Lourdes Mohedano: "Se puede ser feliz sin conseguir una medalla e infeliz consiguiéndola"

Entrevista N&B a la medallista olímpica Lourdes Mohedano

Conoce a la perfección el éxito, pero también la dureza del camino para alcanzarlo. En la vida, alcanzar un objetivo, sobre todo cuando es complejo, no es sencillo. Sabedora de ello, apuesta por pensar únicamente a corto plazo y crecer día a día. Lo primero es superarse a uno mismo, como bien dice ella. Y puede exponerlo como voz autorizada pues Lourdes Mohedano Sánchez de Mora (Peñarroya-Pueblonuevo, 1995) es una de las mejores deportistas españolas de todos los tiempos. Al ser así, es una de las más figuras de Córdoba en el ámbito. De hecho, para la posteridad tiene el honor de ser la primera medallista femenina de la provincia en unos Juegos Olímpicos. Todo gracias a una plata que quizá debiera haber sido oro en Río de Janeiro 2016 con la generación más brillante de la gimnasia rítmica nacional desde 1996. Pero ese metal es tan sólo el culmen de una trayectoria plagada de valiosos hitos.

A pesar de su condición de personaje relevante a nivel internacional, la joven mantiene una naturalidad asombrosa, impropia del mundo en que se ha movido. Una estrella es más luminosa cuando permanece en la autenticidad, sin contaminación alrededor. Es precisamente su entorno, su familia y seres queridos, el sostén de una mujer que con apenas 26 años afronta un desafío tan descomunal como cada uno de esos a los que se enfrentó en el tapiz: la reinserción laboral del deportista de elite. Confiesa que no es sencillo, pero por ahora resulta vencedora gracias a su enorme inquietud. Ahora tiene múltiples opciones de cara al futuro al haber estudiado TAFAD (Técnico Superior en Animación de Actividades Físicas y Deportivas) o algún que otro máster del Consejo Superior de Deportes -uno de gestión, por ejemplo- y obtenido títulos de entrenadora y jueza de competición de gimnasia rítmica.

Su principal ilusión hoy en día está en el mundo de la interpretación, para lo que también se preparó durante un trienio y no deja de hacerlo. Estudió Arte Dramático en la Escuela Juan Codina y viajó a México para profundizar en el oficio. En septiembre, desvela, realiza el rodaje de un cortometraje. Y como añadido a todo lo dicho, colabora en la pasarela como modelo cuando la llaman. Lourdes Mohedano nunca dice que no y necesita estar activa, en movimiento. Eso sí, admite que cada vez más necesita de momentos de calma, de compañía de sí misma. Vive en Madrid, pero se encuentra por unos días en su Córdoba antes de ir a la playa. Concede el destino una oportunidad a Cordópolis para compartir una larga conversación con ella, que acepta con amabilidad. Ahí está el mayor de sus triunfos, el don de la simpatía perpetua, a la que añade una sinceridad que es de agradecer. Así, con una amplia sonrisa y total transparencia, responde junto a parte del legado que otros dejaron en la ciudad, en la calle Cairuán. Historia junto a la Historia.

PREGUNTA. ¿Cómo vive una medallista olímpica unos Juegos desde la distancia?

RESPUESTA. Pues son los primeros Juegos Olímpicos que vivo desde fuera, porque en Londres y en Río pude participar en ellos, y es muy diferente. Y los de Pekín no los vi, por ejemplo. Para mí es algo nuevo y los vivo con mucha tensión. Eso de estar encima cambiando canales… Me pierdo. El otro día que quería ver sincronizada, a las rusas, digo: me voy al atletismo, veo a los españoles y estoy pendiente para cuando salgan las rusas. Me puse con el atletismo todo el rato y al cambiar, ya me las había perdido. Eso de intentar ver todos los deportes, me estresa (bromea).

 P. A ver si va a ser más estresante eso que competir.

 R. Claro. Digo: al final va a ser más fácil prepararme otros Juegos que adaptarme a esto. Estoy comentando también redes sociales, sobre todos los deportes y todo lo que puedo. Y con mucha ilusión. Es algo que como he vivido, me vienen muchos.

En mi trayectoria deportiva nunca he pensado “voy a llegar a”, sólo he disfrutado

P. Hemos empezado por el final, vayamos al principio. Tienes tres años y entras en ballet, pero enseguida dices que no, que necesitas más movimiento, y lo cambias por la gimnasia rítmica. ¿A qué se debió ese proceso? 

R. Empecé en ballet por decisión médica. Tenía los pies planos y le dijeron a mis padres que para que me saliera el puente era recomendable que hiciera una modalidad como el ballet o algún deporte que me pudiera cambiar la planta del pie. Mis padres decidieron meterme en ballet, pero necesitaba algo más dinámico. Y es verdad que me obligaban a ir con medias y es algo que no soporto. Entonces, les pedí un cambio. No sé cómo fue exactamente, pero ya como actividad extraescolar me metieron en gimnasia rítmica, también en natación y hacía mis carreritas de atletismo. Nací deportista, eso seguro (bromea). No sé sabía bien cuál, pero me decanté por la gimnasia.

