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De un tren cada seis minutos al vacío: Córdoba, centro neurálgico de la alta velocidad en Andalucía

Viajeros en la estación de trenes de Córdoba.

Alfonso Alba

30 de octubre de 2026 20:03 h

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La llegada de la alta velocidad a Córdoba en 1992 transformó la ciudad. Los primeros servicios de AVE volvieron a colocar en el mapa a un lugar histórico, la capital de la provincia de la Bética para los romanos y de Al Andalus para los musulmanes, que fue perdiendo importancia estratégica a medida que el Guadalquivir dejaba de ser navegable. Aunque Córdoba se mantuvo como la puerta de entrada al sur de la Península hasta el siglo XIX, la construcción del ferrocarril a través de Despeñaperros la volvió a desplazar.

La ciudad se reencontró con los viajeros, comerciantes, empresarios y trabajadores en 1992. Y con los turistas. La alta velocidad se trazó por dónde siempre había estado el camino que unía el norte con el sur, y abandonó Despeñaperros. En todos estos años, ha sido la estación de tren la que más personas ha movido y la que ha convertido a Córdoba en la segunda tras Atocha con más servicios de alta velocidad. Tantos trenes tiene que la estación Córdoba-Julio Anguita funciona como una parada de Metro de Madrid. Cada seis minutos llega o sale un tren. Cada ocho minutos lo hace un tren el alta velocidad.

Ahora, la mayor parte de ese tráfico ha quedado interrumpido a causa del accidente de Urda (Toledo). Como ya ocurrió en enero con el siniestro de Adamuz, ADIF ha cortado la alta velocidad al completo, sin fecha de cuándo podrá volver el servicio. En el caso de Adamuz, acaba de pasar la temporada alta de las navidades. Ahora con Urda el sector turístico cordobés está temblando por la cercanía de los puentes de diciembre y las navidades.

Asomarse a la estación de Córdoba es pasear por una especie de distopía. La misma que se vivió durante la pandemia del Covid 19. O la del día del apagón. Similar a la posterior al accidente de Adamuz. El enorme nudo ferroviario que es Córdoba, repartiendo trenes a Sevilla, Cádiz, Huelva, Málaga, Granada o Almería se ha interrumpido, sin fecha aún de regreso.

Estación de Córdoba un día después del accidente de Toledo

Un tren cada seis minutos

La dimensión de lo que ha perdido Córdoba se entiende mejor con los datos. Durante el puente de la Constitución de 2025, las compañías ferroviarias programaron 654 trenes con parada en la ciudad, una media de 163 servicios diarios. Para las Navidades de ese mismo año, Adif contempló 3.324 servicios de alta velocidad entre el 19 de diciembre y el 7 de enero, a una media de 166 trenes al día. En las franjas de mayor actividad, la sucesión de llegadas y salidas se parecía a la de una estación metropolitana de una gran capital.

No era una circunstancia excepcional de los días festivos. La oferta había crecido hasta convertir la estación cordobesa en una de las más activas de España. La competencia entre Renfe, Iryo y Ouigo, la ampliación de las conexiones y la consolidación del tren como alternativa al avión y al coche habían multiplicado las posibilidades de desplazamiento. La estación ya no vivía únicamente de los grandes éxodos de Semana Santa, verano o Navidad. También durante los días laborables era habitual encontrar andenes concurridos, viajeros que enlazaban servicios y pasajeros que llegaban a Córdoba para continuar su recorrido hacia otros destinos.

La frecuencia tenía una explicación geográfica. Córdoba se encuentra en el eje que une Madrid con Sevilla y constituye, además, una pieza fundamental en las conexiones ferroviarias con Málaga y Granada. Los trenes que recorren esos corredores atraviesan la ciudad y, en la inmensa mayoría de los servicios comerciales, paran en ella. El resultado es una concentración de circulaciones difícil de encontrar en otras estaciones intermedias de la red española.

El movimiento no se limita a los trenes que llegan desde Madrid o salen hacia la capital. La estación es también un punto de intercambio para los viajeros que se desplazan entre las propias ciudades andaluzas, así como para quienes utilizan Córdoba para acceder a otros servicios ferroviarios. En una misma jornada coinciden pasajeros que vienen de Sevilla y siguen hacia Madrid, viajeros procedentes de Málaga que continúan hasta el norte y personas que llegan desde otras provincias para cambiar de tren.

Ese movimiento explica por qué la estación se había convertido en algo más que una infraestructura de transporte. Es una puerta de entrada para los visitantes, una herramienta cotidiana para los trabajadores y estudiantes que se desplazan entre ciudades y una pieza de la competitividad económica de Córdoba. La frecuencia de los trenes permite organizar viajes de ida y vuelta, acudir a reuniones, enlazar con otros medios de transporte y plantearse desplazamientos que serían mucho menos prácticos sin la alta velocidad.

