Los últimos vestigios de la crónica negra de Córdoba

El delegado de Cultura, de la Junta, Francisco Alcalde, junto a investigadores del Archivo Histórico Provincial y el documento judicial acerca de la niña que intentó envenenar a su marido
El Archivo Histórico Provincial exhibe un documento del Fondo Judicial de Rute relativo a una niña que quiso envenenar a su marido en 1676 |

En 1676 María Josefa de Villodres, más conocida en Rute como Mariquilla la de los Villodres, decidió matar a su marido, Diego Rodríguez de Casasola. Recién casada con solo 12 años, la chiquilla quiso así poner fin a un matrimonio que solo había durado una semana. Tiempo suficiente para que la niña optase por envenenar al hombre con un matarratas de la época. Toda esta desventura –y otras que narraremos a continuación– fueron plasmadas en una Causa de Oficio que la Real Justicia, representada en la figura del corregidor de Rute, levantó contra la menor. Ese documento excepcional, que se guarda en el Archivo Histórico Provincial de Córdoba, se expone este mes en ese organismo de la Junta dentro de un programa de divulgación.

“No es frecuente encontrar Causas de Oficio de carácter criminal porque se trataban de delitos que prescribían y una vez condenados carecían de valor en la época”, cuenta Alicia Córdoba, directora del Archivo Provincial. “Por eso, a diferencia de los documentos notariales, hemos perdido casi todos los documentos relativos a la historia y crónica negra de la capital”, lamenta.

En la provincia, la tónica ha sido parecida. Pero una excepción es el Fondo Judicial de Rute, una montaña de libros y legajos cuyo olvido garantizó que perduraran documentos jurídicos fechados entre el siglo XVI y el XX. “Ese fondo está siendo estudiado por el investigador Miguel Ángel Sánchez y allí hemos encontrado la historia de la niña Mariquilla”, prosigue la directora del Archivo.

Pero encontrar esa clase de tesoros de la vida cotidiana más criminal del momento no es lo frecuente. Los documentos de casos ya prescritos o bien se destruían o se reciclaban. “A veces se cosían a otros documentos o a libros oficiales simplemente para reforzar las tapas u otros documentos de más valor. Pero gracias a esta práctica, en algunas ocasiones se han descubierto casos enteros al despegar los legajos”, se felicita Alicia Córdoba.

Aun así, es un hecho que la historia negra de la capital y la provincia se está perdiendo. Por eso los investigadores valoran tanto historias que aún perduran, como el caso de Mariquilla y Diego Rodríguez. En la Causa de Oficio que ordenó escribir el corregidor de Rute se relata cómo la niña encargó a una amiga suya de juegos –de solo seis años– que fuese a un comercio a comprar rejalgar, un matarratas de origen mineral que cuenta con la presencia de cianuro. Disimulado en un azucarillo, Marquilla se lo proporcionó a su marido después de comer. Al rato, el hombre empezó a tener ardores, náuseas y vómitos de “colores azules, amarillos y, entre medias, algunos encarnados con puntos negros como de pimienta”, nos cuenta él mismo en la Causa.

Diego sobrevivió, pero casi que a su pesar. Y es que, la condena a su esposa –un año de reclusión en la Casa de Recogidas de Baeza– fue acompañada de una multa de 6.000 maravedíes. Para hacer frente a ese gasto, la Justicia ordenó el embargo de los bienes de la niña, es decir, la dote de su matrimonio, que dejó arruinado al marido. Arruinado, enfermo y solo. Por cierto, que a las dos mujeres que vendieron el rejalgar no les fue mejor, pues debieron de pagar 2.000 maravedíes por cabeza de multa.

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