P. ¿Era un poco hiperactiva aquella Lourdes Mohedano?

R. Qué va, no era nada hiperactiva. Era muy seria, trabajadora… Fíjate, seria, ahora que no me pongo seria para nada (bromea). Y no era hiperactiva. Es verdad que en casa, como me gustaba tanto la gimnasia, saltaba en el sofá… Apoyaba las manos en el sofá y hacía mis saltos de gimnasia. Y también veía la televisión con la pierna en la oreja. Pero no era una niña nerviosa, para nada.

P. Tus padres estarían contentos cuando vieran a esa niña saltar en el sofá…

R. Claro, dijeron: ¿Y esta niña? Así fue que mejoré el salto al final, para entrenar me vino estupendamente (ríe).

P. Ya en rítmica, me contó una vez Lola Ruano (entrenadora en el Club Liceo) que con cinco años, al verte por primera vez, ya observó en ti un talento especial. Pero, ¿de qué forma te tomabas la práctica deportiva entonces?

R. La verdad es que no me daba cuenta de nada. Simplemente, salía al tapiz, en esa época para hacer un baile en algún torneo, y lo disfrutaba mucho. Para mí, al principio, sobre todo, era un juego. Era una niña que empezaba a tener contacto con un juego que le gustaba mucho. No me enteraba de nada. Y en toda mi trayectoria deportiva nunca he pensado “voy a llegar a”, “quiero llegar a”… Sólo he disfrutado y la vida me ha ido poniendo oportunidades que he ido aceptando.

P. Precisamente iba a preguntarte eso. ¿No ha habido entonces ningún momento en tu infancia en que pensaras alcanzar determinado objetivo?

R. No. Siempre he ido a objetivos a corto plazo, lo que podía alcanzar en ese momento. No sé cómo lo he hecho, realmente, porque es complicado. Hoy en día sí que muchos niños dicen “quiero ser como Fulanito”. Y digo: pues no. Disfruta y ya se verá si lo alcanzas. Si no lo disfrutas y piensas en un objetivo que es inalcanzable en ese momento, no vas a avanzar. Tienes que superarte a ti mismo, primero, y crecer tú. Luego se irán dando oportunidades o no. Esto es así. Hay deportistas que trabajan mucho y no llegan a conseguir lo que quieren. No por mucho trabajar se consigue.

Al llegar a Madrid lo disfruté mucho, pero también fue duro porque no tenía una vida de una niña de 13 años

P. Al final entran en juego un poco la suerte, el momento…

R. Son muchos factores. Es como en todas las profesiones. Claro que hay que trabajar muchísimo, eso al 100%. Pero no siempre se llega a donde se quiere. Y hay que estar preparado para eso también.

P. Avanzamos en el tiempo. Tienes 13 años y la Federación Española se fija en ti. ¿Qué recuerdas del instante en que te dicen “ven a Madrid que te queremos para la selección”?

R. Recuerdo que fue a través de una carta. La reciben mis padres y me dicen “chica”, porque me llamaban chica, “ha llegado una carta de la Federación”. Supongo que ellos la leerían antes. Me la dieron y dijeron: “Anda, léela, a ver qué pone”. Dije, anda si me quieren para la selección. Yo no sabía bien a lo que me estaba enfrentando, eso es así (bromea). Yo sólo decía, “tiene que ver con la rítmica, pues me voy a para allá”. No pensaba en irme a Madrid, ¿dónde está Madrid? No pensaba en nada más, sólo quería probar. Y mi madre siempre me decía “ten en cuenta que es para un año”. Porque siempre me han puesto los pies en el suelo, que es algo que valoro mucho en mi familia. Además, siempre me han apoyado. Las decisiones que tomara, para delante. Eso se necesita a esos niveles. Y lo recuerdo así, como “voy a probar”. Las becas son por un año, se pueden renovar o no. Dije: voy a probar un año, sólo un año. Mis amigas me lo siguen recordando a día de hoy: “Decías que te ibas a ir sólo para un año”. Un año y ya llevo allí 13.

P. ¿Cómo fue el crecimiento allí (Madrid)?

R. Recuerdo que lo disfruté mucho, pero también fue duro porque no tienes una vida de una niña de esa edad. Estamos hablando de 13 años, recién cumplidos además.

P. Has dicho algo importante, que eras una niña de 13 años. ¿Cómo era la adaptación en Madrid y con la exigencia del deporte de máximo nivel?

R. Tampoco pensaba mucho en el hecho… Los Juegos eran inalcanzables en esa edad. En este deporte (gimnasia rítmica), la edad mínima son 16 o 17. Los objetivos a corto plazo que tenía, lo primero más importante, el Europeo. Representando a España. Es verdad que a medida que iba llegando ese momento decía: uff, qué presión. Porque ya no represento sólo a Córdoba o a Andalucía, que es muchísimo ya, sino que hablamos de representar a un país entero. Si lo piensas así… Es verdad que me dio por pensarlo y qué vértigo, qué sensación. Pero una vez te pones, entrenas para eso y te quitas esa presión que nos ponemos.

