo los labios.

Sara Rodríguez perdió la audición a los dos años, cuando vivía en el País Vasco. Hace cuarenta años, el País Vasco era uno de los pocos lugares adaptados para que los niños sordos pudieran seguir las clases con relativa normalidad. Entre eso y gracias a una madre profesora, Sara rompió barreras y se convirtió en una de las pocas discapacitadas en sacarse una carrera, lo que le llevó directamente a Fepamic.

Sara Rodríguez ha sido durante muchos años la gerente de la residencia de Fepamic y desde hace cuatro preside la federación, tras suceder al histórico Antonio Hermoso. Ahora, desde la dirección de Fepamic afronta nuevos retos. Poco a poco se van superando barreras, pero sigue quedando mucho por hacer. Lo principal, que las más de 6.000 personas con discapacidad de Córdoba y provincia tengan una oportunidad para trabajar.

Mi madre siempre me lo decía: nunca dependas de nadie

PREGUNTA. Sara. Cuéntanos tu historia y cómo has llegado hasta la presidencia de Fepamic.

RESPUESTA. Nací en el País Vasco. Soy hija de inmigrantes extremeños. Mi madre es profesora. Allí me quedé sorda. El hecho de que naciera en el País Vasco supuso que en cuanto a la discapacidad, avanzara. Hace 41 años, Extremadura no me podía ofrecer lo que me dio el País Vasco. Extremadura para mí es mi tierra. Soy cacereña. Me crié allí. Estudié Empresariales en Cáceres. Bueno, las personas con discapacidad solemos estar bastante sobreprotegidas por la familia. Yo quería probar a valerme por mí misma. Es verdad que mis padres siempre han procurado que yo fuese una mujer autosuficiente y autónoma. Mi madre siempre me lo decía: nunca dependas de nadie. Mi madre fue una mujer que empezó a estudiar tarde y eso siempre lo ha tenido muy claro: no dependas nunca de nadie y depende siempre de ti. Pero aún así estaba en casa. Entonces le dije a mi madre: quiero estudiar la carrera superior fuera. Como entonces conocía a un cordobés, ella me dijo que prefería que me viniese a Córdoba antes que a otra ciudad donde no conocía a nadie. Por ahí hicimos la negociación y bueno, pues, conocí ETEA. ETEA para mí supuso también un un avance muy positivo porque yo estaba acostumbrada a copiar los apuntes del compañero. O me centraba en copiar los apuntes o en atender la clase. Empresariales no la llegué a disfrutar. Lo único que hacía era enterarme de los apuntes que copiaba. En ETEA sin embargo me enteré que los apuntes ya estaban fotocopiados antes de la clase. Para mí fue la primera vez que empecé a disfrutar de una clase. Por lo menos, escuchaba al profesor. Y me permitía ir al mismo ritmo del resto, y no tener que enterarme un mes o dos después de lo que en aquella clase se había dicho. Ahí empecé a disfrutar de la carrera. Pensaba que al terminarla me volvería a mi casa, a Cáceres. Pero me llamaron de Fepamic. Entonces, no se encontraban personas tituladas, de Grado Medio y de Grado Superior menos que tuvieran discapacidad. Preguntaron directamente si había alguna licenciada con discapacidad. Dijeron que sí, que había una chica que se iba a ir. En Fepamic me hicieron una entrevista y me dijeron que si podía empezar al día siguiente. Y le dije que vale. Cuando llevaba una semana o diez días, vi otra realidad que yo no conocía. Le dije a mi madre que me había sobreprotegido demasiado y que no había conocido la verdadera realidad. Yo tengo discapacidad, pero la discapacidad que me estoy encontrando aún es más dura. Le dije a mi madre que me volvía. Pero después, tuve otra experiencia que fue la que me marcó de por vida. Era un usuario en la unidad de día, que tuvo una complicación médica. Él tenía la costumbre de venir todos los días a darnos los buenos días, despacho por despacho. Nos habíamos acostumbrado tanto a su buenos días que cuando me faltó lo eché en falta. Pensábamos que ya no iba a volver. Pero cuando volvió, que ya estaba muy mal, lo primero que hizo fue venir a darnos los buenos días. Intentó con todo su esfuerzo ponerse de pie, diciendo aquí estoy y estoy bien. Aquello me hizo un clic. El esfuerzo que le ha supuesto a esta persona llegar a su meta, que era dar los buenos días. Así que aquello me hizo clic y dije que tenía que hacer algo. Llamé a mi madre y le dije que no volvía. Siempre con la intención de seguir viendo algo más, no de durar para siempre. Pero al final llevo aquí 18 años.

