Noche de solemne Vía Crucis

Vía Crucis de Nuestro Padre Jesús, Divino Salvador, en su Prendimiento | ÁLEX GALLEGOS

Todavía no se adivina la noche cuando las puertas se abren en la empedrada plaza. Largas colas se dibujan aún, más que avanzado el día, entre sus muros blancos, así como en su entorno. Es Viernes de Dolores y Capuchinos respira ese aroma especial de devoción que precede a la Semana Santa. Unos días de Pasión que están a punto de arrancar, con una intensa Víspera este sábado, y que anuncian de alguna manera diferentes hermandades de la ciudad. Tras la Cruz de guía, el cortejo camina entre los numerosos cofrades que se congregan para visitar San Jacinto y el Santo Ángel. El incienso permite pensar en todo lo que viene. De repente el murmullo se agota, pues aparece portado en parihuelas Nuestro Padre Jesús de la Sangre, que comienza su recorrido por las calles de la feligresía en Vía Crucis.

El piadoso acto que celebró la hermandad de la Sangre fue uno de los muchos que en la noche del Viernes de Dolores tuvieron lugar en Córdoba. Fueron más de diez los Vía Crucis que acogieron las calles de la ciudad en la antesala de la Semana Santa. De esta forma, la noche lo fue de oración y recogimiento en muy diferentes puntos de la ciudad, desde la parroquia de Santa María de Gracia y San Eulogio (Trinitarios) hasta Las Palmeras. El Santísimo Cristo de la Piedad inició su recorrido por ese barrio a las ocho y media, hora a la que también comenzó el trayecto del Santísimo Cristo de la Providencia hasta la Mezquita Catedral. Y hora a la que Nuestro Padre Jesús de la Sangre abandonó, portado en parihuela, el cocherón de los pasos de su cofradía ante la mirada devota de centenares de personas.

La imagen del Señor recorrió la plaza de Capuchinos y dejó una vez más la estampa de su paso junto al Cristo de los Desagravios y Misericordia. El Cristo de los Faroles, siempre presente en Capuchinos, donde la corporación de la Sangre se detuvo ante las puertas de San Jacinto y del Santo Ángel. Presentó su respeto a Nuestra Señora de los Dolores y a María Santísima de la Esperanza antes de perderse por el callejón del Bailío. Cuando la luz artificial comenzó poco a poco a cobrar protagonismo en la plaza, otros templos estaban dispuestos para abrirse al Vía Crucis de sus cofradías. El entorno de San Lorenzo fue sin duda, un año más, el más transitado por diferentes corporaciones en la celebración del piadoso acto. Precisamente desde la fernandina iglesia partieron los hermanos del Remedio de Ánimas.

A las nueve arrancó su camino por las calles de dicho barrio la hermandad del Lunes Santo, una hora a la que desde San Fernando comenzó su recorrido por la Huerta de la Reina la comitiva de la Estrella. No pocos fieles y vecinos se congregaron en la calle para acompañar a Nuestro Padre Jesús de la Redención, ante cuyo paso se erigió algún que otro pequeño altar efímero. La noche que caía entonces fue plena cuando el Santuario de María Auxiliadora cerró el proceso escalonado del rezo público de Vía Crucis en la ciudad. A las nueve y media Nuestro Padre Jesús, Divino Salvador, en su Prendimiento dejó atrás la sede de la corporación de la que es titular para adentrarse también en el corazón de su feligresía. La cofradía del Martes Santo visitó la Basílica del Juramento de San Rafael en una jornada que poco a poco se marchó y dio paso a un Sábado de Pasión que de nuevo resultará de gran intensidad en Córdoba.

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