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Isel Rodríguez: “Perder la orquesta sería como volver al siglo XIX”

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El concertino es el violinista primero de una orquesta, quien se encarga de la ejecución de los solos. Y ese es el papel de Isel Rodríguez en la Orquesta de Córdoba desde su creación en 1992. De la mano del maestro Brouwer, la violinista llegó a la ciudad junto a cinco compatriotas cubanos más para presentarse a las oposiciones de nuestra orquesta. En La Habana, su ciudad, y con 22 años se había convertido en la concertino más joven de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, pero la dureza del periodo especial en la isla y ser madre un bebé no le hicieron dudar de la oportunidad que se presentaba cruzando a la otra orilla del Atlántico. Y aquí sigue.

Este mediodía le toca sentarse en la plaza de las Tendillas junto a sus compañeros en, tal vez, su segundo concierto más difícil de la historia de la formación sinfónica (el primero de estas características fue en 2013 en el que se exigieron garantías de continuidad para la Orquesta). Nos toca el corazón es su título, en defensa de la orquesta de Córdoba, y ha sido convocado por sus trabajadores y trabajadoras. La falta de un acuerdo entre el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía, las dos instituciones que forman el consorcio que sostiene a la formación musical, sobre la dotación económica que permita su funcionamiento a medio plazo, ha resultado en sacar, de nuevo, partituras, atriles, instrumentos y melodías a la calle para pedir el apoyo ciudadano.

El violín de Isel lleva siendo su pareja quince años. Lo compró en París a un luthier moderno y está muy contenta con él, “porque encontrar el tuyo es algo tan difícil como encontrar pareja”, bromea. A los seis años se puso el primero en la barbilla y ya no ha podido soltarlo. Entre sus compositores para tocar, Bach,Tchaikovsky, Shostakovich, Prokofiev y Mahler, “los que casi nunca toca la orquesta”, apuna con ironía, aunque la concertino confiesa escuchar poca música clásica. Prefiere a U2, la música celta o a Astor Piazzolla.

Para la sesión de fotos, Rafa Madero le pide que toque algo y ella se marca un Bach y La meditación de Thais de Jules Massenet. La perfecta banda sonora que el lector podrá poner a esta entrevista, bien en su mente o mejor vía spotify.

Isel lleva 18 años sin pisar Cuba.

PREGUNTA. ¿Qué perdería Córdoba con la desaparición de su orquesta?

RESPUESTA. Sería una pérdida tremenda. Desde que perdimos la Capitalidad, que fue el golpe más duro que ha recibido la cultura en Córdoba en los últimos años por las esperanzas que teníamos en que sería la salvación de la cultura, a partir de ahí todo ha venido en un descenso que, aparte de la crisis, ha ido en contra de la cultura. Yo creo que la orquesta es una de las instituciones profesionales y públicas que existen en la ciudad, así que sería una enorme pérdida. Yo lo siento, pero lo veo como volver al siglo XIX. Córdoba volvería a ser un pueblo pequeñito simbólicamente. Y me pregunto ¿cómo es posible?.

P. El Ayuntamiento y la Junta, de no ponerse de acuerdo en el sostenimiento de la orquesta, podrían ponerla en peligro ¿Cree que la ciudadanía permitiría que desaparezca su orquesta?

R. Creo que la ciudadanía es la única capaz de parar esto. Actualmente la movilización ciudadana es la que tiene la fuerza para todo. Con la pérdida de derechos que está habiendo deberíamos espabilarnos porque la fuerza la tenemos nosotros. Por eso confío en que este domingo venga mucha gente a apoyarnos y a apoyarse a sí mismos. Porque sin la cultura y el arte yo no concibo la vida, y no solo porque yo viva de esto. Es el alimento del espíritu y yo no sabría qué hacer sin teatros, sin cines, sin libros... Seríamos más animales de lo que somos. La cultura y el deporte es lo que nos diferencia de los primates. Así que pienso que sí, que la gente se va a movilizar y va a luchar por esto, y ya  no hablo solo desde el punto de vista de la orquesta sino de hasta donde nos van a quitar cosas. Nos quitan derechos y nos suman obligaciones, así que confío en que la gente va a responder.