La familia sobreprotege mucho pensando en que a su hijo o a su hija no le van a dar una oportunidad

P. ¿Sigue teniendo dificultad Fepamic para encontrar licenciados?

R. Afortunadamente no. Llevamos unos tres y cuatro años que diplomados y licenciados se van encontrando. Pocos. Ahora el problema es por la demanda del perfil. Antes era cualquiera que estuviese licenciado o diplomado. Ahora tenemos que ir al perfil concreto. Pero cada vez más los jóvenes discapacitados tienen más acceso a la formación. O los padres tienen mayor mentalización en el sentido de que los chavales pueden formarse y tener un futuro trabajando.

P. No todas las barreras son físicas. Muchas veces son también familiares.

R. La familia sobreprotege mucho pensando en que a su hijo o a su hija no le van a dar una oportunidad. Por eso es mejor tenerlo en casa bien cuidado. Eso pasa mucho en el mundo rural. Luego también está la accesibilidad, la movilidad y el transporte. Tienen como añadido ese problema. Luego además es un problema de recursos. Que hay que irse a estudiar fuera. Yo estuve interna en un colegio de monjas. Si no me hubieran facilitado según qué adaptaciones... Una persona con movilidad reducida o una discapacidad intelectual tiene que buscar recursos para seguir estudiando. Afortunadamente, las adaptaciones que yo tenía en la residencia era que mi compañera me despertaba todas las mañanas. Cuando sonaba la música, pues ella me encendía la luz. Y cuando teníamos pruebas de inglés era difícil. Yo la radio no la escuchaba. En clase era siempre la primera y si las compañeras hablaban intentaban ponerse delante para que yo las escuchara. Eso estaba muy normalizado en las clases a las que iba. Pero también porque mi madre, que ha sido profesora, me ha machacado mucho de lo que yo tenía que hacer en mi entorno. Por eso yo iba por delante diciendo lo que tenía que hacer ese entorno. A algunos les ha costado más y a otros menos.

Los padres necesitan el empujón de ver que es posible

P. Es curioso lo de las barreras familiares. Hace 20 años entiendo que eran más grandes. Y el resto de barreras, que desde que entraste hasta ahora incluso la propia normativa ha derribado bastantes.

R. Ha cambiado mucho. Mi madre cuenta el ejemplo de cuando yo empecé a hablar. Yo tengo el 90% del oído perdido. Aunque no lo parezca, tengo muy poco resto. Gracias a los audífonos y porque utilizo mucho la labiolectura apenas se nota. Cuando mi madre hablaba de su hija, los padres de otros niños sordos decían que necesitaban conocerme porque no se creían lo que le estaba contando. El ver el ejemplo de que yo estaba estudiando, de que les hablaba, de que les explicaba mi caso, les abría la esperanza a esos padres, que decían, y porqué no va a poder mi hijo. Los padres necesitan ese empujón de saber que es posible. Aparte, hay que dar recursos. Cuando yo me quedé sorda en el País Vasco el profesor ya tenía un micrófono colgado para que yo pudiera escuchar. Esos recursos no los había en Extremadura. Si lo pedían, lo pedían. Pero en el País Vasco estaba tan normalizado que ya estaban preparados incluso antes de que yo llegase. Eso es lo que esos 20 años de retraso ahora no existen. Mi sobrina tiene cinco años y está aprendiendo la lengua de signos porque tienen un compañero que es sordo.