En el podio piensas en el camino, en los obstáculos que has superado

P. Tuviste entonces la suerte de no vivir esa exigencia que siempre se ha conocido, por ejemplo, en China o en la antigua Unión Soviética.

R. Sí que es un nivel de exigencia bastante grande. Al final, entrenas una media de ocho horas diarias de lunes a sábado. No tienes a tus padres cerca. Es un entorno en el que tienes que vivir sí o sí: con estas compañeras, con esta gente, con tu alrededor, con estos profesores… Sobre todo, no tener el apoyo de tus padres cerca, con esa edad… Ahora cuando veo a los hijos de mis primos con esa edad, digo: y yo que a su edad, como las abuelillas (bromea). El nivel de exigencia ha sido muy grande, también de lesiones y recuperarte de eso, psicológicamente. Siendo tan pequeña, se presentan situaciones duras y tienes que salir tú sola de ahí.

P. ¿Cuál fue el peor momento en ese proceso, sobre todo entre los 13 y los 16 años?

R. Los más duro, imagino que fue el cambio de júnior a sénior, que ya cambias en gimnasia cuando tienes 15 y 16 años. Yo llegaba de ser júnior, la más pequeña, y me metieron en el equipo titular directamente, sin ser suplente. ¿Qué pasa? El equipo titular era de chicas más mayores… Claro, que una pequeña llegue y te quite el puesto, que no me gusta llamarlo así, y busque su sitio, no se lleva bien.

P. Es decir, hubo ahí algún rocecito.

R. No me lo hicieron ver. Evidentemente, eso no son cosas que se hablen. Pero tú también notas que eres la nueva en ese equipo y tienes que buscarte el sitio. Al final, son decisiones técnicas, pero hay que buscarse el sitio y adaptarse. No es fácil.

P. En cualquier caso, acertaron con la decisión. Entras en el equipo titular y te conviertes en un alma del Spanish Group (selección). Llega enero de 2012, y vamos un poco más adelante, tienes 16 años… Oro en el Preolímpico de Londres y pasaporte para los Juegos. ¿Qué recuerdas de aquello?

R. Veníamos de una mala competición, que fue el Mundial de 2011. Los mundiales son los clasificatorios para los Juegos del año siguiente. Y fue desastroso (ríe). Fue un cuadro porque además salió mal, las cintas se enrollaron y estábamos muy asustadas porque por poco perdemos la plaza olímpica. Luego nos clasificamos para el Preolímpico y ahí sí terminamos primeras, menos mal. El equipo tenía buen nivel y si hacíamos una buena competición, nos íbamos a clasificar. Eso, desde el Mundial. Lo que pasa es que tuvimos una mala competición, como se tiene a veces. Es lo que hay. Luego pudimos hacerlo en el Preolímpico. A partir de ahí, mucha emoción. Decíamos: guau, nuestros primeros Juegos Olímpicos. Guau, la más pequeña encima.

En el deporte hay muchos momentos de ansiedad, pero es como en cualquier profesión

P. Antes de irnos a los Juegos Olímpicos de Londres. Has recordado que tuvisteis una mala competición en el Mundial. Desde fuera es muy fácil decir “ya ha fallado”. Pero, ¿qué se le pasa por la cabeza a una deportista de elite cuando tiene un error, por muy pequeño que sea?

R. El más mínimo puede ser que en un giro hagas dos y no tres. Entonces, dices: ya es menos nota. Pero tener un fallo, en una competición… “Tierra trágame”. “Me bajo del tapiz, quiero irme a mi casa”. (Ríe). Ese momento… En el Mundial, por ejemplo, se hizo eterno. Luego lo veo en vídeo y digo, “tampoco”… Son segundos que parecen horas. Piensas que termine ya. Es verdad que al final piensas: va, sigue, más fuerte, que no haya más fallos. Ahí tienes que estar de mente muy fuerte. La primera fase es “ay Dios mío” y luego ya sigues, hasta que terminas.

P. Llegamos a Londres: cuarto puesto y diploma. ¿A día de hoy te sabe a poco o lo tomaste como una lección más para seguir creciendo?

R. Es que pasa una cosa. Si no se consigue medalla, parece que no se ha conseguido un buen resultado. Parece que no has quedado como esperabas. Pero el deporte es así. Un cuarto puesto, viniendo además de los Juegos anteriores en que quedaron más abajo (la selección española), un equipo nuevo… Estamos hablando de gimnastas que acaban de empezar. Es un gran puesto, estábamos muy contentas. Y en cambio sí que recibimos titulares como de “ay, la medalla”. Pero es que no optábamos a medalla. Eran nuestros primeros Juegos e íbamos a ir a tantear, a ver qué pasaba. Y aun así el bronce era nuestro porque las italianas fallaron. La cinta se cayó.