Desde que perdimos la capitalidad (...)   todo ha venido en un descenso que, aparte de la crisis, ha ido en contra de la cultura.

P. ¿Cómo se explica que muchos gobiernos dediquen cada vez menos fondos a la cultura y carguen cada vez con más impuestos a las actividades culturales?

R. Creo que quienes toman ese tipo de decisiones son personas que tienen muy poca espiritualidad, y no hablo de la religiosa, sino que me refiero a querer disfrutar de una buena obra de teatro o de la música. Y pienso que esa gente que legisla es huérfana de todo eso. No comprenden la cultura, piensan que para qué, que no es necesaria. Y de ahí sale el IVA del 21% y todo lo demás.

P. ¿En materia de gestión cultural tendríamos mucho que aprender del modelo cubano?

R. Mira, yo creo que sí. Lo que pasa es que son dos mundos diferentes. Allí hay mucha espiritualidad y poca comida (risas), se alimenta mucho el alma y no hay que llegar a eso. Si se pudiera encontrar un equilibrio entre ambas cosas sería genial. ¡Pero es tan complicado!. En realidad, para tener un buen modelo cultural hace falta querer e invertir. Quiero decir, si garantizas que los conservatorios funcionen bien, los profesores tengan nivel, las orquestas tengan infraestructuras donde tocar, que haya grupos de teatro suficientes, haya literatura, ballet, cine... En Cuba se mueven todas esas cosas. Para ello hace falta dinero y hace falta, sobre todo, mucha voluntad.

Creo que la ciudadanía es la única capaz de parar esto (...) Así que pienso que sí, que la gente se va a movilizar y va a luchar por esto

P. Esa sensibilidad cubana hacia la cultura ¿Es política o social?

R. Vamos a ver.

 En el socialismo, la creación del hombre nuevo se basa en la cultura, el deporte, en darle espiritualidad a la gente y que no solo se ocupen de si he comido hoy. Es de lo que hablaba Lenin y Marx. A mí me faltaron las cosas más elementales pero no me faltó cultura, y ahora creo que tuve lo que hacía falta. Porque miro a los chicos jóvenes, obsesionados con las marcas y a sus padres amargados, que me da mucha pena que seamos incapaces de encaminarlos y que eso sea lo que está bien visto. Por suerte, a mi hijo mayor (23 años) hemos logrado apartarlo de todo ese consumismo, aunque creo que va con su carácter. Hemos tenido suerte.

P. ¿Cómo fue su infancia y adolescencia cubana?

R. Bueno, el tomar la decisión de estudiar un instrumento no te da una infancia y una adolescencia normal. Porque pasas muchas horas estudiando en soledad y es difícil. Luego cuando sales al mundo te das cuenta de que hay muchas etapas que te has perdido y cosas que desconoces. Sí, es curioso pero los músicos somos un poquito raros en general, algunos más que otros. Y creo que es por el sentido de la responsabilidad y del deber. Fíjate, el otro día recordaba que teníamos dos meses de vacaciones en verano, julio y agosto, y a mí me llamaba mi maestro de violín del conservatorio y nos citaba en su casa para no pasar dos meses sin tocar. Fíjate ese esfuerzo de los profesores.

A mí me faltaron las cosas más elementales pero no me faltó cultura, y ahora creo que tuve lo que hacía falta

P.¿Por qué el violín?

R.  Es una cosa muy rara porque mi madre nos llevaba a mi hermana y a mí (su hermana es Irina R. Trujillo, pianista y directora orquestal también afincada en Córdoba) a los conciertos sinfónicos. Mi hermana empezó a tocar el piano y mi madre pensaba que yo también lo tocaría, pero cuando me hicieron la prueba de aptitudes, me preguntaron qué instrumento quieres y yo contesté que violín. Y es que cuando iba a ver  la orquesta lo que más me gustaba eran los violines, en casa también se escuchaba mucha música y me enamoraba del sonido del violín. Eso fue con seis años, cuando tomé esa decisión.

