Crónica de una visita (guiada) al Patrimonio Contemporáneo

Rafael Agredano. 'Detrás de un hombre inteligente siempre hay una mujer inteligente (Serie Retratos del artista como un poquito jesuita)', 1993-1996
Los Amigos de Medina Azahara organizan una visita a la muestra 60 años de Arte Contemporáneo en Córdoba guiada por su comisario, Ángel Luis Pérez Villén| El resultado, seis décadas de modernidad que sumar al patrimonio artístico de la ciudad

60 años de Arte Contemporáneo en Córdoba

Hasta el momento el testigo del arte contemporáneo en la historiografía local se situaba en torno a 1957 –año de fundación de Equipo 57-, pero una exposición de las denominadas magnas, montada en cinco salas de la ciudad hasta el próximo 15 de febrero, ha venido a adelantar esa fecha hasta 1953, año en que el pintor Antonio Povedano y el arquitecto Rafael de La Hoz programaron la primera exposición con el título de “Arte Contemporáneo” en el Círculo de la Amistad. 60 años después, una amplia exposición reúne a 119 autores y 229 obras para exclamarle a la ciudad que también existe un patrimonio artístico de nuestro tiempo, que cuenta nuestra realidad con un lenguaje contemporáneo y que posee más de medio siglo de trayectoria histórica en la ciudad.

Precisamente una asociación conectada con el pasado andalusí, Amigos de Medina Azahara, organizó a finales de este año una visita guiada a la muestra narrada por su comisario, Ángel Luis Pérez Villén, y a la que acudieron algunos de los artistas participantes, tal vez con el propósito de ser coherentes con lo que proclamaba Eugenio D´Ors: “El arte contemporáneo es, o un aprendizaje, o una farsa”. La ruta, que recorrió tres de las cinco salas de la exposición, comienza en la sala Galatea de la Casa Góngora.

En su explicación introductoria, el comisario aclara que ha intentado “darle sentido a lo que no lo tiene” a la hora de ordenar la muestra. También, que se trata de una exposición de encargo -por parte del Ayuntamiento- “celebratoria y no de tesis”, que iba a reunir a 70 artistas al principio y que finalmente se decantó por ser “abierta y generosa” con los creadores que han tenido relación con la ciudad en las últimas seis décadas. El objetivo ha sido el de mostrar, “desde un enfoque plural y riguroso”, lo más destacado de la producción artística cordobesa.

Abstracciones 

El relato se inicia con “el núcleo fuerte” de lo que se entiende por la renovación artística española a mediados del siglo pasado, la abstracción. La riqueza y diversidad de esta tendencia es evidente en Córdoba y se muestra en dos salas de la Casa Góngora. Para comenzar, un gouache colectivo de Equipo 57. Uno de sus miembro, Juan Serrano, también presidente de los Amigos de Medina Azahara, está presente en la visita guiada pero prefiere escuchar las explicaciones de Pérez-Villén “que sabe más del Equipo que nosotros mismos”, expresa con humildad. Se habla de la obra como elemento del proceso, de sus inflexiones, del uso del color y del dinamismo del grupo pionero en la vanguardia que ha dado la ciudad. Una escultura del propio Serrano en la misma sala nos lleva a reflexionar sobre el espacio-masa y el espacio-aire.

Otro artista, Jacinto Lara, sí se atreve a hablar de su escultura de hierro Haiku I, colgada en la pared. Habla del “menos es más” y de su influencia oriental, del principio de perspectiva y de entender cómo las sombras forman parte de la propia obra. “Lo importante es el proceso”, sentencia el artista de Fernán Núñez, “la pieza y su exposición tienen que ver con el otro mundo del arte”, en referencia al universo del mercado y las exposiciones.

En la segunda sala el espectador puede sorprenderse al encontrar fotografía. Una serie personal de tres obras de Juan Vacas dan buena muestra de que la abstracción no es patrimonio exclusivo de la pintura. Pérez-Villén explica que la fotografía “nunca” ha estado considerada “al mismo nivel” que las demás disciplinas plástica y que de algún modo esta exposición quería “hacer justicia” con los fotógrafos más destacados de la ciudad. Y Vacas es el maestro.  El comisario nos invita a jugar en la sala y a buscar diálogos entre las obras, mientras reivindica a Alfonso Ariza como nuestro particular Chillida; alaba la visión de la campiña en una obra de Cristobal Povedano, la sutilidad  de la pintura “que nunca acaba de posarse” de Juanjo Caro o los planos de color, “que no lo son”, en una pintura de Antonio González, estos dos últimos,  y en silencio, presentes en la sala.

Piezas significativas de la abstracción geométrica junto a obras gestuales e informalistas, así como derivaciones posteriores y actuales de 14 artistas se desdibujan en esta primera parada de 60 años de Arte Contemporáneo en Córdoba.

(Prosigue el texto abajo de la imagen)

Cartografías de la figura

Las tres salas de la Fundación Antonio Gala guardan el “campo abierto a la expresión personal” con la llamada nueva figuración, una tendencia que es cajón del informalismo, el pop-art, el expresionismo o el surrealismo. En la primera toma el espacio, y tomó en la visita la palabra, la artista japonesa afincada en Córdoba Hisae Yanase, para hablar de su serie Sango, seis esculturas realizadas con terra sigilata y objetos encontrados. La artista quiere llevar al espectador al “fondo abisal” con esta obra en la que reflexiona sobre el azar porque “no todo debe ser premeditado”. Yanase reconoce que en ella hay fragmentos de su pasado y que quiere “activar la imaginación” a través de las conchas o las flores que conforman esta obra pensada “para disfrutar”.