P. ¿Os quedó, al equipo en general, esa cosita?

R. Eso siempre queda. Podríamos haber tenido un bronce y un oro. No se ha tenido. Pues nada, es lo que hay. La vida es así. Pasa en el deporte y en cualquier ámbito de tu vida. A veces es justo y a veces, no tanto. Pero hay que vivir con eso. El cuarto puesto a nosotras nos supo a gloria.

P. Cuatro años después, la primera medalla olímpica de España por conjuntos (en gimnasia rítmica) desde 1996, que se dice pronto, en Río de Janeiro. Además, fuiste la primera cordobesa y la primera gimnasta andaluza. ¿Pensabas en el calado histórico que tenía la medalla mientras la recibías?

R. Lo de que hacía años que no se conseguía la medalla olímpica lo pensé después, cuando ya te bajas del podio y luego con los medios de comunicación. En ese momento es lo que menos se te pasa por la cabeza, por lo menos a mí. A mí se me pasó por la cabeza todos los momentos que habíamos vivido… el camino hasta llegar ahí, que ha sido muy duro. Ese verano decíamos “que llegue ya”. Con dolores, la que no había pasado por el quirófano, tenía que pasar… Necesitábamos eso y vacaciones, tanto física como mentalmente. Necesitábamos un parón. Piensas en el camino, en los momentos buenos y los no tan buenos, los obstáculos, que has superado muchos, y las personas que tienes cerca. No sólo en ese momento sino en tu trayectoria. Porque siempre hay gente que se apunta después. Yo, con mi lesión además. Necesitaba que llegara ese momento para descansar. Eso también lo piensas ahí y dices: guau, puede ser la última competición, qué última competición.

No me gusta que habiendo tantas noticias buenas, sólo se mire en los deportes minoritarios lo malo

P. Es un poco aquello de que no es tan importante el destino sino el trayecto.

R. Es que en ese camino… Bueno, en el camino de cualquier persona pueden pasar tantas cosas, y pasan, que al final superar tantos obstáculos ya es medalla. Para mí eso ya es medalla. Luego, se consiga o no, que es mejor conseguirla, ya puedes decir: guau. En nuestro caso fue, en Río, hacer dos ejercicios muy buenos, sin fallos. Eso ya para nosotras era la repera, era brutal.

P. Lo que pasa es que aparecieron los jueces. Apareció Rusia -quedó la sensación de favoritismo hacia la selección rusa-.

R. Eso es. También es que nosotras terminamos primero la competición, quedaban muchísimos países por competir y siempre puede perjudicar un poco lo de competir las primeras. Te dan la nota y ya, suben, bajan.

P. ¿Cómo os lo tomáis en el momento en que veis que sois plata y no oro?

R. En esa competición, las rusas fallaron en el ejercicio de cintas, que fue el primero. Nosotras empezamos a ver la competición cuando acabamos la segunda rotación. El fallo no lo vimos, no sabíamos nada. Pensábamos: primera es Rusia porque cuando no falla siempre está ahí. Y es un equipo muy potente. Siempre estábamos Rusia y España. Bueno, y más países. Son los Juegos Olímpicos en que más igualado estaba el tema de puntuación. El equipo que no fallara era el que iba a estar arriba. Nunca había pasado eso de estar casi todos los países tan igualados. Pero a nosotras nos pasó eso. Oro, Rusia. Plata, España. Guay. Luego lees algún comentario en redes sociales, ves el vídeo, tus padres te comentan pero quitándole hierro. Y dices: ¿Cómo? (Ríe). Son cosas que pasan y tampoco puedes reclamar porque sólo tienes dos minutos y medio, que son del ejercicio del siguiente país. Si acabas la primera y la nota de Rusia es la última… No te queda otra que tirar para adelante.

P. Hablamos del lado amable, pero antes ha habido un año bastante difícil. Has citado antes la lesión que sufriste. ¿Cómo lo viviste?

R. El hecho de que me dijeran o te operas o probamos… Ya llevaba un año y medio con esa lesión. Me infiltraban, me trataron con todo lo posible para ver si llegaba. Todo un año así para al final decir: no puedo probar nada más, tantas infiltraciones no creo que sean buenas, cada vez me duele más… No puedo entrenar a gusto y me queda la cita más importante de mi trayectoria deportiva, contando con Londres 2012. Y dije, vamos con todo. El post operatorio fue duro de narices por dolor y porque además no puedes estar entrenando y compitiendo con tus compañeras, que hicieron dos competiciones sin mí. Y también con la duda de no saber si vas a llegar en buen estado, o si vas a llegar.