P. Con esa edad los conciertos sinfónicos debían ser muy aburridos...

R. Con menos, cuando tenía cuatro años mi madre nos llevaba a mi hermana y a mí a ver conciertos en el teatro Amadeo Roldán (de La Habana) con una bolsa de pan tostado (risas), que no sé cómo nos apañábamos con lo que cruje. Aguantaba un ratito y luego, claro, me aburría.

Tomar la decisión de estudiar un instrumento no te da una infancia y una adolescencia normal

P. ¿Y ha seguido con la tradición familiar de llevar a sus hijos a conciertos?

R. No. Al pequeñín, que tiene ahora cuatro años, lo he traído un par de veces a cosas que sabía que no se iba a aburrir, como un concierto infantil y otro de música de cine. El mayor, sin embargo, con tres años me dijo “violín no”. Y luego nunca quiso estudiar música e hizo artes gráficas porque le encanta el dibujo y es bueno. El pequeñín hace todo con música, le interesa mucho, pero eso no significa nada. Si quiere, estudiará y si no, no soy de esas madres que sueñan con que sea violinista como yo.

P. Con 22 años se convirtió en una de las concertinos más jóvenes de la historia de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba ¿Había nacido con un don o todo fue disciplina?

R. Yo creo que ahí hay una mezcla de ambas cosas. Con  talento no se hace todo ni con solo trabajo tampoco. Aunque voy a decirte que muchas veces con mucho trabajo se consiguen muchas más cosas que con mucho talento que no se trabaja. En mi caso, la música siempre ha sido mi pasión e igual que en la adolescencia hay gente que le da por salir, yo me enamoré de mi instrumento y quería tocar y llegar a a algún sitio. Por eso tocaba durante todas las horas que podía, porque era un placer. No había que decirme coge el violín, sino más bien suéltalo (risas), que los vecinos nos van a echar.

Muchas veces con mucho trabajo se consiguen muchas más cosas que con mucho talento que no se trabaja

P. Siguió con su formación en Rusia, ¿es cierto que allí se encontraba la mejor escuela de música del mundo?

R. Mira, yo he estudiado la escuela rusa y la escuela americana, que es como la rusa pero con ciertas cosas diferentes. Yo actualmente me quedo con la escuela americana, me gusta más. Quizás también por idiosincracia, porque está más cerca de mí culturalmente. En Rusia estuve una año nada más en Leningrado (hoy San Petersburgo). Cuando recuerdo esa época tengo una sensación de desdoblamiento, es como si fuera otra persona, es muy extraño. Era una situación tan dura, tan difícil. Sales con 18 años, nunca te has separado de tu casa y te manda de La Habana a una ciudad tan dura como San Petersburgo, desde el clima a el control que tenían sobre nosotros, sobre los cubanos. No lo recuerdo como algo agradable aunque desde el punto de vista de la profesión avancé mucho.

P. Después volvió a Cuba donde  se encontró con el periodo especial (el largo período de crisis económica resultado del colapso de la Unión Soviética en 1991 y el recrudecimiento del bloqueo norteamericano en 1992)

R. Sí, y nació mi hijo mayor, además. Me pilló el primer año de periodo especial y fue durísimo, durísimo, peor que en Leningrado, porque al menos allí había qué comer. En Cuba estaba todo muy racionado, te daban un panecillo al día y tenías que pensar si te lo tomabas al desayuno, te lo llevabas al trabajo o qué hacías. Mucho arroz con frijoles, por lo menos en mi casa no faltaba eso. La proteína era otra cosa, muy difícil de conseguir y la que se conseguía era para mi abuelita y para el bebé.

El primer año de periodo especial fue durísimo, durísimo (...) estaba todo muy racionado, te daban un panecillo al día y tenías que pensar si te lo tomabas al desayuno, te lo llevabas al trabajo o qué hacía

P. Y ahí llega Leo Brouwer y le propone venir a Córdoba para poner en marcha una orquesta

R. El maestro habló con seis cubanos que estábamos en la orquesta sinfónica y nos propuso venir, hacer la prueba, la oposición, y dijimos no tenemos nada que perder, todo que ganar. Vinimos, hicimos la prueba y nos quedamos.

