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María Cañas y el poder de las imágenes

María Cañas.

Marta Jiménez

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María Cañas es La Archivera de Sevilla. Una artista visual y cineasta que ha optado por trabajar sin cámaras. Practica la videomaquia, un concepto inventado por ella que consiste en el arte de lidiar con nuestro imaginario y con el detritus audiovisual que nos rodea, saltándose los derechos de autor a la torera. Una creyente del first use norteamericano de las imágenes, que con fines paródicos, didácticos, educativos y no comerciales, se pueden reinventar y volver a codificar otros mensajes y otros discursos. Esos “otros” discursos y su estética se han paseado por multitud de festivales, ferias, eventos, centros de arte, museos y galerías nacionales e internacionales, donde Cañas ha recibido numerosos premios. Y ese periplo también la llevó hasta Almedinilla.

Hace ahora un año recibió la llamada del comisario y artista cordobés Juan López para invitarla participar en la décima edición de El vuelo de Hypnos, dedicado a los diálogos entre patrimonio y arte contemporáneo. “Un proyecto interesantísimo para activar el pueblo con el arte contemporáneo y darle cabida a lenguaje más experimentales”, cuenta la artista ciberyonki por teléfono desde Sevilla.

María viajó en enero a Almedinilla con sus compañeros de la última edición, los artistas Luis Carrasco y Javier Artero, y describe como “sabiduría e inspiración” las rutas por el paisaje y el patrimonio que les hizo su cicerone, Nacho Muñiz Jaén, director del Ecomuseo del Río Caicena-Museo Histórico de Almedinilla. Él puso la semilla de su corto Campo de sueños, proyectado el pasado verano durante el Festum celebrado en la localidad, que también ha participado en las secciones Resistencias y Panorama Andaluz de la última edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF).

En aquella visita invernal a la Subbética, María apuntó en su libreta historias de filosofía, mitología y hasta santeros, lo que dio como resultado “un videoarte muy tremendo”. Campo de sueños es un homenaje a la cultura de Hypnos y a los sueños, “sueño que podría ser una pesadilla o el principio del mundo”, según Cañas, a quien le salió “este espejismo al borde del abismo, un sueño realmente en el que está el dormir, el despertar, el amor, el desamor... con el que o te entran ganas de follar salvajemente o de suicidarte”.

En agosto, en el Festum romano de Almedinilla, María vistió toga y compartió banquete con el mismísimo Rafael Cremades. Su corto se proyectó en una pared del Ecomuseo, “en petit comité”, y la gente “se maravilló” con esta obra que finaliza con una cita de Edgar Allan Poe: “Sueños, esos fragmentos de muerte. ¿Cuánto los odio!”. Lo mismo ocurrió en el SEFF con Campo de sueños, en las dos secciones en las que participó el cortometraje. “Me gusta más hacer reír a la gente que agobiarla, pero así me ha salido y a la gente le ha gustado”, dice la videartista que se define con una vertiente más “graciosa y punkorra” y otra más “gótica y melodramática”, dependiendo de lo que el corazón le vaya pidiendo y cómo esté de ánimo.

Con una ayuda a la producción de 1.500 euros, el video es propiedad de la Fundación de Artes Plásticas Rafael Botí, entre otros patrocinadores de la cita de Almedinilla, y a la artista le “encantaría” que se exhibiese en Córdoba. Mientras tanto, esta doctora Frankenstein seguirá expresándose con el fotomontaje y el videocollage, “siguiendo los caminos ya trazados, buscará un nuevo camino”, como decía la madre de Frankenstein, Mary shelley.

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