Dorado, un cordobés experto en ascensos

'Chechu' Dorado, en un partido con el Rayo de la pasada campaña | LFP

Vuelve a Primera. Una categoría en la que debutara tarde pero que ya conoce bien. Casi tanto como la celebración que motiva un salto de categoría. Una materia ésta en la que es experto, porque Chechu Dorado acumula hasta cuatro en su trayectoria. El veterano central está de enhorabuena tras la recién acabada Liga en Segunda A al ser partícipe del retorno a la élite del Rayo Vallecano, un equipo del que además es hoy por hoy pieza clave. Precisamente el ascenso logrado con el cuadro madrileño es el tercero que alcanza y festeja a la máxima categoría del fútbol español. No en vano, ya sabe lo que es devolver a un equipo a la competición en la que están los grandes y los gigantes. Ésta es la tercera vez que sube de escalafón desde Segunda A tras hacerlo con el Betis -de la mano de Luis Oliver, por cierto- y el Villarreal. Dos alegrías que llegaran años después de aportar su granito de arena para que el Huesca, que en unos meses va a debutar en una clasificación con Barcelona y Real Madrid, estuviera al fin en la división de plata.

José Antonio Dorado Ramírez (Córdoba, 1982) es uno de esos futbolistas que pasan habitualmente desapercibido. Al tiempo es de los que trabajan de manera incansable y notable. Un hombre al que las puertas de El Arcángel se le cerraran en su etapa de formación y que encontrara en Zaragoza, tras defender al Séneca, una vía para crecer en el verde. Con el filial del conjunto maño compitió, a partir de los 18 años, durante cuatro temporadas en Segunda B. Fue antes de viajar a Catalunya para enrolarse en un Lleida en el que vivió el más amargo trance del fútbol: en su segunda campaña descendió de Segunda A, una categoría a la que regresó un curso después con la camiseta del Huesca. Ocurrió en verano de 2008, tras el intento frustrado de ascenso de los aragoneses el curso 2006-07. Entonces el Córdoba arrebató a los azulgranas el salto a la división de plata, en la que volvió a jugar el zaguero como hombre importante en El Alcoraz.

En la escuadra oscense militó tres temporadas, antes de que el Betis le llamara para un ambicioso proyecto de inmediato retorno a Primera. El encargado de reclutarle fue un tal Luis Oliver, quien también captó a Rubén Castro o Jorge Molina entre otros para un equipo que dirigió Pepe Mel. En efecto, el actual director general deportivo le sumó a la historia del conjunto heliopolitano, que la campaña 2010-11 ascendió con cartel de campeón en Segunda A. Por detrás terminó el que hoy es hogar de Dorado, un Rayo Vallecano que entrenaba José Ramón Sandoval, el hombre milagro para el Córdoba de la 2017-18. Fue entonces cuando tuvo la oportunidad de debutar en la élite y coger un tren que creía ya se le había escapado mientras miraba desde el andén. El curso de su estreno lo disfrutó en el césped al disputar 33 partidos de Liga, pero el posterior hubo de buscar acomodo. Lo encontró en un Villarreal que quería volver a estar entre los grandes también por la vía rápida.

Y en el conjunto castellonense firmó su tercer ascenso a Primera. Aunque no pudo gozar de más minutos de los que hubiera podido sumar debido a una lesión. Tras el salto de categoría, Chechu Dorado continuó en el Madrigal dos temporadas más. Ya en la 2015-16, con Paco Jémez en el banquillo, fichó por el Rayo Vallecano, entonces en la máxima división del fútbol español. Apenas participó en diez encuentros ligueros. En la 2016-17, de nuevo en Segunda A, pudo elevar sus guarismos. Pero fue el curso pasado cuando definitivamente obtuvo un rol relevante en el cuadro madrileño. Míchel le convirtió en pieza clave y el cordobés jugó un total de 38 duelos de la competición, de forma que se hizo partícipe claro del retorno de los franjirrojos a la élite. Todo en el momento en que va camino de los 36 años, edad que alcanza con una advertencia: tiene mecha para rato.

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