Escucho pero me siento más a gusto con la labiolectura

P. Esa es la integración total.

R. Exactamente. Están aprendiendo los demás para que el niño se integre. Fíjate la evolución. Al final va a ser ella la que me va a enseñar a mí el lenguaje de signos. Es alucinante. Ese es el salto necesario. Como su tita no escucha, a ella le chocaba y decía, mi tita sí habla.

P. A mí me estás leyendo los labios más que escuchar las preguntas que te hago.

R. Sí.

P. Es que no se nota.

R. Yo te escucho. Pero estoy tan acostumbrada a defenderme con la labiolectura que a lo mejor es como lo del ojo vago, que te tienen que poner un parche para que el otro ojo lo fuerces. Escucho pero me siento más a gusto con la labiolectura. Y gracias a los audífonos también. Cada vez hay más avances. Los audífonos ahora son digitales y se adaptan a según qué ambiente. Tengo distintos programas que dependiendo del entorno en el que esté, si estoy en un bar, en un restaurante o en un parque, puedo modular el ruido del entorno. Eso me facilita que el sonido se centre en la conversación que estoy manteniendo. Eso antes era impensable. Esos avances nos ayudan bastante.

P. La tecnología está ayudando mucho a los discapacitados para lograr la normalización absoluta.

R. Totalmente. Yo me acuerdo que cada vez que he cambiado de audífono he descubierto sonidos nuevos. La vez anterior a estos estrené por vez primera unos audífonos digitales. Ahí sí que me di cuenta de que tenía una voz de pito. (Risas) Había sonidos que desconocía. En el propio despacho del otorrino cuando me estaba probando el audífono ya preguntaba: ¿eso qué es? Y no sabía explicarlo. Escuchaba un sonido y no sabíamos qué era. El hombre venga dar vueltas y a probarlo todo hasta que descubrimos que era el clic clic del ratón. Para mí eso era inexistente. Eso jamás lo había escuchado. Por cosas como esta ahora entendía porque a algunos le molestaba cuando ya hacía algunos ruidos. Yo soy muy nerviosa y hago así. (Toca el tacón con el suelo). Yo no escuchaba ese sonido y no sabía que molestaba tanto. Cuando salí a la calle con el audífono nuevo pasó un autobús. Y escuché el engranaje del autobús. Yo no sabía qué era eso. El primer mes me dolía la cabeza casi todos los días. Es que todos los días descubría un sonido, como el de los pájaros. Yo nunca había escuchado a los pájaros cantar.

Cada vez que he cambiado de audífono he descubierto sonidos nuevos

P. Nunca.

R. Nunca, nunca. De hecho yo duermo muy bien. Afortunadamente me quito el audífono y tengo el silencio total, para estudiar, para leer. Y así tengo mis momentos de silencio. Hay que buscarle el lado positivo a las cosas. De hecho me dijeron que si quería hacerme el implante y yo les dije que no. Yo me defendía ya bastante bien y quería seguir disfrutando de mis momentos de silencio.

Nunca había escuchado a los pájaros cantar

P. Bueno, eso es una libertad.

R. Totalmente. Por ejemplo, los mosquitos. Yo no los oigo cuando por la noche molestan tanto. Pero la verdad es que cuando estrené los audífonos fue emocionante. También porque los detalles y la relación con mis familiares y amigos cambiaron. Incluso cuando llamaron al timbre por primera vez pegué un bote en el sofá diciendo esto qué es. Ahora voy ajustando los sonidos más cercanos a según cómo los oís vosotros. Ya me voy acercando más y os voy conociendo más. Por eso, la tecnología es fundamental. También para las personas que tienen prótesis, las nuevas sillas, la adaptación de la vivienda... todo. ¡La ciudad! Una parada del autobús para personas con discapacidad visual que se adaptan. Ahora mismo por ejemplo tienen un código para que las personas que no ven sepan cuándo va a venir el siguiente autobús. O ir al cine también. Para mí cambió muchísimo. Por eso me fijo tanto en la expresión de las personas. Yo no escuchaba tanto. Yo miraba cómo se emocionaban o cómo se enfadaban. Ese cambio me ha hecho conocer a las personas de otra manera.

