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El mercado paga a los olivareros lo mismo que hace diez años cuando producir aceite ahora es hasta un 60% más caro

Recogida de aceituna en Córdoba

Alfonso Alba

Córdoba —
25 de octubre de 2026 19:57 h

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Los olivareros españoles están iniciando la campaña de recolección de aceituna con mucho pesimismo. Los agricultores han comenzado a varear sus olivos con la mente puesta en las cotizaciones de su producto. Cada vez que actualizan su smartphone y comprueban en tiempo real la evolución de los precios que el mercado está pagando en origen se echan las manos a la cabeza. Tanto que muchos olivareros se están planteando si les merece la pena dejar las aceitunas en los árboles.

Las cotizaciones con las que está arrancando la campaña del olivar son las mismas que hace una década. El precio por kilo de aceite de oliva se está pagando a una media que ronda los tres euros. En 2016 y 2017 era un precio bajo, pero rentable. En 2026 está muy lejos de serlo. Aunque los precios en origen sean los mismos los costes de producción en esta década se han disparado por encima del 50%. Ahora, con el precio del combustible agrícola por las nubes, los últimos estudios elaborados por la Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO) este pasado verano se quedan cortos.

Al incremento de costes se le une además otro problema añadido: la falta de mano de obra. En esta década se han jubilado miles de jornaleros, especialmente andaluces. La práctica totalidad de sus hijos no han heredado la dura profesión de sus padres. Y aunque el olivar se ha mecanizado de una manera más que notable y ya no necesita tantos jornaleros como hace diez años, es tan poca la mano de obra agrícola que ha quedado que se considera insuficiente para afrontar una campaña con una producción tan alta como la que se espera este año.

El mercado del aceite de oliva es uno de los más inestables de los grandes sectores económicos del país. Sus cotizaciones dependen de la oferta y la demanda. Y la oferta a su vez depende del tiempo. Los años de sequía redujeron drásticamente la producción de aceite de oliva y los precios llegaron a cotizar a nueve euros por kilo, ya que la demanda no bajó tanto como la oferta. Ahora se espera una campaña con una producción de récord, lo que ha tumbado los precios a niveles de hace una década.

No obstante, los productores insisten en que por mucha producción que se espere si el precio es insuficiente como para cubrir costes habrá aceituna que se quedará sin recoger. El caso más extremo es el del olivar de sierra, el más caro y difícil de recoger. Muchos productores se están planteando recoger la mitad o el porcentaje que puedan hacer con sus propios medios, sin importar mano de obra y sin usar demasiados medios mecánicos. El objetivo es abaratar costes para lograr algo de beneficio.

El propio Ministerio de Agricultura está estudiando fórmulas que, sobre el papel, no gustan ni a las comercializadoras ni tampoco a la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia, como inmovilizar en las almazaras parte del aceite producido con el objetivo de que suban los precios.

Recogida de aceituna en Córdoba

Del récord de 2024 al nivel de 2016

Las organizaciones agrarias llevan semanas pidiendo que se active la norma de comercialización del aceite de oliva para la campaña 2026/27, un mecanismo que permitiría retirar temporalmente producto del mercado. Asaja, COAG, UPA y Cooperativas Agro-alimentarias denuncian que el virgen extra cotiza por debajo de los 3,20 euros por kilo y el lampante por debajo de los 2,90, con una disponibilidad prevista superior a los 2,17 millones de toneladas. El ministro, Luis Planas, esperará a noviembre para decidir si activa la retirada, después de que el aforo de la cosecha se haya situado en torno a los 1,6 millones de toneladas.

El desplome ha sido muy rápido. En el último mes, la cotización del virgen extra ha caído un 8,7% y roza la barrera de los tres euros por kilo, su nivel más bajo en cinco años, según Poolred. Es una caída de vértigo si se mira el punto de partida: Infaoliva registró un máximo de 8,95 euros por kilo el 17 de enero de 2024 y, a mediados de diciembre de ese mismo año, el virgen extra ya se había hundido a 3,50. Después rebotó hasta superar los cuatro euros el pasado otoño y a finales de junio todavía se pagaba a 3,80.

