Javier Romero exalta los valores de la juventud cristiana en un paseo por la Semana Santa

Pregón de Juventud de la Semana Santa de 2018 | MADERO CUBERO

Hubo mucha verdad y valores cristianos que deben estar presentes en los jóvenes. Habló del amor de Dios y cómo hay que reproducirlo en el mundo, de la necesidad de pedir perdón y de perdonar, de la fraternidad en las hermandades, de las que hizo una defensa y a cuyos titulares realizó un canto con sentidas y bellas palabras al acercarse a ellos en un ameno recorrido por los principales puntos en los que se vive la Semana Santa en Córdoba. Así fue el pregón de Juventud que Javier Romero Pérez pronunció en la noche de este viernes 9 de marzo en la iglesia de la Merced, que reunió a una importante cantidad de personas.

A sus 21 años, este estudiante de Enfermería y hermano del Cristo de Gracia, enfocó su exaltación como un paseo con un amigo que reniega de la Semana Santa de Córdoba. Así, lo fue llevando por distintos rincones para que olvide sus “complejos” y aparque “ese cuento de tanto criticar”.

El pregón estuvo plagado de versos de principio a fin, y también desde el comienzo hasta el final estuvo acompañado el pregonero por su agrupación musical, la del Cristo de Gracia, que es a la que pertenece desde hace doce años y que entrelazó su música con las palabras del joven, al que había presentado minutos antes de empezar su padrino, Rafael Herencia. La banda interpretó A mi Dios Crucificado y A ti, Dios Padre para comenzar el acto. Luego, hubo otras marchas que se intercalaron mientras el pregonero hablaba y que las tocó una trompeta sola.

“Una nueva Semana Santa está llamando a las puertas de Córdoba” fueron sus primeras palabras antes de repasar en versos la Semana Mayor y hacer una defensa firme de la hermandad de la Piedad de Las Palmeras. Aquí, criticó a los “eruditos de la materia, los doctores de la verdad” que reniegan de esta corporación. “Esos que piensan que si Jesús volviera a nacer descartaría el pesebre de los sencillos para quedarse entre doseles barrocos”, sentenció.

Llevó primero el pregonero a su acompañante hasta la Conversión de Electromecánicas y las Lágrimas del Figueroa, que “vino a enseñarnos que, si Dios puede descender al hombre, el hombre también puede llegar hasta Dios”. Además, habló de la Estrella y de la que, enlazando con las nuevas hermandades, dijo que hace unas décadas se veía iniciando su andadura y ahora es un “referente de constancia y buen saber hacer”.

Defender el legado de los mayores

La calle de la Feria es el escenario en el que contempla al Vía Crucis y al Huerto. “Otro ejemplo abrumador de fraternidad y comunión cristiana” es el hermanamiento entre los cofrades del Cristo de la Salud y el de Gracia, “para que luego nos acuséis a los cofrades de hipócritas, de fariseos, de falsos”. Sin moverse de la calle San Fernando cambió el ambiente y habló de cuando pasa por allí el Huerto. Y fue aquí donde citó más claramente a la juventud de las hermandades al pedirle a la Virgen de la Candelaria “audacia y valor” para ella. “Y ardor incesante que nos haga defender con capa y espada aquello que nuestros abuelos y mayores edificaron con tanto esfuerzo. Que en estos tiempos no nos tiemble la voz”.

Pero fue más allá y, con firmes convicciones de fe, pidió a todo el de su generación: “Grita firme y decidido que con Dios no podrá ninguna tempestad”. “Como dice el Papa, hagan ruido”, reclamó antes de hablar del Señor del Perdón y aprovechar para preguntar: “¿Cuándo fue la última vez que te confesaste?”, y asegurar que “nunca es tarde” para recibir el perdón de Dios y perdonar.

El Guadalquivir y la Catedral le sirvieron para hablar de la hermandad del Amor. Y en este punto de su alocución se extendió bastante en lo que fueron las palabras más certeras de todas las pronunciadas junto a las anteriores sobre el perdón. Sobre el Amor de Cristo dijo que “nada tiene que ver con los amores que te venden hoy en día” con condicionantes. Así, describió a Jesús como el Divino Obrero que construye puentes de amor “al diálogo, la coherencia, la legalidad y la honradez”. Y “puentes de Amor a aquellos que se sienten desahuciados, abandonados, miserables, apartados, y que la gente en vez de darles un soplo de esperanza, los arrincona”.