Estación Córdoba - Julio Anguita

La conexión que sostiene al turismo

La estación es también una de las principales vías de entrada de visitantes a Córdoba. La ciudad, con la Mezquita Catedral, el casco histórico, los patios y su oferta cultural y gastronómica, se beneficia de una conexión ferroviaria que reduce los tiempos de viaje con Madrid y con las principales capitales andaluzas.

La facilidad para llegar influye en la decisión de viajar. Un visitante que puede desplazarse en tren, pasar el día en Córdoba y regresar por la tarde tiene más posibilidades de elegir la ciudad que otro que deba afrontar un viaje por carretera más largo o depender de una combinación de transportes. Lo mismo sucede con las escapadas de fin de semana, las visitas familiares y los desplazamientos vinculados a congresos, reuniones profesionales o actividades culturales.

La alta velocidad ha contribuido así a ensanchar el mercado turístico cordobés. La ciudad ya no depende exclusivamente de los visitantes que recorren Andalucía en coche o que llegan desde otros destinos de la comunidad. Madrid y las ciudades conectadas con el corredor ferroviario forman parte de su espacio turístico cotidiano.

Por eso, la interrupción de los servicios con Madrid llega en un momento especialmente delicado. Los puentes festivos de diciembre y las Navidades concentran una parte importante de los desplazamientos del año. Son fechas en las que los viajeros reservan hoteles, restaurantes, visitas guiadas y actividades culturales con antelación. La incertidumbre sobre la recuperación de las conexiones ferroviarias complica las decisiones de quienes están pensando en viajar y amenaza con alterar planes ya organizados.

El impacto no se limita a los hoteles. También alcanza a los establecimientos hosteleros, los comercios, las empresas de visitas turísticas, los guías, los servicios de transporte urbano y el conjunto de actividades que se benefician de la llegada de visitantes. No todos los pasajeros de un tren son turistas, ni todos los viajes cancelados se traducen automáticamente en pérdidas económicas. Pero cuando desaparece de golpe una parte sustancial de la oferta de transporte, toda la cadena que depende de esa movilidad queda expuesta.

Estación Córdoba-Julio Anguita, tras el accidente ferroviario de Toledo

Una estación que sigue conectada con Andalucía

La interrupción de la alta velocidad con Madrid no significa que Córdoba se haya quedado sin trenes. La estación mantiene los servicios Avant entre distintas ciudades andaluzas, los trenes de Media Distancia que enlazan con destinos de la comunidad y los servicios de proximidad de la provincia. La diferencia es que ha desaparecido la mayor parte del tráfico que le daba su dimensión de gran nodo ferroviario nacional.

Los Avant siguen siendo esenciales para los desplazamientos entre Córdoba, Sevilla, Málaga y otros destinos andaluces, especialmente para quienes viajan por motivos laborales o académicos. Los Media Distancia cumplen otra función: conectan localidades y capitales y permiten desplazamientos que no dependen necesariamente de la alta velocidad. Los servicios de proximidad, por su parte, sostienen la movilidad cotidiana dentro de la provincia.

La posición estratégica de Córdoba es, al mismo tiempo, una de sus mayores fortalezas y una fuente de vulnerabilidad. La estación se beneficia de la confluencia de líneas, pero depende de que funcionen los grandes corredores que la conectan con el resto del país.

El cierre de la circulación de alta velocidad en el eje entre Madrid y Andalucía provoca un efecto dominó. No solo afecta a los trenes que terminan su recorrido en Córdoba. También altera los desplazamientos hacia Sevilla, Málaga y Granada, y deja sin su conexión habitual a pasajeros de diferentes puntos de Andalucía. La cancelación de un servicio puede obligar a cambiar de ruta, buscar un medio de transporte alternativo o aplazar un viaje que ya estaba organizado.

La magnitud de la red hace que no exista una solución sencilla para trasladar a todos esos viajeros por carretera o mediante otros trenes. Los autobuses tienen una capacidad limitada y el coche particular no siempre constituye una alternativa viable, especialmente en periodos de alta demanda. Además, los desplazamientos por carretera implican otros tiempos, costes y condiciones de viaje.

La incidencia también pone de manifiesto hasta qué punto la conectividad de Córdoba se ha construido alrededor de la alta velocidad. La ciudad ha ganado accesibilidad, visitantes y oportunidades de movilidad gracias a ella. Pero esa misma dependencia hace que una interrupción de la línea tenga consecuencias inmediatas sobre actividades que, en apariencia, quedan lejos del ferrocarril.

El problema es especialmente visible cuando la suspensión se prolonga sin una fecha clara de recuperación. La incertidumbre dificulta tanto la organización de los viajeros como la planificación de las empresas. No es lo mismo cancelar un servicio durante unas horas que no poder garantizar cuándo volverá a funcionar una conexión que utilizan miles de personas.

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