Gafas y lentillas a domicilio en tiempos de confinamiento

Óptica Costal Sol con pedidos a domicilio preparados | MADERO CUBERO

Desde que el Gobierno decretara el estado de alarma por la crisis sanitaria del coronavirus, las ópticas fueron uno de los servicios esenciales que tenían salvoconducto para mantener sus puertas abiertas. Sin embargo, con apenas gente en la calle, la mayoría de ellas cerraron al público, aunque alguna ha seguido abierta durante todo este mes de confinamiento y, además, se ha reinventado para llevar a domicilio los productos que los clientes necesitaran.

Es el caso de Abel Rubia y su óptica en Costa Sol. Este autónomo cuenta con cuatro ópticas pero, con el confinamiento, mantiene abierta el establecimiento de la plaza central de Ciudad Jardín, que está allí desde 1986. Desde su negocio, siempre ha visto el bullicio de un barrio con mucha vida que, ahora, se muestra sin nadie en la calle. “Es una pena”, reconoce mientras prepara unos pedidos.

Ahora mismo, su actividad le mantiene en la óptica durante las mañanas, atendiendo a algún cliente que llega porque necesita unas lentillas o gafas. “Después de un mes, a la gente se le ha podido romper las gafas o ya necesitan renovar sus lentillas”, explica. Hasta su negocio llegan ahora clientes de otras zonas de la capital “porque el 90% de las ópticas están cerradas”, argumenta. “El 50% son clientes de siempre pero el otro 50% que llegan son de otros barrios”.

Pedidos por teléfono o Whastapp

Otros muchos clientes, desde su confinamiento, le hacen los pedidos a través del teléfono o por Whatsapp. Y hasta sus casas los lleva él en persona por las tardes o bien los manda por correo a otros municipios, porque desde la provincia también le están llegando pedidos. “Hoy he mandado unas lentillas a Fernán Núñez y otro pedido a Cerro Muriano”, cuenta.

Sobre todo, relata este óptico, son personas mayores las que necesitan que les lleve a su casa gafas nuevas o cristales para la montura. Son población de riesgo ante el coronavirus y tratan de no salir de casa. “Muchos me dejan en el pomo de la puerta una bolsa con el dinero y ahí les dejo yo el pedido. Ni los veo”, relata sobre su día a día en esta pandemia.

Los clientes más jóvenes, optan por hacer una transferencia para pagar el pedido. Y, así, explica este óptico, ha podido reinventar su negocio y poder atender las necesidades de sus clientes en este mes de confinamiento donde, además, las horas de lectura en el ordenador, tabletas, teléfonos móviles y también libros se han multiplicado y“las gafas son más necesarias que nunca para muchas personas”.

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