El fiscal no reabrirá el caso del bebé robado y advierte que prescribe el 19

Andrés Cepas, el gemelo que busca a su hermano, supuestamente robado en diciembre de 1985. FOTO: MADERO CUBERO
El Ministerio insta a la familia a acudir por voluntad propia al Juzgado pese a que ha recibido las pruebas de ADN que demostrarían que lo enterrado no era un niño de 24 horas sino una niña de siete meses

La Fiscalía Provincial de Córdoba no va a reabrir el caso del supuesto bebé robado en diciembre de 1985, a pesar de que la familia le ha entregado las pruebas de ADN que demostrarían que el cadáver enterrado en el cementerio de San Rafael no es el del gemelo de su hermano, Andrés Cepas, que tenía 24 horas de vida, sino el de una niña de siete meses. El Ministerio Público archivó el asunto hace años, después de la denuncia de la familia. Ahora, no tiene intención de volver a investigar el asunto. Sin embargo, insta a la familia a volver a acudir a la justicia ordinaria y rápido, ya que en su escrito advierte que el caso prescribirá definitivamente el próximo 19 de diciembre, diez años después de que el supuesto bebé robado cumpliese los 18 años de edad.

La hermana de los gemelos, María José Cepas, ha mostrado su indignación tras este escrito de la Fiscalía. Ahora, la familia Cepas tiene que asumir íntegramente el coste de lo que será un nuevo proceso, con la contratación de un abogado y de un procurador, cuando esperaba que la Fiscalía Provincial de Córdoba, imitando a lo que están haciendo los fiscales de otras provincias españolas con más casos de bebés robados, se hiciese cargo del caso.

El caso del supuesto bebé robado es el del hermano gemelo de Andrés Cepas Galiano. El 19 de diciembre de 1985 su madre dio a luz gemelos en el hospital provincial de Córdoba. Andrés vivió y al hermano gemelo, que una monja dice que bautizó con el nombre de Jesús, lo dieron por muerto. De hecho, la familia enterró en el cementerio cordobés de San Rafael el pequeño ataúd, que ha estado bajo tierra desde hace 27 años.

El 4 de septiembre de este año, el toxicólogo forense y genetista Jaume Buj dirigió una compleja operación de exhumación privada (la familia había intentado desde hacía años que fuese la justicia quien investigase su caso, pero por tres veces se lo archivaron) con un resultado asombroso. De los escasos restos que se conservaban en el interior del pequeño ataúd, Buj pudo sacar muestras de ADN que arrojaron un testimonio sorprendente: no sólo la genética no se correspondía en absoluto con la familia Cepas García Galiano, sino que lo que allí se enterró no fue a un niño, sino a una niña.

“Ahora, yo lo único que quiero es encontrar a mi hermano”, relata la hermana de los gemelos, diez años mayor María José Cepas, quien asegura que el día que conoció los resultados de las pruebas de ADN no podía dejar de llorar. “Estoy convencida de que no está en España, sino que está en el extranjero”, insiste, deseosa a la vez de que se divulgue la fotografía de su hermano Andrés para que alguien que pueda haberlo visto en algún sitio pueda ponerle sobre la pista.

María José no confía hoy día en la justicia. Tampoco después de que ahora tenga en su mano la prueba más definitiva de las que ha tenido nunca: que lo que entregaron a su familia no fue a su hermano sino a otra niña desconocida. Su familia ha visto cómo se ha archivado su caso tres veces. Primero fue la Fiscalía Provincial de Córdoba, que no vio elementos suficientes como para abrir una investigación. Después el titular del Juzgado de Instrucción número 4, el popular José Luis Rodríguez Laínz. La abogada de María José, Aurora Genovés, recurrió y la Audiencia Provincial volvió a archivar el caso al no hallar pruebas contundentes.

Antes de que le archivaran el caso, María José movió cielo y tierra para encontrar pruebas de que su hermano había sido robado. A su madre no le llegaron a entregar en el hospital provincial un parte de defunción de su hijo pequeño, pese a que en la Hoja de Aborto constaba que había muerto a los 15 minutos de nacer. Tampoco a pesar del testimonio de la monja que lo había bautizado con el nombre de Jesús, que aseguró que el pequeño murió a las dos horas de vida. La propia María José, que entonces tenía diez años, asegura que habló con la monja y lo que ésta le dijo: “Quédate tranquila que cuando tu hermano estaba tan malito lo lié en una toalla y lo llevé a que lo bautizaran. Luego murió”.

Desde el 5 de septiembre, y por una cuestión “muy personal”, María José ya no habla de su hermano Jesús sino de “José Ignacio Cepas García Galiano”. Su gemelo Andrés, que siempre creyó que estaba vivo, lo llama así. María José, que ahora cree en lo que siempre creyó su hermano, ha decidido que ya siempre lo llamará José Ignacio y que además lo va a encontrar.

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