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Miseria, represión… y al régimen no le agrada el Concurso

Los Patios de Córdoba, testigos de la Historia (1939)

Rafael Ávalos

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De nuevo, sufre su desaparición del calendario festivo de la ciudad. Aunque esta vez es por un motivo muy diferente. En 1921, la pobre respuesta en participación y difusión en prensa provocó que un año después no se celebrara. En 1936 se cerró un ciclo de cuatro ediciones con motivo de la Guerra Civil, que encarnizadamente se desarrolló en España durante un trienio. En realidad, en Córdoba, la capital, no se produjo conflicto bélico alguno. Pero la situación era crítica, sobre todo en materia económica. Fueron estos los factores por los que el Concurso de Patios dejó de existir hasta 1939, cuando en mayo el nuevo régimen ya era un hecho. Comenzaba el franquismo en ese instante y el primer alcalde de ese largo y sombrío período, José María Verástegui Jabat, quiso recuperar un certamen que aparecía como testigo obligado de la historia del país.

No eran buenos momentos para Córdoba, que padecía una terrible represión por parte de los nuevos poderes. A pesar de que cayó en manos de los golpistas, a la postre vencedores de la guerra, en apenas unas horas el 18 de julio de 1936, se contaron por miles los muertos. Primero, con una etapa conocida como el ‘Terror de don Bruno’, en relación al entonces Jefe de Orden Público de la capital. Bruno Ibáñez personificó la barbarie en este caso y lo hizo con centenares de fusilamientos hasta el 27 de febrero de 1937, en que, según versión oficial, fue destituido de su cargo. Sin él, la represión prosiguió hasta después de proclamado el nuevo régimen. Más de 4.000 personas, de la provincia pero sepultadas en fosas comunes de la ciudad, fueron ejecutadas. Así, el interés de los residentes en casas-patio, como el resto de habitantes, estuvo más en la supervivencia que en celebrar nada.

Por si fuera poco, el hambre acuciaba. Y ha de recordarse que en aquellos años las tradicionales viviendas albergaban a familias humildes, lo que hacía más lógico si cabe que no hubiera evento durante dos años. Sin embargo, tras concluir la Guerra Civil el 1 de abril de 1939 a favor de los rebeldes encabezados por Franco, el primer edil de Córdoba consideró oportuno devolver a la agenda de mayo el Concurso de Patios. Lo hizo, eso sí, para ensalzar la figura del dictador. «Nuestra población y quienes con tal motivo con su presencia la honren, celebrará la Victoria de España sobre las hordas rojas», expresó José María Verástegui Jabat antes de la cita. No sólo relacionó con la llamada Fiesta de la Victoria el certamen sino también la Feria de Nuestra Señora de la Salud. Se trataba de una utilización de las tradiciones.

Propaganda y hambre

Lo curioso es que la iniciativa no fue bien acogida por el régimen. O al menos por sus afines en la ciudad. Como muestra, las duras palabras que escribió el periodista José Sánchez Garrido los días previos al evento. El plumilla criticó que los patios estuvieran cargados de «adornos superfluos y de innecesarios maquillajes» y aseveró que estos parecían más «un museo de retratos o exposición de emblemas». Reclamó espacios «al natural, sin más abalorios, sin tirabuzones de papel ni farolillos a la veneciana, porque entonces dejará de llamarse patio cordobés». Tales líneas las publicó en Azul, un periódico que apenas hizo seguimiento del certamen. Cabe señalar que este diario surgió en septiembre de 1936 tras incautar La Voz de Córdoba y que, como éste, ya no existían El Defensor de Córdoba y Diario de Córdoba, extintos en 1938.

