Iznájar supera los 800 hectómetros cúbicos, la quinta vez desde que se construyó el embalse
Suele ocurrir una vez cada década, aproximadamente. Embalse de Iznájar, el mayor embalse de Andalucía, acaba de superar los 800 hectómetros cúbicos de reserva de agua, una cantidad enorme. Para hacerse a la idea, un pantano como San Rafael de Navallana tiene una capacidad máxima de 160 hectómetros cúbicos. El Guadalmellato, 145.
Aunque Iznájar tiene capacidad para retener aún más agua (ahora mismo no puede superar los 920 hectómetros cúbicos), su situación actual es histórica. Desde que se construyó el pantano (se inauguró en 1969) solo ha habido otras cuatro veces más en las que ha superado los 800 hectómetros cúbicos.
Iznájar se construyó en la cuenca del río Genil, en una zona en la que las precipitaciones no suelen ser tan intensas como en el Valle del Guadalquivir, ni tan generalizadas. Además, tiene unas dimensiones extraordinarias. Eso provoca que sea muy difícil de llenar. Se suelen necesitar varios años de lluvias intensas y por encima de la media para lograrlo.
Los datos oficiales de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) confirman un escenario excepcional: el embalse almacenaba, este miércoles, 802,48 hectómetros cúbicos, lo que supone el 81,8% de su capacidad total y más del 87% de su volumen útil.
El dato no solo es llamativo por la cifra absoluta, sino por su contexto temporal. El embalse ha ganado 1,37 hectómetros cúbicos en apenas 24 horas, con una tendencia claramente ascendente durante toda la jornada, impulsada por las aportaciones constantes del Genil, alimentado a su vez por el deshielo de Sierra Nevada y las lluvias residuales de primavera. Este nivel sitúa a Iznájar en un escenario de “normalidad plena”, algo impensable hace apenas dos años.
Del mínimo histórico reciente a la abundancia
La comparación con el pasado reciente evidencia la magnitud del cambio. Durante la crisis hídrica de 2023-2024, el embalse cayó por debajo de los 160 hectómetros cúbicos, apenas un 16% de su capacidad. Aquellas imágenes, con antiguas infraestructuras emergiendo del agua, simbolizaron uno de los momentos más críticos de la cuenca.
Sin embargo, el ciclo hidrológico actual ha roto todos los pronósticos. El volumen almacenado en mayo de 2026 es un 48,9% superior al de la misma fecha de 2025, marcando la recuperación más rápida registrada en décadas. Solo hay que remontarse a episodios muy concretos para encontrar niveles similares: el invierno de 2010-2011, cuando las lluvias obligaron incluso a desembalsar agua, o la actual primavera, que ya entra en los registros históricos del sistema.
La media de los últimos diez años para estas fechas se sitúa en torno a los 532 hectómetros cúbicos de agua, lo que significa que el embalse cuenta ahora con 270 hectómetros cúbicos más de lo habitual. La clave ha estado en un patrón de precipitaciones especialmente eficaz: lluvias persistentes, de intensidad moderada y bien distribuidas en el tiempo. Este tipo de episodios favorece tanto la infiltración como la escorrentía progresiva hacia el embalse, evitando pérdidas y maximizando la acumulación.
Iznájar desempeña un papel esencial en el equilibrio hídrico del sur peninsular. Su situación actual garantiza el abastecimiento urbano para más de 250.000 personas en provincias como Córdoba, Málaga y Granada; el riego agrícola en el sistema Genil-Cabra, uno de los más productivos de Europa; y generación hidroeléctrica, actualmente a pleno rendimiento gracias al volumen embalsado.
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