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Vigilancia Aduanera alerta de la “brutal” expansión del cultivo de marihuana en Córdoba

Plantaciones de marihuana

Alejandra Luque

22 de octubre de 2026 19:57 h

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El tipo de droga que se mueve por Andalucía es diferente según la provincia en la que estemos. En las zonas de costa, el hachís y la cocaína son las sustancias estupefacientes predominantes. En el interior, la protagonista es la marihuana. Del contrabando de droga sabe bastante el jefe de Vigilancia Aduanera de Córdoba, Antonio Sánchez Jiménez, quien ha alertado de la expansión “brutal” del cultivo de la marihuana.

Así lo ha declarado esta semana en el marco de las Jornadas sobre Prevención del Fraude y Lucha contra la Corrupción, organizadas por la Oficina Andaluza Antifraude y celebradas en el Colegio de la Abogacía de Córdoba en colaboración con la Agencia Tributaria, donde el responsable aduanero ha detallado la radiografía del delito fiscal y el narcotráfico en la provincia. El balance expuesto en estas jornadas habla por sí solo. En lo que va de año, el organismo dependiente de la Agencia Tributaria ha participado en el desmantelamiento de unas 20 plantaciones de marihuana en la provincia de Córdoba, una cifra inédita.

Pero la marihuana que hoy germina entre las naves industriales y las fincas discretas de Córdoba no se queda en las calles de la ciudad. Forma parte de un engranaje logístico mayor, perfectamente articulado para la exportación. “Toda la marihuana que se está plantando no se queda aquí. La que se coge, los cogollos, se mete al vacío y se manda para Centroeuropa. Aquí se está consumiendo muy poca de la que se está plantando”, explica Sánchez, quien es jefe de Vigilancia Aduanera en Córdoba desde mayo de 2010.

La ramificación del negocio desborda, además, los límites provinciales. En colaboración constante con la Policía Nacional y la Guardia Civil, las pesquisas iniciadas en Córdoba han desembocado en grandes operativos regionales. Tal y como ha contado, ocurrió recientemente en la provincia de Sevilla, con entradas simultáneas en municipios como Marinaleda o El Palmar de Troya, donde se llegaron a registrar más de una veintena de inmuebles de forma coordinada: en todos ellos el resultado fue positivo, hallando entre dos y tres cultivos en cada casa. Un patrón que se repite en puntos calientes de la región como Granada, donde la actividad es “impresionante y con intervenciones todos los días”, asegura.

Agentes de Aduanas ante una plantación de marihuana.

Madrid como asentamiento de organizaciones criminales

Si la marihuana representa la cara más visible de la expansión delictiva en la provincia, el contrabando de tabaco también está muy presente. En la calle, el fraude fiscal que rodea al cigarrillo o a la picadura alcanza proporciones astronómicas, según los datos ofrecidos por Sánchez. “Una cajetilla que cuesta cuatro euros tiene más de un 80% de impuestos defraudados; lo que es la materia prima del tabaco no llega ni al 17%”, recalca este profesional, quien ostenta la Medalla de la Policía Local de Córdoba en su modalidad de Plata (2014) y la Cruz al Mérito Policial con Distintivo Blanco (2015).

En relación con las aprehensiones de picadura de tabaco en Córdoba, Sánchez ha asegurado que estas intervenciones han bajado porque las organizaciones delictivas, muchas de ellas dirigidas por redes radicadas en Écija, han comenzado a trasladar sus centros de procesado a Madrid y sus alrededores. “Allí se dispersan más que aquí, donde estaban prácticamente muy controladas. Antes era casi diario coger un centro de picado en el sur”, aclara Sánchez, quien pone también la lupa sobre la falta de colaboración de algunas agencias de mensajería que canalizan los paquetes: “Muchas viven de ese volumen de envíos”.

Durante su intervención, hizo alusión a algunas de las actuaciones llevadas a cabo desde Córdoba. En noviembre de 2025, una investigación conjunta entre Vigilancia Aduanera de Córdoba y la Policía Nacional de Écija tiró del hilo de una red que picaba tabaco en Talavera de la Reina (Toledo). El seguimiento de las furgonetas condujo a los agentes hasta Mogente (Valencia), a una antigua carpintería que había quedado arrasada e inutilizada tras el paso de la devastadora DANA. En la planta baja de aquella nave inundada, la red mantenía activa una fábrica clandestina con ocho trabajadores de nacionalidad bielorrusa y un cocinero marroquí. El balance: 185.000 cajetillas y 1.500 kilos de picadura incautados.

En otra de las últimas grandes operaciones contra el cigarrillo, desplegada entre Vigilancia Aduanera de Córdoba, la Policía Nacional de Écija y la Guardia Civil de Marbella, la pista se extendió por cinco municipios: Los Algarbes (La Carlota), Santaella, Écija y Marbella. Cuatro registros simultáneos se saldaron con 12 personas detenidas y 137.000 cajetillas intervenidas.

Entregas controladas a través de empresas de mensajería

Frente al volumen de la marihuana y el tabaco, la cocaína y el hachís discurren en Córdoba por otros cauces más reducidos. El patrón habitual de entrada son las entregas controladas de paquetería: sustancias que vuelan en aviones comerciales son interceptadas por los escáneres aduaneros en el aeropuerto de Madrid-Barajas -principalmente- y, con la correspondiente autorización judicial, se dejan seguir hasta su destino en Córdoba, donde los agentes supervisan la entrega antes de abrir el paquete. Es decir, en lugar de incautar la droga de inmediato en la aduana -lo que alertaría al comprador, por ejemplo-, los agentes solicitan al juez que la mercancía continúe su ruta ordinaria de mensajería bajo vigilancia policial.

Una vez coordinado el dispositivo con Vigilancia Aduanera en Córdoba, los agentes despliegan un seguimiento sobre el paquete en el momento exacto en que la empresa de mensajería efectúa el reparto en la dirección señalada. Posteriormente, tanto el arrestado como el envío precintado se trasladan ante el juez, en cuya presencia se procede a la apertura oficial del paquete y al pesaje de la droga.

Para luchar contra estos delitos, Vigilancia Aduanera cuenta en toda Andalucía con una infraestructura considerable: 147 vehículos terrestres (entre coches camuflados, furgonetas y motos), dos camiones de monitorización telefónica móvil, un camión escáner, la furgoneta de rastreo Medusa, cuatro helicópteros, una flota marítima de 44 embarcaciones y 21 drones. Todo este despliegue de medios busca equilibrar la balanza frente a unas organizaciones criminales cada vez más profesionalizadas. En una provincia como Córdoba sin frontera marítima ni aduana fija, el trabajo del equipo que dirige Sánchez Jiménez discurre a ras de suelo: “Estamos en la calle”, sintetiza el jefe del servicio. Una labor silenciosa de investigación y rastreo para evitar que el discurrir de la droga por el interior de Andalucía.

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