Algo estaremos haciendo bien cuando estamos creciendo tanto

P. A través del lenguaje no verbal.

R. Exactamente. Yo me centraba mucho en eso. Según he ido escuchando más he ido equilibrando el oído y la vista. Pero me sigo centrando en el lenguaje no verbal.

P. Es como ese sexto sentido de los discapacitados. De los ciegos se dice que tienen un oído superior al resto porque lo han trabajado más.

R. Tenemos 13 fisioterapeutas que son ciegos o que tienen un resto visual y son especiales. El tacto lo desarrollan de una manera que sus sesiones son diferentes. Tiene un valor añadido que el que lo prueba lo nota. Algunos beneficios nos dan.

P. Lo recomiendas por experiencia.

R. Desde luego. No necesitamos hacernos promoción. El que lo prueba repite. Son diferentes. Me pasó a mí y le pasa a cualquiera.

P. ¿Cuántos trabajadores tiene ahora mismo Fepamic?

R. A fecha de hoy no sabría decirte. En torno a los 800, de los que el 90% tiene discapacidad. Estamos en Málaga, en Córdoba, en Huelva un poquito, también en Jaén y algún compañero en Sevilla.

P. Si habláramos de empresas sería una de las mayores de Córdoba.

R. Bueno, somos cinco empresas. 800 trabajadores es un volumen importante. Pero el número para nosotros no importa. La clave es que ahora mismo esas 800 personas tienen empleo. Pero para nosotros lo importante es la bolsa de empleo que tenemos, de 6.000 personas. A lo mejor mañana somos 400, pero lo importante es que los otros 400 que se han ido ya tienen un trabajo. Pero lo que nos falta son aquellos que aún no han tenido una oportunidad. Te insisto. El número es importante. Parece que si no eres un número grande, no se fijan en ti. Ese número nos ha abierto la puerta para poder meter nuestra reivindicación, nuestra lucha y nuestra pelea en foros. Algo estaremos haciendo bien cuando estamos creciendo tanto. Pero no nos sirve para decir qué grandes somos. No. Queremos seguir trabajando y dando oportunidades. Tenemos que pensar en los 6.000 que están todavía en la bolsa.

En Córdoba y provincia tenemos más de 6.000 personas con discapacidad sin trabajo

P. 6.000 personas en bolsa significa que el nivel de desempleo en el mundo de la discapacidad en Córdoba sigue siendo muy alto.

R. Es muy alto, muy alto. Siempre si lo comparas con cualquier otro colectivo, habrá entre seis y diez puntos de más de paro entre los discapacitados. En Córdoba sin tener discapacidad no encuentras empleo, si se la añadimos la complicación es total. Y si encima es mujer y las posibilidades de conciliar no son fáciles pues todo se complica aún más. Efectivamente, en Córdoba y provincia tenemos más de 6.000 personas sin trabajo. Además, con esas barreras históricas muchas de ellas no están formadas. Más del 70% carecen de formación. Esa es una barrera difícil de romper. Y nos lleva mucho tiempo. Por eso nos centramos tanto en la formación. Lo hemos venido haciendo a través del empleo, que era la mejor manera de enseñarles. Ahora con este ritmo tan vertiginoso que exigen los profesionales tenemos que hacerlo a través de nuestro centro de formación. Lo hemos tenido que crear. Si íbamos al ritmo en que las personas con discapacidad se iban formando no las íbamos a poder contratar. Al final hemos tenido que dar un pasito y darles un poquito de ayuda. Entre que no tienen dinero para formarse, y en que si lo hacen se preguntan para qué si nadie le va a dar una oportunidad, se creaba un círculo vicioso. Así que nos dimos cuenta de que teníamos que formarlos. Ante ello nos homologamos y tenemos 23 certificaciones profesionales. Estamos formando desde el inicio. Para acceder a cualquier actividad profesional tienes que tener los estudios básicos. Hemos homologado las competencias clave para hacer el itinerario completo, desde ahí hasta la formación profesional, las prácticas y el empleo. Así ya es más fácil. Pero claro, requiere más tiempo. Al final conseguiremos el objetivo.

