Pequeña historia de Córdoba en el solar de la nueva biblioteca

Un grupo de trabajadores, en el solar en el que se está construyendo la Biblioteca | MADERO CUBERO
Los arqueólogos culminan sus excavaciones tras diez meses y hallan una necrópolis romana, un muro de contención califal del antiguo arroyo del Moro y hasta construcciones contemporáneas, como los cimientos de la torre del reloj

En una hectárea aproximadamente caben muchas cosas. En una hectárea, diez meses de trabajo y 40 minutos de exposición también. Hasta una pequeña historia de la ciudad de Córdoba. De su esplendor, de su decadencia y de su vida contemporánea. En una hectárea se levantará dentro de tres años la Biblioteca Pública del Estado que está construyendo el Ministerio de Cultura. Y en esa hectárea han trabajado durante diez meses un equipo de arqueólogos para desentrañar qué es lo que hubo allí en el pasado de la ciudad y, sobre todo, qué quedará de todo aquello a partir de ahora.

Ayer por la tarde, en el Museo Arqueológico, el arqueólogo Manuel Rubio Valverde presentó los resultados de la excavación, que se ha desarrollado en el solar de los Jardines de la Agricultura desde diciembre del año pasado hasta el pasado mes de septiembre. En una conferencia de unos 40 minutos resumió ese pequeño trozo de la vida y la historia de la ciudad de Córdoba que se ha hallado, y la parte que ahora se conservará. Así, han aparecido restos desde la época alto imperial romana (posterior a la fundación de la ciudad) hasta los sillares de la famosa torre del reloj construida en el siglo XX en los jardines de la Agricultura a imagen y semejanza de la de San Nicolás, que la Consejería autorizó a que fuera retirada junto a la famosa Rosaleda de los Patos.

Ahora, la futura Biblioteca Pública del Estado tan solo mantendrá los restos arqueológicos más relevantes hallados en esta pequeña parcela: un muro de contención de las avenidas del desaparecido Arroyo del Moro construido en época califal y encontrado en bastante buen estado. Este muro de contención, cuyos sillares son ejemplo de cómo tenían que ser las avenidas de un arroyo que hoy está encauzado bajo la ciudad, se conservará junto a la entrada del futuro edificio, al lado del parque infantil del que dispondrá la Biblioteca.

Pero antes del muro, la historia. En lo más profundo de los trabajos de excavación se ha hallado una antigua canalización, que posteriormente fue usada por los romanos de los siglos III y IV como improvisado enterramiento, cuando cayó en desuso. De hecho, en la zona ha aparecido una necrópolis dividida en dos precisamente por el Arroyo del Moro. En la parte Occidental de la necrópolis se han descubierto 33 tumbas. En la Oriental, dos tumbas. Una de ellas, la del individuo allí enterrado presumiblemente más rico, contenía un sarcófago de plomo decorado con motivos florales. Otra de ellas, como se expone más atrás, estaba encajonada en lo que antes fue una conducción de agua construida años atrás. Todas han sido extraídas y depositadas en los fondos del Silo.

La historia del solar prosigue en la época califal. Allí se han encontrado los restos de dos muros de contención, uno de más calidad que el otro, que evitaba que las crecidas del Arroyo del Moro anegasen los arrabales que surgieron en la zona durante la época más expansiva de Córdoba. Ocurrió durante el califato. Pero la vida de los arrabales fue corta, según detalló ayer el arqueólogo Manuel Rubio Valverde. Ninguno llegó a la época almohade. Córdoba, tras la caída del califato, menguó en extensión, esplendor y número de habitantes. Estos arrabales fueron cayendo en desuso y abandonándose.

Así se llega al siguiente episodio histórico de la ciudad: la decadencia. La zona se convirtió en zona de labor agrícola. Volvió a ser campo, como no lo había sido desde antes de la llegada de los romanos. Y así estuvo hasta el siglo XVIII, cuando el cordobés regresó a la zona. De esa fecha data una estructura construida sobre los muros califales. Entonces, Córdoba fue poco a poco volviendo a ganar habitantes y las construcciones a abandonar las murallas de la ciudad.

Los arqueólogos han encontrado también estructuras para facilitar el riego de los Jardines de la Agricultura, construidos en el siglo XIX. En el centro del solar se localizó un enorme aljibe que alimentaba la vegetación de la zona. Posteriormente, el lugar fue poblado con una Rosaleda y la torre del reloj, cuyos restos han vuelto a salir a la luz. La historia está siempre ahí esperándonos.

Ahora, y tras el trabajo arqueológico, las grúas y los obreros construyen la Biblioteca Pública del Estado. Ya estamos en el siglo XXI. Hemos regresado al futuro.

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