Ladis: "Me quedo con la Córdoba en blanco y negro"

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Ladislao Rodríguez Galán Ladis (Córdoba, 1947) nunca sale a la calle sin una cámara de fotos. Desde que su padre, el histórico fotógrafo Ladislao Rodríguez Benítez le puso una cámara en las manos a los 13 años ya no se ha separado del mágico mundo de la imagen. Hoy, ya jubilado, es imposible ver a Ladis hijo por la calle sin sus cámaras. "Es una aberración", tal y como califica él mismo esta costumbre. Desde entonces, desde que a los 13 años su padre le dio una cámara para que hiciera fotos del colegio a casa y de casa al colegio, Ladis ha visto la ciudad a través de un objetivo y siempre pensando en el mejor encuadre. Ha sido corresponsal gráfico de periódicos y agencias de noticias, fotógrafo de la Diputación y de la Junta de Andalucía (donde se jubiló el año pasado) y editor de la revista taurina La Montera.

Ahora, ya jubilado, está viendo la ciudad también a través de los ojos de su padre. Posee un archivo infinito de fotografías de 40 años de historia de Córdoba: desde 1948 hasta 1987. Todas las fotos, que ahora reordena, las hizo su padre con unas cámaras que aún posee (y con las que posa) en una vitrina de su casa (junto a otras adquisiciones, como artilugios del siglo XIX).

Ladis, alegre y siempre sonriente, confiesa que no habría podido tener otra profesión que la de fotógrafo.

PREGUNTA. Pregunta fácil: ¿Es Córdoba una ciudad muy fotogénica?

RESPUESTA. ¡Hombre!

P. ¿Pero se hacen fotos aquí que no se pueden hacer en ningún otro sitio?

R. Claro, aquí se hacen fotos únicas. Y es que en Córdoba aún hay mucho que descubrir. Estamos acostumbrados a la postal, pero la postal no es Córdoba. Eso es para vendérselo al turista. Córdoba es otra cosa. Sin contar a sus gentes, Córdoba tiene rincones maravillosos.

P. ¿Con cuál te quedas?

R. Medina Azahara. He tenido la posibilidad de fotografiar durante dos años todos los lunes Medina Azahara porque la Casa Real pidió un reportaje de fotos para los países árabes. Así que durante dos años todos los lunes y cambiando de luces hice un reportaje de Medina Azahara impactante. Me metí en rincones a los que no se puede entrar. Entonces fue cuando descubrí Medina Azahara, que siempre me había cautivado. Mi padre en los años 50 tiene unas fotos con el arquitecto Félix Hernández, que fue el que puso en valor las ruinas, y siempre me gustó el yacimiento. Pero hasta que no hice el reportaje en 1994, no lo descubrí. El yacimiento me impactó muchísimo. Otro de los rincones de la ciudad con los que me quedo, desde luego, son los patios, de los que las autoridades nunca se han preocupado. Los patios han estado abandonados siempre. Hace muchos años propuse que Ayuntamiento, Diputación, Cajasur y Universidad compraran un patio cada año. Para ellos eso era una propina. De haberlo aceptado, Córdoba habría tenido un patrimonio de patios para siempre. Afortunadamente ahora el Ayuntamiento ha comprado dos o tres patios, y me parece muy bien, porque si no habrían caído en la piqueta. Pero lo de los patios, hasta ahora que ha llegado la Unesco, no se han cuidado. Y te digo una cosa: como los patios no se cuiden no tienen sentido. El patio es luz y color, lo demás es tontería. Tú no puedes abrir un patio en Navidad, con las flores de pascua. Yo lo he visto este año y eso no es el patio. El patio es multicolor. Mil flores, de mil colores, de mil especies. Eso es lo bonito de un patio. Como todos los patios tengan la misma flor, se pierde su identidad. Es lo que van a conseguir.

El patio es luz y color, lo demás es tontería. Tú no puedes abrir un patio en Navidad

P. ¿Con qué Córdoba te quedas, con la del blanco y negro o con la del color?

R. Con la del blanco y negro, sin duda. Yo conocí esa Córdoba y me quedo con ella. Hombre, es que yo soy un amante de la fotografía, y cualquier amante de la fotografía se queda con el blanco y negro.

