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Rafael Prados, cura de Adamuz: “Las palabras sobran cuando el dolor es tan grande”

Rafael Prados, párroco de Adamuz

Alejandra Luque

23 de enero de 2026 22:04 h

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Rafael Prados no es un párroco convencional. A sus diez años de sacerdocio suma una experiencia vital que estos días ha resultado clave: tres años en Fuente Obejuna y cuatro años de misión en la selva de Perú. Fue allí, enfrentando la crudeza de la pandemia sin medios y las inundaciones torrenciales que ocurren “todos los años”, donde aprendió a mantener la serenidad necesaria para gestionar catástrofes. El obispo emérito, Demetrio Fernández, lo destinó a Adamuz hace cuatro años para que estuviera “cerquita de sus padres” tras tanto tiempo fuera, sin imaginar que aquí viviría la mayor tragedia de la alta velocidad española.

La tarde del descarrilamiento comenzó de forma rutinaria. Prados ofició la misa de las 18:00 en la aldea de Algallarín y a las 19:00 ya estaba en su casa rezando. Alrededor de las 20:10, la realidad estalló de la mano de un repartidor de que le traía la cena: “Padre, ponga las noticias que ha habido un descarrilamiento aquí al lado”.

Aunque inicialmente pensó en abrir la parroquia, el sacerdote comprendió rápidamente que la ubicación del templo -en lo alto del pueblo y con una cuesta difícil de subir- no era operativa para los heridos. En un despliegue relámpago, decidió trasladar la ayuda a una nave del coro de la Virgen del Sol, situada estratégicamente junto a la caseta municipal. Con la ayuda de vecinos como “Manolo, que puso a disposición su vehículo”, vaciaron los salones parroquiales y el almacén de Cáritas para montar un centro de atención en tiempo récord. “Estuvimos casi una hora esperando hasta que empezaron a llegar los primeros a cuentagotas”, relata el párroco.

Marea humana de ayuda en las primeras horas tras el descarrilamiento

“Como el pueblo de Israel saliendo de Egipto”

Lo que siguió al goteo inicial fue una “marea de gente” que Prados describe con una imagen bíblica: “Era como ver una de estas películas en las que se ve al pueblo de Israel saliendo de Egipto; una masa que se nos metió allí”. La urgencia fue tal que tuvieron que salir a buscar sillas de donde no las había para que los pasajeros pudieran descansar mientras esperaban los autobuses de evacuación.

Al igual que toda España, el sacerdote destaca el papel fundamental de los habitantes de Adamuz, un pueblo “donde casi todos los vecinos tienen un todoterreno”. Estos vehículos fueron los primeros en llegar a la zona del accidente para rescatar a los pasajeros antes de que los accesos fueran cortados por las autoridades. El propio Prados no pudo bajar al lugar del siniestro hasta la visita de los Reyes, momento en el que conoció de cerca la magnitud de lo ocurrido.

Tras el caos inicial, la labor del cura se ha centrado en el acompañamiento. Relata que incluso antes de programar los actos oficiales, los vecinos ya se acercaban para conocer cuándo iba a ser la misa funeral. “El pueblo lleva la tragedia en el corazón”. Para él, en estos momentos, la mejor teología es el silencio: “Cualquier palabra no le va a servir de consuelo... uno tiene que intentar que sientan que se pueden desahogar”.

Como cierre a esta semana de luto, Adamuz celebrará una misa de difuntos este domingo a las 11:00 en la caseta municipal para dar cabida a toda la población, y será presidido por el obispo Jesús Fernández.

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