Hoy, la media de las tres grandes referencias del mercado —Poolred, el Ministerio de Agricultura e Infaoliva— sitúa el virgen extra en 3,22 euros por kilo, el virgen en 3,06 y el lampante en 2,94. Son cifras equiparables a las del arranque de la campaña 2016/17: en 2016, los agricultores cobraron una media de 3,21 euros por kilo de virgen extra, según el Anuario de Estadística del Ministerio de Agricultura.

Producir cuesta un 57% más que en 2020

El gran contraste está en lo que cuesta producir. El último estudio de costes de AEMO, actualizado en julio de 2026, calcula que los costes medios se han elevado alrededor de un 57% en los últimos seis años: cerca de un 40% entre 2020 y 2023 y otro 12% hasta este verano.

Con los precios actuales, solo los sistemas más modernos se acercan a cubrir gastos. Según el estudio, obtener un kilo de aceite cuesta 3,08 euros en el olivar en seto de regadío, 3,17 en el seto de secano, 3,20 en el intensivo de regadío y 3,52 en el intensivo de secano. Estas cifras incluyen la renta de la tierra y la amortización de la plantación. En el olivar tradicional la factura es mucho mayor: 4,18 euros por kilo en regadío mecanizable, 4,67 en secano mecanizable y 5,31 en el olivar de sierra, el de pendientes superiores al 20%, que no se puede mecanizar.

Ese olivar tradicional supone el 54% de la superficie dedicada a aceite —1,37 millones de hectáreas, según la estimación de la propia asociación— y trabaja, con los precios de mercado actuales, por debajo de costes. AEMO resume la situación así: lo que en 2010 era un buen precio, tres euros por kilo, debería rondar ahora los cinco para que la mayoría de los sistemas de cultivo alcancen una rentabilidad mínima.

A ese incremento de costes se suma el del combustible. El precio del gasóleo B en poste subió más de un 33% entre el 29 de junio y el 24 de julio, de 0,872 a 1,169 euros por litro sin IVA, según los datos difundidos por COAG. Se mantiene en esos niveles: a finales de septiembre, el precio medio ponderado del gasóleo agrario sin impuestos era de 1,196 euros por litro, frente a los 0,734 euros previos al inicio del conflicto en Oriente Medio, según los datos del Ministerio recogidos por Unión de Uniones.

El estudio de AEMO fija sus precios unitarios en julio, por lo que es probable que no recoja íntegramente esa escalada, que además golpea en plena recolección. El Gobierno ha prorrogado hasta el 31 de diciembre la ayuda extraordinaria de hasta 20 céntimos por litro, pero ASAJA, COAG, UPA y UdU la consideran insuficiente y han anunciado movilizaciones si no se aprueban nuevas medidas.

Del campo a la botella

El abaratamiento en origen se empieza a notar en el supermercado, pero con mucha menos intensidad. Según el seguimiento de FACUA, el litro de virgen extra de marca blanca se vende ahora entre 4,34 y 4,45 euros en las grandes cadenas —4,35 en Mercadona—, muy lejos de los más de nueve euros que llegó a costar durante la crisis. Algunas marcas, además, casi duplican esa cifra.

Comparar ambos mercados exige un ajuste de unidades: en origen el aceite se paga por kilo y en el supermercado se vende por litro, y un litro de aceite pesa unos 916 gramos. Con el virgen extra a 3,22 euros por kilo, el aceite a granel sale a unos 2,95 euros por litro. La botella de marca blanca se vende, por tanto, alrededor de 1,40 euros por encima, un 47% más con el IVA del 4% incluido, una diferencia que tiene que cubrir envasado, transporte, distribución y márgenes.

El sector llega así a noviembre, cuando el Ministerio decidirá si activa la retirada de aceite, con los precios por debajo de los 3,20 euros y cada vez más productores haciendo cuentas. La pregunta ya no es cuánto aceite habrá, sino cuánta aceituna merece la pena recoger.

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