Azul, que en 1941 dio paso al actual Diario Córdoba -vigente decano de la prensa en la provincia-, era un órgano de Falange Española (FET de las JONS). Resulta no poco significativo que, por tal motivo, no otorgara relevancia al Concurso de Patios. A la vez, en una revisión más pormenorizada de sus números de la época, es fácil de entender al comprobar que apostaba por la propaganda más que por la información. Sin ir más lejos, el 25 de mayo titulaba a página completa «Córdoba en Feria» y el resto de la composición no ofrecía detalles sobre la celebración. De un lado, un texto editorialista, «Ritmo y norma de la ciudad», en que se hacía ver que la fiesta era posible gracias al triunfo del bando sublevado. De otro, la imagen de un busto escultórico de Franco con un lema: «Allí donde haya una alegría, o un afán de mejora en la patria, o un destello de tradición, la figura del que salvó a España estará en los corazones y en los labios el grito de ¡Franco, Franco, Franco! ¡Arriba España!». Y debajo, para culminar la escena, una fotografía del dictador con un pie explicativo de un acto.

En cualquier caso, la ciudad volvió a tener por unos días una cita que, hasta la fecha, parecía estar destinada al fracaso. No obstante, este hecho no suponía una felicidad plena debido al contexto. Porque, además, la miseria crecía en toda España. Tanto es así que mientras tenía lugar el Concurso de Patios se decretó en el país una estricta medida de compraventa de alimentos. «Se establece el régimen de racionamiento en todo el territorio nacional», tituló Azul una información respecto de una norma recogida en el Boletín Oficial del Estado (BOE) que se vendía como decisión para «impedir tendencia al acaparamiento de algunas mercancías». Realmente resultaba de una enorme crisis de producción y abastecimiento, que provocó durante tiempo una gran hambruna. La noticia apareció el 18 de mayo de 1939.

Un Concurso de circunstancias

Visto el contexto, no se daban, precisamente, las circunstancias más propicias para la celebración de ningún tipo de acto. Probablemente por esta razón el Concurso registró el segundo peor dato de participación de su historia, hasta los días actuales. Apenas diez casas-patio intervinieron en el certamen, un número sólo superado, en negativo, por el de su edición inaugural -la de 1921, por si se olvidó-. Más allá de la durísima realidad, el primer premio lo recibió una vivienda emblemática en los primeros años del evento: el 15 de Badanas, en el barrio de San Francisco. Otro recinto muy recordado, el 32 de Mayor de Santa Marina, obtuvo el segundo galardón. Como curiosidad, uno de los dos terceros lugares fue para un edificio situado fuera el casco histórico: el 3 de López de Alba, en el Zumbacón.

Tercero en el palmarés de 1939 fue también, porque en efecto hubo dos, el 87 de la calle Don Rodrigo. A estos cuatro espacios se sumaron, en lo que a bonificaciones se refiere, otros seis que recogieron un cuarto premio. De todo ello informó, de manera escueta y sin apenas más apuntes que el fallo del jurado, el diario Azul el 21 de mayo. Al menos, el periódico recogió la dicha del primer edil con el Concurso en las escasas líneas que le dedicó ese día. «El señor alcalde y los señores vocales del jurado calificador se complacen en expresar públicamente su satisfacción y reconocimiento por la eficaz cooperación del vecindario, que ha concurrido decididamente con un buen gusto y un sentido tan adecuados que han producido el resultado que se pretendía», narró la publicación.

Curiosamente, de nuevo, José Sánchez Garrido, tan crítico días atrás, fue miembro del grupo de personas que debían decidir el reparto de premios. Y también curiosamente varió el mensaje que del evento se lanzaba desde el periódico, que resaltó el hecho de que aportó durante mayo «la demostración de la sencilla, peculiar belleza de los patios cordobeses». La tardía, sólo aparentemente, recepción favorable de la fiesta se sucedió con otro parón de la misma. De hecho, los clásicos recintos no tuvieron protagonismo en el mes festivo de Córdoba, otra vez, hasta 1944. En su regreso ya funcionaba el Noticiario Documental, más conocido como el No-Do, que en 1948 registró por primera vez una visita oficial de Franco a la capital. Ahora bien, ésta es otra historia, es posible que sea la siguiente relacionada con el Concurso de Patios…

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