El 70% de los discapacitados sin trabajo carece de formación

P. ¿A cuántas personas formáis al año?

R. Ahora mismo no sabría decirte, no conozco la estadística concreta. Con el centro de formación llevamos dos años. Externamente habremos formado ya a 100 personas. Son pocas. Estamos empezando. En 2020 empezaremos otro curso que a corto plazo serán 30 personas. A los que hemos formado estos años son a las personas de difícil inserción laboral, con una discapacidad aún mayor. Muchos de ellos ya tienen empleo. Eso ya nos dice algo. Hay algunos que están trabajando en otras residencias o en otros puestos. Hay otros que se han sacado el carnet de conducir, que no deja de ser un recursos económico que no tiene la familia. A través de becas de la Fundación ONCE y de la Fundación Fepamic hemos conseguido que esos chavales tengan el carnet de conducir y tengan una barrera menos para el currículum.

El trabajador al ver que una persona le ha ofrecido una oportunidad que siempre le han negado tiene tal motivación, tiene tal capacidad de trabajo, que sorprende al empresario

P. En España las empresas tienen muchos beneficios fiscales a la hora de contratar a discapacitados. Pero esa barrera no se rompe.

R. Hay empresarios que desconocen esas bonificaciones. Y el que las conoce todavía tiene la duda o la incertidumbre sobre si lo que tiene que invertir es aún mayor a lo que le pueden dar. Al final es tiempo, dedicación, y eso es dinero. Pero al empresario que se le dan a conocer los recursos, al que se le ofrece un tutorizaje si es necesario, empieza a ver que no es tan complicado. El trabajador al ver que una persona le ha ofrecido una oportunidad que siempre le han negado tiene tal motivación, tiene tal capacidad de trabajo, que sorprende al empresario. Los que al final se deciden están bastante satisfechos y contentos. Al final es una cuestión de psicopedagogía. De ir diciendo: estamos, podemos y ponerlo en práctica. Poquito a poco cada vez hay más empresarios que son conscientes, bien por normativa, ya que tienen que cumplir con la responsabilidad social corporativa. Pero cada vez nos estamos encontrando con más compromiso. Aparte de que lo tienen que cumplir quieren hacerlo. Ahora estamos en un grupo de BNI con varios empresarios cordobeses y ellos forman parte de esa mentalidad. Y cada vez más nos solicitan esa colaboración y esa manera también de cumplir con la responsabilidad social corporativa.

P. Falta esa visibilidad.

R. Visibilidad, pero práctica. Se dicen muchas palabras, puede ser muy bonito, dentro de la discapacidad hay muchos grados... Bueno, pues según el grado necesitará una adaptación u otra. A lo mejor alguna necesita un tutor al lado o un asistente personal. Las administraciones también tienen que abrir la mente, ya que muchos trabajadores tendrán que ir al trabajo acompañados por alguien. Ese es otro salto que tenemos que dar.

P. Cualquier empresario puede ser un discapacitado en el futuro.

R. Exactamente.

Quizás en el futuro hará falta que alguien te contrate a ti porque de repente eres discapacitado

P. Parece que estamos perdiendo esa empatía. Nadie se pone en el lugar del otro. Cuando es que quizás en el futuro hará falta que alguien te contrate a ti porque de repente eres discapacitado.

