La reposición o uso de la celosía de la Mezquita sigue en el aire a un mes de la Cuaresma

La ‘Borriquita’, en el interior de la Mezquita Catedral

El 2 de marzo arranca la Cuaresma. El 10 de abril será Domingo de Ramos. Las cofradías se preparan, con incertidumbre, para la Semana Santa. Algunas cuadrillas de costaleros han retomado los ensayos, al igual que ya lo han hecho las bandas de Semana Santa. Pero lo que sigue sin estar claro es qué va a pasar con la segunda puerta de la Mezquita Catedral. ¿Se podrá usar? ¿Se repondrá? ¿Afectará a la carrera oficial en el Patio de los Naranjos?

Este viernes, la Fiscalía Provincial de Córdoba comunicaba el archivo de las diligencias de investigación abiertas para determinar si ha habido responsabilidad penal en la autorización de 2015 que firmó la Consejería de Cultura para permitir la retirada de la cuarta celosía de Rafael de la Hoz en el muro norte de la Mezquita. Esta retirada se hizo para añadir un nuevo uso al monumento: facilitar el tránsito de procesiones en el interior del templo durante la Semana Santa. En su archivo, la Fiscalía recuerda que el proceso en el Contencioso Administrativo cuenta con una sentencia que es firme: la nulidad de la autorización para la retirada de la celosía. Pero, en la práctica, ¿qué significa?

Según ha podido saber este periódico, tanto la Gerencia Municipal de Urbanismo del Ayuntamiento, como la Delegación de Cultura de la Junta y el Cabildo Catedralicio están buscando una respuesta, pero de momento no la encuentran. La sentencia, ratificada por el Tribunal Supremo, no ordena la reposición de la celosía, sino que anula la autorización para retirarla. Es decir, el proceso administrativo debería volver al punto de partida de 2015, pero hay un problema: la celosía ya no está, se cortó en diez pedazos, sus restos están en un almacén y reponerla es de todo menos fácil.

Ahora mismo, el vano sigue abierto en el muro norte de la Mezquita y tapaco con un vinilo, una fotografía gigante de la celosía retirada. Urbanismo se inclina más por la opción Sagunto. En los noventa, un diputado del PP denunció al alcalde del PSOE y a la Consejería de Cultura de la Comunidad Valenciana (también socialista) por la restauración del teatro romano de esta localidad. La restauración fue una reconstrucción (algo prohibido en la Ley de Patrimonio). El objetivo era poder usar el antiguo teatro como espacio escénico. Tras una lucha de décadas, los juzgados le dieron la razón al diputado del PP. Pero finalmente se impuso una tesis: destruir lo construido iba a ser peor que dejarlo todo como estaba. Así que el teatro romano de Sagunto está hoy tal y como lo construyó el antiguo ayuntamiento socialista. Eso sí, la única victoria del diputado del PP fue judicial.

En Urbanismo se argumenta que reponer la celosía puede ser peor que dejar el vano abierto. Pero de momento, esta tesis no está por escrito. Los técnicos sostienen que la celosía ya es imposible que vuelva a ser como antes, pues está cortada en diez trozos. Y que habría que poner una nueva, no la original.

Pero hay otra pregunta aún sin respuesta: ¿la sentencia anula también la autorización para usar la segunda puerta? Más que la reposición, ésta es la opción que más preocupa al Cabildo y que más puede afectar a la Semana Santa. El vano está abierto, pero la sentencia puede dar a una interpretación jurídica que eso no es una puerta y que la Mezquita Catedral de Córdoba debe tener los mismos usos que antes de la retirada de la celosía. Es decir, que el monumento tiene las puertas que tiene y que por tanto la Semana Santa tendría que adaptarse a esas circunstancias.

A un mes de la Cuaresma, las dos preguntas siguen sin respuesta. Lo que sí que se da por descontado es que pandemia mediante habrá Semana Santa. Será diferente, con mascarillas y test de antígenos. Otras ciudades están recomendando que las procesiones desfilen por grandes avenidas para evitar aglomeraciones. Eso podría provocar un cambio de la carrera oficial en el interior del Patio de los Naranjos. Pero ésta es otra decisión que tampoco está tomada, aunque las cofradías cordobesas, casi de manera unánime, optan por seguir en el casco histórico.

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