P. Es decir, que pusiste un poco en riesgo tu presencia en Río de Janeiro.

R. Me arriesgué mucho. También te digo que tenía mucha confianza en mí. En ese momento dije: voy a volver con más fuerza. A día de hoy digo: no sé… Son momentos muy duros, tienes que tener la cabeza… En esos momentos tan duros, o te vienes abajo o sales de ahí como puedas. En mi caso, salí. Dije: voy a volver con más fuerza y mi puesto va a seguir estando. “Lo voy a dejar por unos meses” (bromea). Fue por mí, decirme que lo voy a superar. No sé qué había en mi cabeza, pero sabía por dentro que iba a pasar.

Hay que estar preparado para el fracaso, y fracaso no es no conseguir una medalla

P. ¿Cómo tiene esa capacidad de reflexión y esa fortaleza una joven que en ese momento tiene 20 años?

R. Estaba las siete o las ocho horas diarias, con la bota ortopédica que te ponen, en el gimnasio observando a mis compañeras o haciendo técnica de cinta, entrenando lo que pudiera. Y aprendiéndome el ejercicio nuevo sólo con verlo. Claro, eso luego… Verás cuando llegue, que se ha hecho un ejercicio nuevo, no sé si me va a salir. Las entrenadoras también pusieron su confianza en mí y querían que estuviera. Eso es importante. Cuando tú quieres volar y te apoyan, y te dan esas alas, lo consigues. Sabía que iba a estar y así fue. Y lo luché mucho, empezando de fuera prácticamente.

P. Hemos hablado de esa facultad mental y en Tokio hemos vivido un hecho insólito, como ha sido lo de Simone Biles (gimnasta de Estados Unidos). Se ha retirado de una final por un cuadro de ansiedad. ¿A veces olvidamos los demás que sois personas?

R. Tampoco creo que sea así. En el deporte hay muchos momentos de ansiedad, por llamarlo así. Hay momentos de ansiedad, de bajón, pero también digo que es como en cualquier profesión, que tienes una exigencia brutal. Cualquier profesión que tenga esa exigencia, a medida que vas cogiendo puestos, que vas avanzando, tienes más gente que te está observando… Las personas depositamos, no confianza pero… no sé, todo en esa persona. Lo que no me gusta es que habiendo tantas noticias buenas, como hay en el deporte, sólo se mire en los deportes minoritarios lo malo. Claro, que hay ansiedad. Pero en cualquier profesión: un periodista, un médico… Tienes ansiedad porque tienes mucha responsabilidad.

P. Pero quizá, Lourdes, tiene un peso mayor el hecho de que es una referente, de que todo el mundo se fija en ella, de que tiene la sensación de que no puede fallar.

R. Eso de no poder fallar lo tenemos todos. Claro que no puedes fallar. Viniendo de una medalla olímpica, la gente espera de ti eso. Pero hay que quitarle peso siempre. Vale que la gente pueda esperar algo de ti, pero tú eres quien compite y tienes que tener la cabeza fuerte y que salga lo que salga. Por supuesto, tienes que luchar. Pero si no sale, no sale. Eso en cualquier profesión lo tenemos. Por ejemplo, si pones una noticia mal, sobre ti recae. Eso también te crea ansiedad. Que pasa más en las profesiones que son de cara al público y de las que la gente opina, por supuesto. Pero esto pasa hoy en día en todos lados.

P. Puede que vaya el asunto ligado también con las ideas de éxito y fracaso, como que estamos obsesionados con el éxito. Y si no se produce eso, dentro de la idea que se tiene, es un fracaso absoluto.

R. Sí, y también hay que estar preparado para el fracaso. Quiero recalcar que el fracaso no es no conseguir medalla. Un fracaso para alguien es que el objetivo que tú tenías, no lo has cumplido. A veces se gana y a veces se pierde, y eso es lo que hay. Hay que estar preparado para cuando ganes y cuando pierdas. Da mucha rabia cuando se pierde. Y hay que ser positivo, pero también realista. Cuando no has hecho un buen resultado, tienes que seguir trabajando y ya está. Pasas por ese momento de bajón y sigues porque todos somos personas y nos afecta.

Creo que siempre ha faltado y sigue faltando la ayuda mental en el deporte

P. Yo voy más por la perspectiva del aficionado, que si quedas quinto ya critica o dice aquello de que “no vales”.

R. Es lo que hemos hablado de los Juegos de Londres, que un cuarto puesto parece que no… No, eso no es así…

P. Es injusto.

R. Es injusto. Opinar es gratis y todo el mundo lo hace. Vale, que opine la gente lo que quiera. Al final, llega un momento que dices: si tú opinas eso, para ti. La perra gorda, como se dice. Cada uno tiene que estar en su sitio y saber los objetivos que tiene, que se cumplen, estupendo, que no, pues lloramos. Porque eso es así, lloramos y hay que reponerse.

P. Te pongo un ejemplo que acaba de venirme: Adriana Cerezo (medallista en Tokio en taekwondo). Hace una competición espectacular, se queda con la plata y ya empieza el típico “ay qué pena, se le ha escapado”. ¿Es más un triunfo o lo otro?

