La cordobesa que lleva ocho meses en el Sudán sitiado por la guerra: “Parece que la vida de los africanos vale menos”
El 15 de abril de 2023 comenzó un conflicto bélico que a día de hoy continúa sin solucionarse. El pasado miércoles cumplió tres años de que estalló la Guerra de Sudán. El palacio presidencial se convirtió en el primer escenario de los enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido. Más tarde, este duelo llegó a los aeropuertos de Jartum y Merowe. El país se paralizó al completo, convirtiéndose un tiempo más tarde en el conflicto humanitario más grande del mundo. Los focos están puestos en Ucrania, Gaza e Irán, y este país africano ha sido llevado al ostracismo mediático.
Las personas sudanesas que viven en esta zona han visto una crisis humanitaria sin precedentes. En apenas tres años, esta guerra lleva más de 150.000 muertos, 25 millones de personas en situación de hambruna, cerca de 15 millones de desplazados y otros cuatro millones refugiados. Esta zona necesita ayuda y las organizaciones están tratando de, al menos, garantizar ciertos derechos que se han privado. Ahí es donde entra en acción Médicos sin Fronteras (MSF), con la colaboración de una cordobesa.
Cati Madrid es natural de Alcaracejos, localidad al norte de la provincia de Córdoba, y actualmente trabaja con MSF en Sudán. Ayudar sobre el terreno es una tarea muy complicada, sobre todo cuando hay cierto peligro de ataques de drones en diferentes zonas de este país africano. Pero ella se considera que está en deuda por la “suerte de nacer en una ciudad como Córdoba”. Ocho meses después, la cordobesa tiene la misma energía que el primer día, y así se lo demuestra a Cordópolis en una entrevista concedida el pasado viernes.
PREGUNTA. Primeramente, Cati. Cuéntame un poquito quién eres, a qué te dedicas y qué haces allí ahora mismo por Sudán.
RESPUESTA. Soy Cati Madrid, de Alcaracejos (Córdoba), y actualmente trabajo con MSF en Sudán, específicamente en Tawila, en la zona oeste de Darfur. MSF es una organización multidisciplinar que facilita el acceso a la sanidad, y yo trabajo en la parte de logística, concretamente en el área de agua, saneamiento e higiene. Mi labor consiste en garantizar estándares mínimos de acceso a agua, baños seguros e higiene en los centros de salud.
P. Se han cumplido ya tres años desde que empezó la guerra en Sudán. ¿Desde cuándo estás por allí?
R. Esta es la segunda vez que estoy en el país. Estuve cuatro meses el año pasado, y en esta ocasión llevo un mes y me quedaré hasta junio. En total, sumando también mi experiencia previa en campos de refugiados sudaneses antes de entrar al país, llevaré unos ocho meses vinculada a este conflicto.
P. ¿Cómo está la situación por Sudán?
R. Depende mucho de la zona, ya que MSF tiene proyectos en muchas ciudades. Hay áreas bastante inseguras con ataques frecuentes, mientras que donde me encuentro ahora está más tranquilo por el momento. No obstante, sigue habiendo ataques de drones cada dos o tres semanas que, aunque suelen tener objetivos concretos, siempre terminan afectando a la población civil y provocando la llegada de muchos heridos al hospital.
P. Viniendo de Córdoba, ¿cómo se vive con esa tensión constante de lo que puede pasar?
R. Al principio choca mucho y es una sensación muy fuerte. MSF tiene protocolos de seguridad muy estrictos que nos hacen sentir respaldados, pero eso no quita que estemos expuestos a un contexto difícil y extremo. Personalmente, al principio lo vivía con angustia, pero el sentir que estar allí tiene todo el sentido para aliviar el sufrimiento de la población de Salindu te ayuda a seguir. Llegas a normalizar el estado de alerta como un mecanismo para poder hacer tu trabajo.
P. ¿Qué es lo que te motivó a ir para allá?
R. Lo definiría como justicia social. He nacido con muchos privilegios que no he elegido y siento la necesidad de devolver algo a la sociedad apoyando a los más vulnerables. Si nosotros hubiéramos nacido en Sudán, nos gustaría que la comunidad internacional nos viera, nos escuchara y viniera a apoyarnos ante una situación tan extrema.
P. Es como dar las gracias un poquito por lo que tienes para que lo puedan sentir también otros.
R. Sí, justo eso.
P. Sudán parece estar al margen de lo mediático frente a otras guerras como Ucrania o Gaza. ¿Por qué crees que no ha trascendido tanto?
R. En mi opinión personal, los conflictos en África históricamente no han tenido repercusión mediática porque no interesan a la comunidad internacional. Parece una sentencia dura, pero parece que la vida de las personas africanas vale menos para el mundo. Es la crisis humanitaria más grande del mundo ahora mismo, pero al no haber países poderosos de Occidente involucrados directamente, pasa a un segundo plano.
P. ¿Cómo es el día a día de los habitantes de Tawila y de Darfur en general?
R. La gente intenta sobrevivir en condiciones de vulnerabilidad tremenda. Tawila ha pasado de tener unos 200.000 habitantes a casi un millón debido a los desplazados internos. Muchos viven en casas de cañizo o chozas con tejados de plástico, luchando cada día por encontrar comida o agua. Aunque Sudán es un país rico en recursos naturales, en la época seca es muy difícil acceder al agua subterránea y la gente termina excavando en los ríos para obtenerla.
P. Para terminar, ¿qué le dirías a las personas que lean esta entrevista para animarlas a ayudar?
R. Lo más importante es estar informados y dar visibilidad al conflicto. Es fundamental empatizar y no verlo como algo lejano, porque lo que ocurre allí nos afecta: muchos recursos que usamos en Occidente salen de África y la presión de los países poderosos influye en su situación. Además de leer y ser conscientes, también se puede colaborar mediante donaciones a organizaciones en las que uno crea.
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