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Cordópolis cumple un año

Fue más o menos a esta hora. El 16 de septiembre de 2012, en la oficina del diseñador gráfico Antonio Ranchal -empresa que entonces se llamaba Buns, ahora Ranchal y para nosotros, siempre, El Quinto Beatle- todo estaba listo para que Cordópolis se asomara al mundo. Una cuenta atrás autoimpuesta marcaba el paso inexorable hacia ese momento. Unas horas, minutos y segundos que llevaban semanas haciendo el camino inverso hasta el cero absoluto, coincidiendo con las nueve de la noche de aquel domingo. "A esa hora está todo el mundo en su casa aburrido con el Twitter", había señalado Alfonso Alba, extrapolando al conjunto de la humanidad su ligera compulsión con la red social.

Tenía razón. Había mucha, muchísima gente -más de la que esperábamos- pendiente de su ordenador, de su teléfono móvil o de su tableta. 7, 6, 5, 4... Y entonces... Bueno, decir que no pasó nada, sería mentir. Nosotros vimos el periódico en la pantalla. Al menos, un ratito. Pero la mayoría, no. Cosas del servidor.

Internal Server Error. El mensaje se repetía en todos los plasmas y similares del planeta que trataban de averiguar qué narices era aquello de Cordópolis. Y el equipo que le había ido dando forma, invirtiendo meses de reuniones, litros de café, toneladas de cerveza, broncas, risas y conatos de suicidio, contemplaba, boquiabierto, esas tres simples palabras extranjeras. Internal Server Error.

Cada uno hizo lo que pudo. Ranchal husmeó en las tripas de Internet hasta encontrar el error. Alfonso se refugió en el nido materno de Twitter para gozar de las decenas de mensajes que caían en cascada con los ya clásicos "trata de arrancarlo, Alfonso" o el siempre conmovedor "yo os presto mi rotativa". Víctor Molino hizo unas llamadas, tocó unos hilos y blasfemó. Manuel Albert estiró las piernas sobre la mesa y preguntó si podía ayudar en algo. Seguro de que su ignorancia era su salvoconducto, se relajó al saber que no obtendría respuesta. Y no la obtuvo.

¿Y Rafael Madero Cubero? Madero Cubero trabajaba. Como siempre. Sacaba fotos con una mano y amenazaba al servidor con la otra. Al tiempo, ordenaba a voz en grito el correcto desplazamiento de las tropas cordopolitas sobre la agenda del día siguiente. Y con los pies, corregía las primeras erratas que le traerían por la calle de la amargura los meses venideros.

Lo que siguió los 12 meses restantes fue parecido. Alfonso Alba acumula unas 600 horas de falta de sueño y unas 6.000 noticias escritas en 365 días. Añora sus pestañas y se ha rapado la cabeza. Víctor Molino sigue haciendo malabares con sus programas de radio, sus vídeos en Cordópolis, sus visitas al Arcángel y sus mil tejemanejes periodísticos. Manuel Albert bajó las piernas de la mesa y, escribiendo entrevistas dominicales interminables, se venga de la humanidad y, de paso, trata de hacer como que trabaja. Aunque, en realidad, disimula para que no le grite Madero Cubero, quien ha llevado al paroxismo su ubicuidad, dejando constancia fotográfica de prácticamente todo lo que ocurre en esta ciudad.

Cordópolis cumple un año. Y otros incautos se han sumado a la causa. Paco Merino ha tomado las riendas de Deportes y aunque en voz baja a veces se pregunta dónde se ha metido, parece que disfruta. Igual que la tercera pata de la sección, Rafa Ávalos, recién llegado al infierno en la tierra. Por no hablar de nuestros blogueros, pilar fundamental de este proyecto de locos... A todos ellos, gracias.

Pero, sobre todo, gracias a ti, lector. Porque estás ahí.

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16 de septiembre de 2013 - 23:43 h
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