R. Yo entiendo que al ser un deporte de lucha, entre una y otra, la que pierde, que se lleva la plata… Que ya ves tú, vaya castigo, llevarse una medalla de plata (bromea). Si entiendo que en esos deportes si notas que has perdido algo. No sólo el oro, dentro tienes la sensación de que has perdido. Sí, hay que ser positivo, pero…

P. Aun así hay que dar valor a lo que ha hecho, quería decir.

R. Por supuesto, lo que pasa es que eso no lo vas a ver en ese momento. Igual que yo cada día y cada año valoro más la medalla olímpica. En ese momento estás superbién, pero estás metida en una burbuja y realmente no te estás dando cuenta de lo que significa. Luego, a medida que pase el tiempo, le dará valor. En ese momento, te da rabia. Si tiene sus objetivos y estaba a tope, y además perdió en nada, en los últimos 11 segundos… Ojo, eso a ver cómo lo comemos. Es que podría haber ganado yo. Creo que su pensamiento es “lo he podido hacer mejor”.

P. A colación de todo lo que hemos hablado, recientemente me comentaba Rafa Muñoz (exnadador, con plusmarca mundial durante años) que se entrena muy bien el apartado competitivo pero no tanto el plano mental. ¿Crees que eso aún falta a día de hoy en el deporte de alta competición?

R. Creo que siempre ha faltado y sigue faltando. Hay federaciones que sí cuentan con psicólogos. El Consejo Superior de Deportes también cuenta con su psicólogo, Pablo del Río, que es muy bueno por cierto. Nosotras, por ejemplo, en nuestra federación no tenemos psicólogo, pero sí que en la última etapa, antes de los Juegos Olímpicos (de Río de Janeiro), hablamos con Pablo (del Río). Nosotras, el equipo, directamente, dijo “necesitamos un chute de ayuda para llegar bien”. Fueron poquitas sesiones, pero sí que necesitábamos ese impulso. Ayuda de un profesional sí que se necesita en algún momento. Aunque no lo tenga la federación, que lo busque el deportista.

Estoy harta de que se hable de que las gimnastas tienen trastorno de alimentación

P. Porque además no es sólo la competición sino que se os viene encima un mundo: medios de comunicación, la gente, además en época de redes sociales…

R. Sí. En nuestro caso, lo que hicimos es que en la semana previa a la competición, en Río, no cogíamos el teléfono. Teníamos el teléfono que nos regalaba el comité de allí con la tarjeta brasileña. Y yo tenía ahí el grupo con mis padres y mi hermano, mis mejores amigas… La gente más cercana y para contar nada más y menos. Porque al final cuando la gente empieza con “vais a ganar, sois los mejores”, que se hace de buena fe, te puede crear, sin querer, una presión y una tensión innecesarias en ese momento. Los medios de comunicación, que además os volcasteis muchísimo conmigo… Siempre os habéis volcado y eso lo agradezco. Al final, te crea algo… Nada, cuando acabe la competición, lees, retuiteas y haces lo que sea. Por eso, escribía algo y dejaba el móvil (ríe). No quiero leer nada, que era todo bueno afortunadamente, y voy a tener a mi gente más cercana. Hay que separar un poco. Eso hay que cuidarlo mucho.

P. Por cierto, en los últimos tiempos ha habido otro asunto importante, éste ya con más tinte polémico: dos entrenadoras apartadas por la federación por presuntos tratos abusivos. ¿Qué opinión te merece el tema?

R. Éstas son las polémicas que te digo que salen de los deportes minoritarios. Se habla también de los trastornos de la alimentación, que estoy harta ya de que se diga… He recibido muchas veces comentarios que dicen “es que las gimnastas se hormonan”. No hacemos nada de eso, no tomamos nada. En mi entorno no he tenido a nadie que tuviera problemas de alimentación. En la selección española digo, que eso al final pasa a todos los niveles. No pasa sólo en este deporte o en el deporte. Si está pasando o no de lo que me hablas, ahora mismo lo están investigando. Con Ruth (Fernández, una de las entrenadoras apartadas), las veces que ha estado conmigo ha sido maravillosa. Y no puedo decir nada de este tema. Ni de ellas porque conmigo siempre se han portado bien. El problema que hayan tenido, cada una tendrá su versión. No he estado allí y no sé lo que ha pasado. Si supiera a ciencia cierta, podría opinar.

Y ya estoy harta del tema del trastorno de la alimentación. Nunca he hablado de esto. Ahora parece que las gimnastas tenemos problemas. Pues no. Precisamente tenemos que tener mucha fuerza y comer muy bien. Porque tenemos que entrenar ocho horas al día; tenemos que tener potencia para saltar, para caer y para levantar un millón de cosas.

P. ¿Crees que en ese sentido, sobre la idea del trastorno de alimentación, puede haber un poco de machismo?

R. No sé si es machismo o no. Lo que sí creo es que tenemos que abrir un poco más la mente en ese aspecto, abrir un poco más los ojos. Estos problemas le pueden pasar a cualquiera que no esté fuerte de cabeza. Evidentemente, hay que tener un buen físico para no lesionarte lo primero.

