Busca a su gemelo tras exhumar su cadáver y hallar a una niña

Andrés Cepas García Galiano muestra la documentación con la que apoya la búsqueda de su gemelo. FOTO: ENRIQUE GÓMEZ
La familia Cepas García Galiano creyó que enterraba en el cementerio de San Rafael a uno de sus hijos gemelos, que dieron por muerto al nacer en el Hospital Provincial en diciembre de 1985; las pruebas de ADN concluyen que era una bebé que nada tiene que ver con ellos

La madre de Andrés Cepas García Galiano dio a luz gemelos en el hospital provincial de Córdoba el 19 de diciembre de 1985. Sin embargo, Andrés Cepas nunca llegó a conocer a su hermano. La matrona que atendió a su madre les dijo que el pequeño murió a las dos horas de nacer. Ella misma lo había bautizado con el nombre de Jesús, según su testimonio. Sin embargo, en la Hoja de Aborto consta que el pequeño murió a los 15 minutos de vida. Mientras Andrés Cepas se recuperaba en la incubadora del hospital de un parto prematuro (salió al mes siguiente), la familia enterró los restos de lo que pensaba que era su hermano en un nicho del cementerio de San Rafael en unos fríos días de diciembre de 1985.

Andrés Cepas García Galiano siempre ha estado convencido de que su hermano gemelo seguía vivo. Así se lo dijo a su familia. Así se lo reiteró a su hermana María José, diez años mayor. María José asegura que "siempre le quité esa idea de la cabeza", pero su hermano insistía. Andrés, incluso, se convenció cuando en un viaje a Inglaterra una persona le aseguró que había estado años atrás allí y que no tenía dudas, que se trataba de él. Un día, María José escuchó en la radio de Pozoblanco el caso de una familia de Villanueva de Córdoba, que denunciaba que le habían robado a uno de sus hijos al nacer. María José, que hoy dirige SOS Bebés Robados en Córdoba, empezó a creer a su hermano y arrancó una búsqueda que acaba de dar un giro copernicano.

El pequeño ataúd ha reposado en el cementerio de San Rafael desde hace 27 años. El 4 de septiembre de este año, el toxicólogo forense y genetista Jaume Buj dirigió una compleja operación de exhumación privada (la familia había intentado desde hacía años que fuese la justicia quien investigase su caso, pero por tres veces se lo archivaron) con un resultado asombroso. De los escasos restos que se conservaban en el interior del pequeño ataúd, Buj pudo sacar muestras de ADN que arrojaron un testimonio sorprendente: no sólo la genética no se correspondía en absoluto con la familia Cepas García Galiano, sino que lo que allí se enterró no fue a un niño, sino a una niña.

"Ahora, yo lo único que quiero es encontrar a mi hermano", relata María José, que asegura que el día que conoció los resultados de las pruebas de ADN no podía dejar de llorar. "Estoy convencida de que no está en España, sino que está en el extranjero", insiste, deseosa a la vez de que se divulgue la fotografía de su hermano Andrés para que alguien que pueda haberlo visto en algún sitio pueda ponerle sobre la pista.

María José no confía hoy día en la justicia. Tampoco después de que ahora tenga en su mano la prueba más definitiva de las que ha tenido nunca: que lo que entregaron a su familia no fue a su hermano sino a otra niña desconocida. Su familia ha visto cómo se ha archivado su caso tres veces. Primero fue la Fiscalía Provincial de Córdoba, que no vio elementos suficientes como para abrir una investigación. Después el titular del Juzgado de Instrucción número 4, el popular José Luis Rodríguez Laínz. La abogada de María José, Aurora Genovés, recurrió y la Audiencia Provincial volvió a archivar el caso al no hallar pruebas contundentes.

Antes de que le archivaran el caso, María José movió cielo y tierra para encontrar pruebas de que su hermano había sido robado. A su madre no le llegaron a entregar en el hospital provincial un parte de defunción de su hijo pequeño, pese a que en la Hoja de Aborto constaba que había muerto a los 15 minutos de nacer. Tampoco a pesar del testimonio de la monja que lo había bautizado con el nombre de Jesús, que aseguró que el pequeño murió a las dos horas de vida. La propia María José, que entonces tenía diez años, asegura que habló con la monja y lo que ésta le dijo: "Quédate tranquila que cuando tu hermano estaba tan malito lo lié en una toalla y lo llevé a que lo bautizaran. Luego murió".

Desde el 5 de septiembre, y por una cuestión "muy personal", María José ya no habla de su hermano Jesús sino de "José Ignacio Cepas García Galiano". Su gemelo Andrés, que siempre creyó que estaba vivo, lo llama así. María José, que ahora cree en lo que siempre creyó su hermano, ha decidido que ya siempre lo llamará José Ignacio y que además lo va a encontrar.

Etiquetas
Publicado el
19 de noviembre de 2013 - 21:19 h
stats