El encanto de la imagen en blanco y negro es la madre de la fotografía

P. Esta entrevista va en blanco y negro.

R. Entonces va a ser más bonita todavía (risas). El encanto de la foto en blanco y negro es la madre de la fotografía. Y Córdoba tiene unos rincones en blanco y negro preciosos, y unos contrastes, preciosos. Es que el blanco y negro tiene un encanto especial. Es como las cámaras que tenemos aquí delante [señala parte de una inmensa colección de máquinas antiguas, algunas incluso del siglo XIX], que también tienen su encanto. Han sido útiles para captar la realidad de su tiempo. Ten en cuenta que estos pequeños artilugios son notarios gráficos. Gracias a estas cámaras, hoy se conservan imágenes que serían inimaginables. Una de las cosas que estoy encontrando en el archivo de mi padre son los tacones de la ciudad. No te puedes ni imaginar la cantidad de casas que hacían tacón en las calles. He encontrado más de 50. Mi padre fotografiaba esos tacones para el Ayuntamiento, que eliminaba esas calles que hacían esa forma. Hacía las fotos antes y después. Había un tacón enorme frente al cine Góngora, por ejemplo. También he encontrado que en casi todos los tacones había un puesto de arropías. Aprovechaban el rincón y lo ponían. Y había tacones en Gondomar, en Concepción, en la calle Jesús y María, incluso en la avenida de la Arruzafa. Una de las fotos muy curiosas que he descubierto es que el Parador Nacional fue una donación de los sindicatos, que se los donó al Gobierno para que hiciera la obra. En aquel camino, que era una vereda para borricos prácticamente, había un tacón entre un grupo de chalets. Fíjate.

Cruz Conde ha sido el mejor alcalde que ha tenido esta ciudad. Pero también porque estaba apoyado por su suegro que era el ministro de Obras Públicas, el conde de Vallellano

P. Tu padre fue fotógrafo del Ayuntamiento en la época en la que más se transformó la ciudad, durante el mandato del alcalde Cruz Conde. Y tenía fotos del antes y del después de cada obra.

R. Sí, sí. Un reportaje curioso que hizo él de esa época es la iluminación de Córdoba. La iluminación de las calles estaba compuesta por cables que cruzaban con una bombilla en medio. Esa era la iluminación. En la década de los 50 Cruz Conde decide cambiar la iluminación. Ojo, hay que tener en cuenta una cosa: Cruz Conde ha sido el mejor alcalde que ha tenido esta ciudad, pero también porque estaba apoyado por su suegro que era el ministro de Obras Públicas, el conde de Vallellano. Entonces claro, cuando iba a Madrid no llamaba a la puerta. Pero también hay que querer cambiar la ciudad. Mi padre me contaba cuando éramos nenes que cuando se hizo la avenida del Conde de Vallellano a Cruz Conde lo criticaron muchísimo, porque decían que para qué quería Córdoba esa avenida tan grande, y fíjate. Y con las aguas potables ya ni te cuento, cuando estos años atrás casi toda Andalucía ha tenido escasez de agua y nosotros nos duchábamos dos veces gracias a los depósitos que hizo Antonio Cruz Conde. Y la Córdoba de los años 50, la Córdoba del blanco y negro... oh, yo tengo imágenes que te llaman muchísimo la atención. Hombre, la miseria se ve en todas las fotos. La posguerra está ahí, clavada en todas las imágenes. Los barrios marginales, uf, no te podías ni imaginar cómo podía vivir la gente ahí. Y tiraban para adelante, con una solidaridad entre todos que se ve también en las fotos.

La miseria se ve en todas las fotos de la Córdoba en blanco y negro. La posguerra está ahí, clavada en todas las imágenes

P. Aquí mismo, en el Naranjo, había muchos cordobeses que vivían en cuevas.

R. Sí, sí. Aquí dicen que la gran mayoría eran refugiados de la guerra... También tengo fotos de mi padre de detenciones de maquis y todo eso... Ahora estoy preparando una exposición en la Diputación con fotografías de mi padre cuando se cumplen 25 años de su muerte. Estoy preparando el libro catálogo... Y estoy sacando cosas con las que no quiero molestar. Todo lo que voy a sacar es agradable. Qué necesidad tengo yo. Por ejemplo, el muchacho de los 24 dedos, no sale su cara.

La foto de mi padre que más me ha impactado es la del Cristo de los Faroles nevado en 1951

P. ¿Pero quién es ese muchacho?

R. Es un muchacho de 1951 de Córdoba que tenía 24 dedos, seis en las manos y seis en los pies. Es una cosa muy curiosa. Mi padre le hizo una foto en la que se le ve la cara, y luego tiene otra en la que sólo se le ven los pies y las manos. Esa es la que voy a poner. Yo qué sé si ese muchacho ha omitido contarle a la familia lo que le pasaba...