P. Recuerdo al maestro Brouwer entonces, cuando se le preguntaba si echaba de menos su tierra, él siempre decía “pero si esto es lo mismo, Córdoba-La Habana, es lo mismo”

R. (Risas). Mira desde el punto de vista culinario, es muy parecido. Mis bisabuelos eran andaluces y en mi casa el gazpacho, la tortilla de patatas eran menú normal. La gente sí es más distinta. En el 92 hubo gente que se alegró de nuestra llegada y otra parte que estaba recelosa de lo nuevo, del cambio, porque antes hubo una orquesta que se cerró y nosotros pagamos un poco el pato sin tener culpa de nada. Así que la entrada fue un poco rara, aunque eso creo que pasa en todas partes.

En el 92 hubo gente que se alegró de nuestra llegada y otra parte que estaba recelosa de lo nuevo, del cambio

P. ¿Cómo ha evolucionado esta ciudad ante sus ojos durante dos décadas?

R. Increíble, en todos los sentidos. Desde el punto de vista que antes los extranjeros éramos solo nosotros y dos o tres personas más, y ahora sales a la calle y hay muchísimas más caras diferentes, y eso es algo enriquecedor.

P. ¿Se sigue sintiendo una extranjera en Córdoba?

R. A ver, yo creo que sí. Es curioso. A ver, cómo te explico, al final te sientes que no eres de ninguna parte y eso no es muy bueno. Pero yo ahora mismo sería incapaz de vivir en Cuba porque no soportaría determinadas cosas que me molestan mucho. Me refiero a las libertades individuales, con lo cual allí no encajas. Y aquí hay cosas a las que nunca te llegas adaptar.

Yo ahora mismo sería incapaz de vivir en Cuba porque no soportaría determinadas cosas que me molestan mucho. Me refiero a las libertades individuales

P. Supongo que le daría mucho que pensar llegar a Córdoba y vivir por primera vez en un país democrático lleno de libertades individuales ¿Qué piensa ahora de la situación de pérdida constante que vive el llamado primer mundo?

R. Mira, yo tengo un hijo mayor, que es bueno, está preparado y creo que es la primera vez desde el final de la II Guerra Mundial que los hijos van a vivir peor que los padres, es increíble que pase esto ahora y que mala suerte ha tenido. Y me parece que la  gente hacemos muy poco, que nos conformamos. Los que no tienen trabajo porque no lo tienen y los que lo tenemos, por miedo a perderlo. Y al final aguantamos, aguantamos, aguantamos todo lo que nos echen. Entonces, me pregunto ¿donde está ese fondo que nos haga impulsarnos hacia arriba? da miedo. Con respecto al cambio, simpatizo mucho con el movimiento de Podemos, me parece que por fin alguien da una esperanza a la gente y lo que he visto, me gusta. Lo que no sé es si quien ve fantasmas detrás de ello ven fantasmas interesados.

P. Ha tenido la experiencia de vivir en una sociedad comunista y en otra capitalista ¿Ambos sistemas son un fracaso?

R. (silencio) Yo creo que sí. Porque ha faltado equilibrio, siempre la balanza se ha ido a un lado o a otro. Siempre lo buscamos y es tan complicado encontrarlo como seres humanos, que no digamos ya cuando existen diferencias tan grandes entre pobres muy pobres y ricos muy ricos. Y por ese camino vamos. Hubo un momento que llegó a haber un acercamiento que resultó demasiado peligroso para algunos y que ha generado esta crisis. Eso de que la gente trabajadora se compre coches y vaya a sitios de vacaciones hay a quien le molesta, y para mí esta crisis viene para poner a cada uno en su sitio porque algunos así lo querían. Esto es lo que pienso.

Quienes legislan en cultura tienen poca espiritualidad

P. ¿Llegaremos a ver una democracia en Cuba?

R. Me gustaría mucho que cambiaran las cosas allí. Pero me gustaría que se quedara como está lo que funciona, como la educación, la sanidad, la cultura, el deporte,  y que cambie lo que no, pero me temo que eso es imposible. Lo que yo he visto que ha pasado en otros países socialistas es la balanza, lo de siempre, y entonces se va al otro extremo y se arrasa con lo que había.