P. Bueno, Lourdes, volvamos a ti. Regresamos al origen, a esa chica de Peñarroya-Pueblonuevo que con 13 años se ve en Madrid y alejada físicamente de sus padres. Antes lo hablamos en el plano deportivo, miremos el personal. ¿Cómo se digiere eso?

R. Al principio, es una nueva vida para ti y no tienes a tus padres cerca. Tampoco tienes ayuda, como cuando estás en el instituto. No he tenido esa facilidad. Es durete. Es una vida en la que te ponen a tus compañeras, que no las eliges tú, y hay que adaptarse. Pero yo me lo he pasado muy bien también. Al final, yo creo que lo han pasado peor mis padres que yo. Nunca hemos hablado de esto. Pero tú estás con tus compañeras y para unos padres, imagino, que tu hija con 13 años se vaya de casa, a Madrid, tan grande, y sola… Para ellos creo que ha sido peor. Para mí ha habido momentos duros, pero he estado a gusto. Si no, me hubiera vuelto. Si hubiera estado mal allí, mi casa siempre ha estado abierta. Eso, mis padres me lo han dicho también: “Cuando te canses, vuelves”. Y eso me ha ayudado a tirar para adelante. Que un día terminas reventada un entrenamiento y sales llorando, son cosas que pueden pasar y también te ayuda a seguir creciendo.

P. Tu familia ha sido un pilar fundamental.

R. El más importante. Considero que para tener una trayectoria de éxito, necesitas tener en tu entorno personas sanas, buenas, transparentes y que te ayuden y te eleven. Si no tienes eso, olvídate. Tienes que estar muy bien y para eso es importante un entorno que te estabilice.

Para tener una trayectoria de éxito, necesitas en tu entorno personas sanas y que te eleven

P. Porque hay veces que los padres generan el problema al generar expectativas, con eso de “vas a ser un campeón”.

R. Sí, hay muchos padres, y lo veo, que es como que tienes que ganar. O no. ¿Por qué? A lo mejor esta competición no le sale bien y eso le va a ayudar para crecer y en la siguiente ir con más fuerza. O trabajar más. No hay que meter esa presión, hay que relajarse un poco en todo. Evidentemente, a tu hijo no le puedes parar, tiene que seguir, pero no puedes generarle presión. Ni crear una burbuja de éxito. Es que a veces no se tiene. Para llegar a ese éxito, tienes que pasar por este fracaso. Y eso lo tenemos que comer todos.

P. ¿Esto va un poco también con la vida, no? Es como si quisiéramos ser siempre felices y la vida son todas las experiencias. También está la tristeza, el dolor.

R. Sí, son sentimientos por los que vamos a pasar, que tenemos y que nos hacen falta. No podemos ser felices todos los días y a todas horas. Es imposible. De hecho, creo que cuando estás triste al ser feliz vas a valorar mucho más esa felicidad. Y con felicidad no me refiero a éxito. Se puede ser feliz sin conseguir una medalla. Y se puede ser infeliz consiguiéndola. Eso lo hemos visto también. Y se pueden pasar momentos muy duros aun habiendo conseguido lo que se ha conseguido. La época de transición es la peor. Yo, por ejemplo, no lo he pasado bien.

P. ¿Cómo fue para ti esa época de transición? La deportista de elite que por cierto no anuncia su retirada…

R. Encima fue eso (ríe). La gente no sabía si estábamos retiradas. Ya sí porque no competíamos. Fue un cúmulo: estábamos reventadas físicamente, psicológicamente necesitábamos un parón después de Río. Como cualquier deportista, después de llevar dos ciclos olímpicos del tirón. Encima en un equipo, que no sólo tienes que tirar adelante con tu trabajo sino con el de cuatro más. Necesitas un descanso. Había gimnastas, compañeras mías, que se tuvieron que operar. Hubo un tiempo de descanso y ahí se nos paró la beca. Ya fue todo como la gota que colmó el vaso.

P. ¿Y te costó asumir que ya había terminado aquello?

R. En cierta manera, lo necesitaba. No fue decisión técnica sino de cada una. Juegos Olímpicos sí sabíamos que podían ser los últimos, pero no sabíamos si íbamos a alargar un poco más. Aun así, fue decisión nuestra.

P. Quizá fue más complicada ya, como has dicho, la transición del deportista olímpico a la reinserción laboral.

R. Claro, porque al final te das cuenta de que cuando estás ahí tienes muchas ayudas, pero cuando lo dejas y has sido alguien en el deporte, como ha pasado... Porque con mucho trabajo, pero podemos decir que hemos conseguido algo histórico. Luego, no tienes ayuda. Dices: joder, ¿y ahora? Afortunadamente, nunca hemos dejado de estudiar. Con ocho horas diarias de entrenamiento. Porque sabíamos que podía llegar este punto. Cuesta mucho el tema de las ayudas al deporte, cuando has dado tanto y has conseguido tanto…

La interpretación me ha ayudado a romper un poco mi caparazón, que lo tenía

P. Es como me decía Rafa Muñoz también, que no pides que te regalen nada sino que te faciliten.

R. Claro, porque tú te lo estás trabajando. Si no es una carrera, estás estudiando… Lo que sea. No es decir, “dame porque yo he hecho esto”. Y cuando vales, muy bien, pero cuando no… Es otra vez empezar de cero en algo, en mi caso la interpretación, que empecé hace tres años.