P. En el vídeo te hemos preguntado por las fotos que más te han impactado de las que tú has hecho. Pero, ¿y las fotos que estás viendo de tu padre?

R. Bueno, de mi padre tengo un archivo impresionante. Y ten cuenta una cosa: yo estoy desde febrero de este año buscando imágenes y ya he cortado, porque cada día descubro una cosa nueva. Cada día. Porque mi padre era fotógrafo de todo: de la vida social, de la prensa, de la vida oficial, de todo. Por ejemplo, en la torre de la Malmuerta se hacía todos los años la conmemoración del fusilamiento de José Antonio Primo de Ribera. Y esas procesiones, con las coronas, con las antorchas... Es curioso. Luego están las fotos de la avenida de las Ollerías, con casas bajitas una detrás de otra. Y la calle Cruz Conde llena de coches antiguos. Bueno, lo que hace 60 años había en Córdoba. No estamos descubriendo nada.

Mi padre era el 'jarrillo' mano para todo y eso que era minusválido, le faltaba la pierna izquierda

P. ¿Pero cuál es la foto de tu padre que has dicho: uf?

R. El Cristo de los Faroles nevado es una preciosidad. Esa foto de 1954 es única. En una nevada grande que hubo en Córdoba mi padre se fue al Cristo de los Faroles. Se le ocurrió ir allí. Esa foto es muy bonita. Esa foto la utilizo para regalos, pero he hecho muy pocos regalos con ella. Y también fotografías del río, de la construcción del puente de San Rafael y de la margen izquierda del río. Mi padre tiene una foto desde encima de la Calahorra en el año 1950 hacia donde está el hotel Hesperia que no te puedes ni imaginar lo que aquello era, tierra. Mi padre tiene accidentes, uf. Tiene un accidente que me sorprendió mucho de un tren expreso de Málaga a Madrid que se salió de la vía antes de llegar a Santa Cruz. En las fotos se ve el tren hecho una seta en mitad del campo. La máquina está bocaarriba, una máquina de vapor, que pesaba mucho. Y hubo cuatro muertos nada más. Luego tengo fotos con los niños heridos en el hospital. Hombre, ten en cuenta que mi padre era el 'jarrillo' mano para todo. Es que estaba en todo. Y eso que era minusválido. A mi padre le faltaba la pierna izquierda, que la perdió con 13 años.

P. ¿Qué le pasó?

R. Mi padre quería estudiar perito mercantil, y desde niño le gustaban mucho las cuentas. Entonces, empezó a trabajar en un almacén de coloniales, de ultramarinos. Allí se iba con el dueño y le hacía las cuentas. Sonó el teléfono y el hombre se fue a levantar y dijo mi padre que no, que iba él. Cuando lo cogió, una pila de sacos se le cayó encima. Eso fue en 1931. Hoy no le hubieran cortado la pierna ni Manolete se habría muerto.

Hoy a mi padre no le hubieran cortado la pierna ni Manolete se habría muerto

P. Y con una pierna menos llegaba a todos sitios.

R. Estaba en todos lados. El que lo ha conocido lo sabe. Nunca tuvo complejo ni nada... Para mí mi padre ha sido Dios. Es que le tengo veneración. Le rezo todos los días. Para mí ha sido una persona insustituible.

P. Y fue el que te metió la fotografía en vena.

R. Claro. Nosotros somos cuatro hermanos, pero al único que le gustó esto fue a mí. Cuando yo tenía 13 años mi padre me dio una cámara y yo me la llevaba al colegio. Me decía: tú haces fotos de todo lo que veas. De mi casa al colegio iba haciendo fotos. Y luego del colegio a mi casa, igual. Pues todos los días mi padre me ponía un rollo de película en blanco y negro, luego lo revelaba y me llamaba al laboratorio y me decía: esto así no se puede hacer, esto está bien, pero hazlo desde este sitio. Me corregía y me daba una lección teórica y práctica a la vez de cómo hay que hacer fotografías. Lo he mamado de chico. Hoy con 66 años que voy a cumplir me guirro cada vez que veo publicada una foto mía, es que no te puedes ni imaginar la ilusión que me hace, que podría ya estar pasado. Pues imagínate con 13 años cuando yo vi mi primera foto publicada en la Hoja del Lunes, donde mi padre era el redactor gráfico. Ah, me habías preguntado antes por las fotos impactantes de mi padre. He visto una del doctor Marañón en las Ermitas confesándose con un monje. Vino a Córdoba en el año 1958 a una visita y subió. Está el fraile, de paisano, confesando al doctor Marañón. Esa foto me ha llamado la atención por lo curiosa. Luego también tiene fotos del doctor Fleming...