R. La discapacidad puede ser sobrevenida. Y más ahora. Vamos a un ritmo en el que hasta la palabra ictus se está normalizando. No hay entorno en el que no se haya producido un ictus. El ictus nos puede dejar unas secuelas que nos deje una discapacidad auditiva, visual, de movilidad... Nos podemos encontrar que en el puesto en el que llevamos 20, 30 años trabajando ya no es accesible. Nos puede pasar. Y entonces es una necesidad que todo esto se normalice. Cuesta pero tendremos que ponernos en situación. Nosotros tenemos un servicio de ayuda a recuperación de ictus. Nos estamos encontrando que incluso el ictus infantil está subiendo.

P. Hace poco charlaba con gente de la Fundación ONCE y me comentaban que para ser discapacitado hay que tener suerte para nacer en un país u otro. Y que uno de los mejores países para nacer siendo discapacitado es España.

R. Te lo he dicho al comienzo de la entrevista. Estando en España había diferencias entre las comunidades. Había unas que estaban más avanzadas que otras. Afortunadamente ahora ese salto está menguando. Pero fuera también. Aunque depende de la discapacidad. En Francia, en discapacidad visual habían sido los primeros en tener fisioterapeutas invidentes con una universidad para formarlos. Fueron los primeros pero sin embargo en técnicas y en el plano de formación se habían quedado desfasados. Nosotros hemos llegado más tarde pero hemos dado el salto mejor. Y no valoramos lo que tenemos en nuestro país. Siempre hablamos de los países nórdicos, que tienen unos servicios sociales estupendos y es verdad, pero ya está. Eso en el resto de Europa no lo encontramos. Es verdad que hay ciudades más accesibles en Alemania, pero no nos encontramos situaciones como en España.

P. ¿Cómo es Córdoba de accesible a día de hoy?

R. Córdoba tiene el problema del casco histórico. La historia parece reñida con la accesibilidad. Entendemos que algo tan valioso no debe costar. Creo que es cuestión de voluntad, creatividad, compromiso y, sobre todo, dinero. El dinero es importantísimo. Córdoba está muy lejos de llegar a ser una ciudad accesible. Nos falta muchísimo. Hay barrios cada vez más accesibles. Este es un barrio bastante accesible para lo que hay (la entrevista se realiza en la sede de Fepamic), pero a Córdoba en general le falta mucho. El hecho de que nosotros estemos aquí ha hecho. Cada Corporación nos ha preguntado a la hora de hacer obras, pero falta. De hecho, siempre le decimos: preguntadnos antes de hacer una obra. Parece que hay voluntad. Pero al final la única es la de impactar inmediatamente. Se gasta el dinero inmediatamente. Pero si te paras a pensar la obra te gastas el mismo dinero o menos y no tienes que gastarte el presupuesto en una segunda obra porque la primera la has hecho mal. Pero bueno, poco a poco se van haciendo cosas. Aunque falta mucho. Tampoco es accesible la periferia. Tenemos chavales que van a la Universidad porque los llevamos nosotros en transporte adaptado. Tenemos que conseguir que los demás medios públicos que tiene el resto de chavales una persona con discapacidad también los tenga. Pero aún falta.

P. Nos falta creernos esa inversión.

R. Se piensa que es mucha inversión para una minoría, para pocas personas. No nos damos cuenta de que esa minoría no solo es para una discapacidad. Si te rompes una pierna y tienes que estar un mes en una silla de ruedas te das cuenta de que no te puedes mover por la ciudad. Te las tienes que ingeniar para ver por dónde puedes pasar. Parece que es mejor gastar el dinero donde más visión e impacto tenga. Si encima hay poco dinero, y ese poco se va a gastar no en eso. Cuesta. Pero bueno, para eso estamos nosotros. Para dar la vara.

Aquí estamos para dar la vara

P. Y falta conciencia ciudadana. Te das una vuelta por la ciudad y está llena de obstáculos, como veladores, cajas, cosas apoyadas en fachadas. Hasta los que nos sentamos en terraza que no dejamos espacio.

