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Ómicron se invitó a la fiesta sin ser bienvenido y la lluvia (copiosa por la mañana y amenazante por la tarde) terminó por echar al resto. Ese podría ser un resumen de la tardebuena de 2021 en Córdoba. Al menos en puntos clave en esta celebración del tardeo navideño, como la avenida de Barcelona, la Ribera o la plaza de la Corredera.

Puntos donde, antes de la pandemia de la Covid, la fiesta se reconocía por sus sonidos: música alta, brindis y petardos. Y murmullo de voces, claro. Siempre hay quien llega a la cena de Nochebuena tocado por los efectos de la tardebuena y con la voz hundida para enfrentarse a su cuñado.

El año pasado, la normativa obligaba a servir exclusivamente en mesa, evitando la bulla y las aglomeraciones por temor a la más que previsible tercera ola que se estaba gestando -y que efectivamente tocó tierra en enero en los hospitales cordobeses-. También había recorte de aforos y de horarios, pero esto último no afectaba a la tardebuena, ya que era La Noche, así en cursiva, el principal foco del problema según las autoridades.

Este año, sin limitaciones de ningún tipo (salvo la mascarilla, desde hoy obligatoria, aunque más presente a primera hora que a final de la tarde), las aglomeraciones han seguido siendo el principal problema a evitar. Así que, sin problemas para poner barras y mesas, el impacto visual era mayor en tanto a que una buena parte del mobiliario estaba vacío y/o mojado. Sorprendía que parte de plaza de la Corredera, principio y final de la tarde para muchos, parecía a las 15:00 de este viernes un lunes cualquiera de enero. Sólo resistía el espíritu navideño en La Fuente, en la esquina sureste, de cuyos soportales salía algo de música y se palpaba el jaleo.

El resto de la plaza ha presentado un aspecto un tanto desangelado. Cómo también la plaza de las Cañas, donde, a media tarde, el Cuatro Gatos y el Munda llenaban una pequeña parte de sus veladores. Del Cuatro Gatos, por encima de la música, lo que salía era un gustoso aroma a albóndigas en caldo, plato del día que ofrecía la Pepa, su propietaria, para calentar los ánimos y espantar los bichos. Y un poco más al sur, en La Ribera, un tercio de la plaza vacío a la hora de comer, siendo generosos.

Quedaba por visitar el avispero: la avenida de Barcelona, donde este año a media tarde se picaba mucho menos de lo habitual. En la zona limítrofe avenida de Libia, sí que se notaba algo de movimiento juvenil. Había más tintineo de copas a medida que uno subía hacia ronda del Marrubial. La Policía y Sadeco, por cierto, también se han dejado notar. Unos para controlar y otros para recoger los desperdicios, que el Covid nos ha hecho más prudentes pero no más civilizados.

Por el camino, parada en la plaza de la Oca, el punto con más movimiento de toda la zona centro esta tardebuena rara de 2021 y el único que presentaba todas las mesas ocupadas y lista de espera. Claro que en esa misma plaza estaba previsto que se montara una carpa para refugiar al público de la lluvia, si bien finalmente, según contaba un testigo, la Policía ha aparecido para advertir que de eso nada, que a ómicron le gustan las carpas cerrados y que este año la guerra va contra ómicron.

“Mi intención era salir a la calle, pero con lluvia, al final te tienes que meter en algún sitio o estar muy pegado a la gente. Y, ahora mismo, ambas opciones no las contemplo”, me explicaba un amigo, resumiendo a la perfección los motivos que le han llevado a postergar su tradicional brindis de tardebuena. Como él, miles de cordobeses han optado este año por evitar la calle y aparcar el paraguas y la mascarilla, dos complementos que hasta hace sólo dos años no estaban en ningún kit de callejeo navideño en Córdoba (donde llueve poco, salvo en Semana Santa, que llueve mucho más de lo que quieren los cofrades).

Lluvia hace mucha falta. El Covid, lo que hace falta es que se vaya. Así que: hasta la tardebuena del año 2022 y felices fiestas a todos (menos a los cuñados y a los que se autoinvitan).

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