P. Ladis, tú tienes un libro de personajes cordobeses.

R. Anónimos.

P. Sí, anónimos. Bueno, algunos no tantos.

R. Bueno, he metido alguno como el Cordobés, que es Dios, a Pablo García Baena, que también es Dios.

P. Pero no a Manolete...

R. Yo es que nací el día en que murió Manolete.

P. ¿El mismo mismo día?

R. Yo estoy unido a Manolete por dos acontecimientos. Manolete muere en la madrugada del 29, cuando yo nazco. Manolete cumple 66 años de muerto, yo cumplo 66. Eso es inapelable. Pero luego estoy vinculado, fíjate de qué forma más curiosa. Mi tío Pepe Ramos fue el autor del pasodoble de Manolete. Se llamaba Guitarra Española. Le dijo a Pedro Orozco de retocarlo y le cambiaron unas corcheas para que dijera Ma-no-le-te. Se estrenó el 19 de marzo de 1939 en Córdoba, en el kiosco de la música de La Victoria. Y estoy vinculado porque yo soy heredero [de los derechos de autor] del pasodoble. Al morir sin hijos mi tío, los sobrinos somos herederos de ese pasodoble. En 1997 nos liquidaron derechos de autor de Tailandia. Imagina. Ten en cuenta que es el pasodoble más serio de todos los pasodobles. A pesar de que mi tío me decía que el pasodoble taurino que le gustaba era Gallito.

Aquí tenemos a Pedro Lavirgen, que es un tenor a nivel mundial y va el hombre andando por la calle y nadie le dice nada

P. Cuando te preguntaba por los personajes, perdona que te insista, era que Córdoba es una ciudad de personajes sorprendentes y, sobre todo, contradictorios.

R. Depende a lo que llames contradictorio... Y a lo que llames personajes. En Córdoba hay grandes personajes que pasan del mundo del toro al academicismo, por ejemplo. Aquí tenemos a Pedro Lavirgen, que es un tenor a nivel mundial y va el hombre andando por la calle y nadie le dice nada (risas). Eso es curioso. Pero viene Belén Estéban y lo que es la fuerza de la imagen, todo el mundo la jalea. Hombre, los personajes que da Córdoba son de pura cepa. Y casi siempre casi siempre el personaje de Córdoba tiene un mensaje. Tú hablas con cualquier persona y es un sabio que hay que pulir.

Si a El Cordobés lo mata el toro los sanrafales los quitan y lo ponen a él

P. También hay mucho enteradillo...

R. Esos no son personajes. Esos son los que van por la acera y te tienes que bajar. Pero vamos, que aquí hay personajes con la grandeza de Manuel Benítez El Cordobés, que es lo más grande que ha dado el mundo del toreo después de Manolete. Y es un hombre sencillo. Quizás por esa sencillez y esa apertura no esté como otros. Te digo una cosa: si a El Cordobés lo mata el toro los sanrafales los quitan y lo ponen a él. Seguro. (Risas). ¿Qué pasa? Que aquí la sencillez de El Cordobés no se valora. Te tienes que ir fuera. Antonio Gala dijo un día que Córdoba es una ciudad para añorarla, y no para vivir aquí, porque te ponen zancadillas todos los días. Imagino que al ser Córdoba una ciudad rural todavía se larga mucho. Tú triunfas y la gente dice dónde habrá escarbado este. En vez de apreciar tu valor y tu mérito. Y te cuelgan un sambenito en Córdoba y te mueres con él, eh. Pero vamos, que te digo una cosa: Córdoba es lo mejor del mundo. A mí me preguntó el Rey, en 1976, cuando vino a la Diputación, donde yo era fotógrafo. En el despacho de Manuel Santaolalla, que era el presidente, entramos. Me llamó el Rey y me dijo el escolta que no podía pasar. Entonces, dijo el Rey, no, lo he llamado yo. Perdón, majestad. Recuerdo que el escolta pegó 18 cabezazos. Entonces, entro y estaba el Rey fumándose un puro. La Reina estaba sentada y la peluquera que siempre lleva con ella le arreglaba el pelo. Me dice el Rey: oye, te voy a preguntar una cosa. ¿Cómo se vive en Córdoba? Yo le dije, majestad, Córdoba es una ciudad como otra cualquiera. ¿Pero qué tiene de especial? Y le dije: Mire usted, aquí hay una frase acuñada que decimos mucho los cordobeses, que es que Córdoba es la madre de la vida padre. Y eso es verdad. También le dije al Rey que tenemos una cosa que no tiene nadie: la taberna. Aquí hay muy poca gente que no va a la taberna al mediodía que no va a tomarse una copita antes de irse a su casa. Y eso no lo hay en ningún sitio, porque aquí todavía hay tranquilidad. Es una ciudad rural. Luego he vuelto a hablar con el Rey un par de veces más. La última cuando vino a inaugurar la estación del AVE. Entonces le conté la anécdota de los dos cordobeses sentados en un bar. Y llevaban mucho rato los dos. Entonces dice uno: hay que ver lo bien que se está hablando poco. A la media hora dice el otro: pues mejor se está sin hablar nada. Pues eso es Córdoba.