Paisajes, bodegones, vistas cenitales y figuras que se mezclan con otros lenguajes, como en Dormitorio niños, de Ángeles Alcántara, otra de las artistas que acompañan la visita guiada, se suceden en el espacio. Destaca en la tercera sala la vitrina que guarda los libros de artista desplegables de Antonio Damián, Instrucciones prácticas para que mi casa no sea una jaula, mi ciudad no sea una jaula y mi país no sea una jaula.

La expresión personal, y por tanto heterogénea, que mezcla fotografía, pintura y escultura reúne en esta sede a artistas tan diferentes como Concha Adán Zurera y Mariano Aguayo; Luis Celorio y Mariló Fernández Taguas; María Teresa García López y Pepe Puntas; o Antonio Rodríguez Luna y Rafael Trobat.

Cambio de paradigma

La sala Vimcorsa es el lugar de la posmodernidad -que comenzó a finales de los 70- en esta muestra. 40 artistas de absolutamente todas las disciplinas, incluida la videocreación y la instalación, además de diferentes generaciones, se dan cita en la última parada a la que se invita al visitante. Dividida en cuatro capítulos, las obras nos acercan “al arte después del fin del arte”, según su comisario.“Carecemos de certezas y navegamos a la búsqueda de respuestas que no acaban de llegar, sólo la experiencia de la creación constituye el único credo artístico”.

Posmodernismos dibuja el primer capítulo de lo que encierra la sala con los artistas de los ochenta. La influencia del cómic en la obra de José María Córdoba, la abstracción blanca de Miguel Cossano, o el expresionismo de Antonio Villa-Toro dan buena cuenta de “la efusividad del momento”. José María García Parody también cuelga una pintura en este apartado, que recuerda al post-impresionismo francés, ya que el artista “vuelve a la historia del arte para coger lo que puede”, según Pérez Villén.

Rafael Agredano otorga “fina ironía” con Detrás de un hombre inteligente siempre hay una mujer inteligente (Serie Retratos del artista como un poquito jesuita), una fotografía en la que muestra a un sacerdote envuelto en una boa de plumas rojas. La imagen pertenece a Imposturas e identidades, cajón en el que también entran Pepe Espaliú con un dibujo de su serie Patrones; Miguel Moreno Carretero, Marisa Vadillo o los videos de Verónica Ruth Frías y Beatriz Sánchez.

Una fotografía del pasillo exterior de un edificio en el que casi entra la vegetación y que remite al paisaje desolado tras una catástrofe nos sorprende al leer la cartela: “Pasillo exterior. ETSIAM, 2009”. La imagen de la abandonada Escuela de Agrónomos firmada por Manuel Muñoz Morales apela a la memoria y se antoja como una metáfora de la ruina, física y cultural, que amenaza a esta ciudad. Pertenece al capítulo expositivo Lugares señalados, y dialoga con las Gárgolas de Miguel Rasero, la fotografía de Antonio Jesús González o la pintura de Miguel Gómez Losada.

Finalmente, aunque en el primer espacio de Vimcorsa, descubrimos que El medio no es el mensaje o que la falsa apariencia de un ensimismamiento disciplinar no es tal. Como en Espejo retrovisor de la historia, de Tete Álvarez, una investigación en torno al carácter especular y especulativo de la imagen; o la serie Sit tibi terra levis, de Nieves Galiot, en donde la célebre inscripción latina que aparece en muchas estelas funerarias del mundo clásico, le sirve a la artista para reflexionar sobre el paso del tiempo (tempus fugit); una ventana artificial en la que el cristal ha sido sustituido por un monitor que nos permite ver el tiempo pasar ante nosotros de una manera acelerada y nos invita a que, mediante post-its, vayamos integrándonos en él, hasta que llegue un momento que la saturación de notas escritas impida verlo, es la aportación de Daniel Palacios a la muestra; El fotoperiodista cordobés Gervasio Sánchez está presente en la exposición con una imagen de su serie Vidas Minadas que muestra el drama de las minas antipersona en diferentes territorios.

Fernando Baena, Goval, Pablo Prieto o Rafael Quintero también forman parte de este último y plural capítulo.

Realismos y Retratos del gesto

Al despedir la visita guiada, tras dos horas y media de aprendizaje sobre arte contemporáneo cordobés y lo que éste ha dado de sí desde el principio de la modernidad artística en la ciudad, el comisario nos deja “a ciegas” para las dos salas que restan: la Julio Romero de Torres en el Círculo de la Amistad y la de exposiciones de Cajasur-Gran Capitán. En la primera nos aguardan los realistas Miguel del Moral y Ginés Liébana; Marcial Gómez y Julia Hidalgo o Pepe Jiménez y José Carlos Nievas. En Cajasur, Aguilera Amate, José Duarte, Antonio Povedano o Rita Rutkowski nos recordarán un patrimonio que sumar al histórico que recoge la ciudad: el contemporáneo. Seis décadas ordenadas de forma subjetiva, como no podría ser de otra forma, que ya son un documento histórico para el arte cordobés por la profesionalidad museológica que muestra y la dignidad con la que se exhibe la obra de arte.

Etiquetas
stats