P. Eso iba a decirte, que en tu caso, sin embargo, has sabido adaptarte y haces nuevas cosas. Modelaje, interpretación…

R. El mundo del modelaje son colaboraciones que me han salido y he dicho, pues guay. Porque son colaboraciones y me gusta, no me dedico a ello. Y el tema de la interpretación es también porque necesito hacer cositas y no parar. En el momento en que pare… En los momentos de parones, te agobias. En la interpretación, hace tres años que empecé a formarme. También he seguido con un máster en gestión deportiva, TAFAD, todo relacionado con deportes, entrenadora, juez de gimnasia… Probé interpretación porque era algo diferente y me gusta, me apasiona. Es también algo que se puede compaginar perfectamente con el deporte, sobre todo en el mío.

P. Pero, ¿la interpretación es un sueño anterior o una vocación reciente?

R. A ver, de pequeña veía la película… ahora digo, madre mía (ríe)… veía la película de Catwoman y me acuerdo, que la alquilé en el vídeo club, que decía “yo quiero ser esa”. Pero nunca pensé en estudiar. No, simplemente de pequeña me llamaba la atención. Después, cuando terminé TAFAD y algunos estudios relacionados con el deporte, barajé varias opciones y dije “de aquí, que es lo que más me ilusiona”. La interpretación, pues vamos con ello. He descubierto que me gusta mucho y también me ha cambiado la forma de… También es que antes era como más cerrada, más fría, y esto me ha abierto más. A nivel de sensación y sentimientos también. Me ha ayudado mucho, probar algo diferente y romper un poco mi caparazón, que lo tenía. Te haces fuerte porque no te queda otra y, al final, tienes que romper también con eso.

Cada vez valoro más el momento de mi tranquilidad

P. La pregunta es, Lourdes: ¿En qué momento descubriste que tus días tienen 48 horas?

R. Hay que aprovechar el tiempo. Eso lo aprendí mientras entrenaba. Entrenas ocho horas y estudias, que llegas a las once de la noche y tienes que estudiar, que además al día siguiente te tienes que levantar otra vez a las siete de la mañana… Encima, si tienes examen. El tiempo que tienes, hay que aprovecharlo. Me tenía que organizar como pudiera, pero me tenía que organizar porque lo tenía que sacar.

P. ¿Y al ocio le dedicas un poco?

R. Al ocio le dedico muchísimo. A mí me encanta viajar, me encanta la playa, la montaña, la naturaleza. Y cada vez necesito más la tranquilidad y la calma. Eso es algo que también lo estoy viendo mucho. No sé si es la edad (ríe). Cada vez valoro más el momento de mi tranquilidad.

P. A lo mejor es la vorágine en que se ha convertido la vida lo que te ha invitado a encerrarte, por decirlo de alguna forma, en tu tranquilidad.

R. Puede ser. No he encontrado la razón exacta. Aunque no creo que haya una sólo. Será un cúmulo de cosas que te lleven a decir “necesito tranquilidad”. También lo que no has tenido antes.

P. Vamos a tener que despedirnos ya. Cuéntame qué proyectos tienes.

R. Ahora mismo, cerrado tengo un cortometraje. Osito se llama, con Alberto Pons de director y en el Rincón de la Victoria (Málaga). Del 1 al 6 de septiembre estaremos allí.

P. Ay, se me pasaba una pregunta. ¿Ha habido algún momento en el que hayas dicho “me he perdido esto”? Porque también sacrificáis muchos momentos, vivencias.

R. Los momentos que quizá me he perdido y sí me hubiera gustado estar son quizá cuando hay pérdidas familiares. Coincidió que a mi vuelta de Londres 2012, mi abuela lo último que vio fue mi competición. Creo que eso nunca lo había dicho. Al llegar aquí, tienes un recibimiento, la gente superbién, dándote la enhorabuena y tú: ostras, pero es que tengo que ir al tanatorio ahora. No sé, como no haberme despedido de mis mayores, de mis abuelos por ejemplo. Lo que me ha faltado es más tiempo con ellos.

P. Y como contrapunto a eso, y ya terminamos, ¿qué es lo mejor que te ha aportado el deporte?

R. Todo lo que he aprendido. Lo mejor del deporte es que te sirve para la vida. También eso, la fuerza mental que me ha dado. Y sobre todo, saber superar los obstáculos en la vida porque obstáculos vamos a seguir teniendo.

Lo mejor del deporte es que te sirve para la vida

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8 de agosto de 2021 - 00:05 h