Le dije al Rey que Córdoba es la madre de la vida padre

P. Ladis, has estado 45 años trabajando y fotografiando a políticos en todas las instituciones de la ciudad. ¿Cómo ves la cosa ahora?

R. Hombre, a esto no hay derecho. Yo he trabajado con políticos de todas las clases y de todos los grupos, y con personas dignas de un abrazo y de ser amigos. Pero esto que está pasando ahora... No hay derecho. Lo de Andalucía y lo de Sevilla es triste. Que se hayan llevado ese dinero de los parados... ¿Y lo de Bárcenas? Es para irnos de este país. Claro, ¿cómo nos van a respetar fuera de España cuando ven estas cosas? Nos toman el pelo. Es que no puede ser lo que está pasando. Yo siempre digo una frase: el que se cree lo que dice un político es un ingenuo. El político te va a mentir siempre. O casi siempre. Pero vamos, yo creo que el pueblo no se merece los políticos que tenemos. Esto de abrir todos los días el periódico y ver un nuevo trapicheo. Parece que hoy se ha cambiado servir al pueblo por trincar. Y machacando a la gente. A eso no hay derecho. No nos merecemos esto.

El que se cree lo que dice un político es un ingenuo. El político te va a mentir siempre. O casi siempre

P. Han hecho de la política una profesión.

R. Claro. Es que cuando tú haces de la política una profesión ya no hay servicio a los demás. Ya es trincar.

P. Ladis, para acabar, no te hemos preguntado de toros.

R. Uf, aquí palmo ya (risas).

Los toros tienen un enemigo muy fuerte que son los que están dentro

P. ¿Tú crees que la fiesta de los toros está en crisis y, sobre todo, en peligro?

R. Los toros tienen un enemigo muy fuerte que son los que están dentro. Cuando hay crisis, todo el mundo se tiene que adaptar a las crisis. En Córdoba, jamás se ha dado una tapa con una cerveza. Ahora te lo dan, porque hay crisis y hay competencia. En el mundo del toro hay toreros grandes que no bajan sus emolumentos. Oiga, ¿usted quién se ha creído que es? Antes cuando se llenaba una plaza de toros a rebosar, ahora no. La gente se resiente. Además, el problema que tiene la fiesta de los toros es que sus gerifaltes son una mafia. Al toro le pasa como al balón de fútbol, que son los más honrados del espectáculo. El toro es el más honrado, y al final lo matan y de mala manera; y al balón lo hartan de patadas. No creo que la fiesta esté en peligro. Lo que pasa es que se le maltrata. Desde dentro se le maltrata.

P. Más que las críticas que llegan de fuera.

R. Bah, esos son cuatro. Yo veo que todas las tardes a las 16.00 suben coches de caballos por el Paseo de la Victoria con la que está cayendo de calor. ¿Ese animal no se merece que lo defiendan también? O sea, ¿aquí vamos nada más que al toro? Que además, el toro tiene la opción de salvar la vida. El toro que es bravo en la plaza se le salva la vida y luego vive como dios. Además, si no existiera la fiesta el toro bravo no tiene sentido. Para carne tú no tendrías un toro que te puede pegar una cornada, tú tendrías una vaca tonta. El toro bravo es un animal salvaje. Y es precioso.

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25 de agosto de 2013 - 03:58 h
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