P. ¿Quedan muchos comunistas en Cuba?

R. Ay, Marta, ¿sabes que no tengo ni idea?, hace tanto tiempo que no voy. Creo que comunistas ya ni Fidel. Cuando triunfa la revolución ellos no eran comunistas. El partido comunista en Cuba era minoritario y estaba mal visto. La construcción del socialismo viene de que se nos meten en el 61 los americanos por Bahía Cochinos y Cuba pide y Rusia le dice, vale, pero vamos a tener una potencia socialista enmedio de todo esto. Fue un acuerdo de supervivencia, realmente. Y luego toda esa doctrina traída que por suerte para Cuba no funcionó como en Rusia. El socialismo revolucionario sí prendió entre la sociedad cubana porque  Fidel tiene el don de la palabra y el poder del convencimiento y la gente creía ciegamente en él. Es posible que él, en algún momento comenzara a creer en eso, ¿por qué no? si sobre el papel es súper bonito, por mucho que la gente rica lo vea fatal porque solo quiere enriquecerse. Pero para la gente normal, eso de que cada cual haga según su trabajo, su capacidad, solo coger lo que necesitas, oye qué mejor, todo el mundo tiene acceso a todo, yo creo que no hay nada mejor. Pero otra cosa es la realidad.

Me gustaría mucho que cambiaran las cosas en Cuba. Pero me gustaría que se quedara como está lo que funciona, como la educación, la sanidad, la cultura, el deporte,  y que cambie lo que no, pero me temo que eso es imposible

P. Volviendo a la orquesta, ¿es muy dura la convivencia entre los egos de medio centenar de artistas?

R. No, no, bueno. Cualquier grupo de personas cada cual hijo de su padre y de su madre, nacionalidades diferentes, culturas diferentes, yo creo que es complicado aparte del hecho de ser músicos. Además, si te fijas hay menos de un metro entre unos y otros y esa es una cercanía muy grande. En un colectivo es inevitable que haya problemas, personas que se levantan con el pie izquierdo, que son incapaces de autocontrolarse y todos hemos aprendido a canalizar nuestras frustraciones, aunque hay algunos que no.

P. ¿Os ha unido más esta situación dramática de la orquesta?

R.  Yo creo que sí, como debe de ser. Si no estamos unidos nosotros...

La construcción del socialismo en Cuba (..) fue un acuerdo de supervivencia, realmente

P. El muro de seriedad y pompa trascedente que envuelve a la música clásica ¿aleja a muchos espectadores?

R. Pues esa pregunta no me la había hecho yo nunca. Es posible, no sé. Nosotros intentamos hacer la música accesible a todo el mundo, ¿te parece que no?

P. Creo que la orquesta ha creado profundos hábitos culturales en la ciudad, pero también que hay muchos que tienen miedo a la música clásica por el aparato de solemnidad que la rodea

R. Pero pienso que es también falta de conocimiento y contacto, de no haberla escuchado. Los conciertos didácticos que hemos hecho durante tantos años han convertido a muchos niños en espectadores de adultos. Con que solo uno vea la música con naturalidad de cada colegio que ha pasado por aquí me doy por satisfecha. Y algo habremos conseguido porque los conservatorios están llenos y hay interés por la música en la ciudad.

Algo habremos conseguido porque los conservatorios están llenos y hay interés por la música en la ciudad

P. Eres profesora invitada de la orquesta joven de Andalucía ¿Hay mucho talento aquí?

R. Yo creo que sí, talento en general para el arte.

P. ¿Eres feliz en Córdoba?

R. Sí. ¿Sabes lo que me gusta muchísimo? los paseos por las calles de la Mezquita, por esas calles pequeñitas, tan diferentes a las calles cubanas. Pasear por el río y toda esa zona al atardecer, que parece que te transportas a otra época, me parece un privilegio. También me encanta la sierra, así que Córdoba me parece un lugar estupendo en el mapa.

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