Más todavía: “Puentes de Amor para los jóvenes que sufren, aquellos que son maltratados, acosados en el colegio, golpeados, asesinados, raptados o violados. Puentes de Amor a aquellas víctimas en manos de un malnacido, que presume ser dueño de su destino, por el simple hecho de ella ser mujer”. Y tocó dos temas polémicos en la Iglesia sobre los que dio su visión: “Puentes de Amor a aquellos que han sido objeto de burla y repulsión por su condición sexual… ¿Quién eres tú para juzgarlos? Más puentes de Amor a aquellas parejas que rompieron la unión que un día juraron en un altar, y hoy encuentran la felicidad en otros ojos, ¿cómo Dios, a pesar de ello, no va a amarles?”.

El pregón se había convertido en una exaltación de los valores que Cristo nos transmitió, que deben ser los valores de la juventud para abordar asuntos de actualidad. Y como joven, dio un ejemplo a muchos otros al reconocer a la Virgen de los Dolores como única Señora y Reina de Córdoba. Una defensa que es de aplaudir viniendo de un muchacho de 21 años ya que  hay muchos que piensan que los Dolores es una devoción de los mayores. Aquí un ejemplo de que no es así. El Viernes de Dolores, “la procesión no es de San Jacinto a Córdoba, sino de Córdoba a San Jacinto”, indicó, para describir a la de los Dolores como “una devoción callada, sobria, silente, penitente” a la que no le hacen falta “gritos, palios ni bullas para decirte por derecho que Córdoba es solo tuya”.

Cercano en su caminar estaba el Bailío, un lugar emblemático que no verá cofradías este año, aunque Javier Romero no opinó sobre ello sino que tuvo un recuerdo para muchas de las hermandades que lo han bajado, como la Esperanza, la Expiración, Buen Suceso o Agonía, antes de adentrarse en Santa Marina con Jesús Caído y luego el Resucitado, gracias a cuya Resurrección un cristiano debe irradiar “alegría, esperanza, felicidad”, expresó. Sin dejar esa zona de la ciudad habló del señorío de Jesús Nazareno y de la “joya del Barroco cordobés”: la Virgen de las Angustias.

El divino Esparraguero

Por San Lorenzo y María Auxiliadora, aludiendo a Ánimas, Calvario y Merced, se acercaba el pregonero al destino final de su paseo. En la Borriquita “hay que aprender de los niños y de su pureza”, señaló y llamó a Jesús Divino Salvador en su Prendimiento “el mejor maestro de la escuela” de los Salesianos, el que enseña que “las ofensas no se solucionan desenvainando espadas y cortando orejas; las traiciones no se vengan con el puño de la ira; los besos deshonestos de aquel que creías hermano y que te está vendiendo por 30 monedas, no se rebaten con la violencia”.

Y por fin llegó al Alpargate, que calificó como “mi cuna, es mis manos y es mis pies”. Habló del templo trinitario y del Rescatado al que las mujeres desamparadas van a pedir consuelo. Y, cómo no, del Santísimo Cristo de Gracia, su devoción principal a la que dedicó emotivas palabras por su 400 aniversario en Córdoba, donde es “el crucificado por excelencia” y que tiene “unos brazos más grandes que las puertas del cielo”, dijo.

En este momento comienza a sonar el Himno al Cristo de Gracia y de fondo siguen las palabras del pregonero que le dice a su Crucificado: “No te mueras por mí, que no soy nada”, sino quien a veces no le soporta la mirada “cuando quiero hacer las cosas a mi forma”. De ahí que le pidiera ayuda para serle “fiel, a ser de ti tu noble templario, como durante cuatro siglos lo han sido los padres trinitarios. Para a los cuatro vientos gritar decidido y con esmero, que Córdoba es la única ciudad en el mundo entero, donde a Dios se le reza llamándole Esparraguero”.

Antes del tradicional “He dicho” dio “Gloria a Dios Trinidad”, con el que acabó un pregón de juventud  que gustó al público y que estuvo lleno de sensatez, valentía, valores y fidelidad a las enseñanzas de Cristo sin dejar de ser muy cofrade y cordobés en sus palabras y estampas.

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