R. Nos damos cuenta de que se desconoce totalmente. No se paran a pensar de que una persona con un carrito de bebé tampoco pasa. No lo tienen en mente. Hay gente a la que se lo dices y te responde, bueno, cuando llegue la persona yo lo quito. Es que a lo mejor cuando llegue la persona es tarde. Cuando ve el obstáculo no se va a plantear el poder pasar. También es verdad que creo que hay que generar conciencia. Poco a poco, llevamos unos años en que nos estamos metiendo mucho en la ciudad. Nos pueden decir: ya están aquí otra vez los discapacitados. Pues sí, martillo pilón. Pero estamos aquí otra vez con este proyecto, con otra iniciativa. Hay personas que no cumplen y otros que simplemente desconocen. No tenemos que ser tan agresivos con ellos. Tenemos que darle opción a que nos conozcan. Algunos conocen y dicen, ostras, es verdad, no he caído. Otros dicen quieren ayudar y lo hacen. Hay un paso. Pero no lo tienen que hacer en plan pobrecitos. Tenemos que cambiar el lenguaje. No lo hagas por el pobrecito. Hazlo porque es un ciudadano igual que tú.

Tenemos que cambiar el lenguaje. No lo hagas por el pobrecito. Hazlo porque es un ciudadano igual que tú

P. Eso es. Es un ciudadano cordobés que tiene el mismo derecho que tú a pasar por la calle, a sentarse en una terraza o a disfrutar de la ciudad.

R. Eso. Y que a las personas nos gusta ser autónomas, decidir por nuestra cuenta por dónde ir. No tengo que estar obligada a ir por nos barrios porque por otros no puedo ir. Me están obligando a no ir a según qué sitios. La posibilidad de decidir a las personas con discapacidad nos está minada. Es muy duro, es difícil de creer pero es así.

P. Ayúdame con el lenguaje, nosotros que nos dedicamos a eso. Estoy viendo el logo de Fepamic. Es antiguo e incluye la MI que corresponde a minusválidos, un término desterrado. Nadie vale menos por tener una discapacidad. ¿Qué término tenemos que usar, porque hasta el de discapacitado empieza a ser problemático?

R. El término que el comité estatal que nos representa reconoce es el de personas con discapacidad. Es verdad que hay otros como capacidades diferentes, diversidad funcional. Pero son personas con discapacidad. Personalmente, es verdad que el lenguaje es muy importante pero para mí es aún más importante el tono con el que se diga. Una persona con discapacidad no significa que sea menos, sino que tiene una capacidad diferente, que tiene que trabajar más unos aspectos que otros. Ya está. No hay que darle más vueltas. Muchas veces digo: no te preocupes tanto si lo estás preguntando porque lo quieres hacer bien. Hay personas que por desconocimiento dice capacidades diferentes, pero llamarlo discapacitado no significa que lo mermes. El término que recoge el comité es personas con discapacidad.

El lenguaje es muy importante pero para mí es aún más importante el tono con el que se diga

P. Y volviendo al principio de la entrevista, hay personas con todas las capacidades que no las utilizan o las mal utilizan, y a la hora de la igualdad están en clara inferioridad.

R. Hace poco hicieron un reportaje en nuestro centro. Uno de nuestros usuarios lo bordó. Decía eso precisamente, me faltan las dos piernas, hay personas que lo tienen todo y son más discapacitadas que yo. Con esa frase lo decía todo: me faltan las dos piernas, el otro lo tiene todo pero él no llega a donde yo llego. Se trata de voluntad, de esfuerzo, de ímpetu y de ayuda.

P. Hay una cantidad de discapacitados que nos ayudan a los que no lo somos...

R. La discapacidad tiene muchos grados, pero las personas que no tienen familia, que están solas, que viven en un centro... tienen una realidad más difícil que la nuestra. Aún así, la alegría te la dan ellos en el día a día. Son oxígeno para nosotros. Hay veces que aquí estamos en una discusión de trabajo, me frustro, me enfado, me dio un paseo por la residencia y me dio un baño de realidad y cariño. Y me vuelvo como nueva. Necesito darme esa vuelta para desahogarme. Ellos son capaces de cambiarme el chip rápido.

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