Pocas alternativas para los bares: las nuevas medidas provocan la reducción de plantilla y el cierre temporal

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Y ahora, ¿qué? Esta pregunta se la hacen muchos empresarios de la hostelería de Córdoba que ven cómo, desde este martes, tendrán que echar el cierre a partir de las 18:00. Las nuevas medidas adoptadas por la Junta de Andalucía para frenar los contagios en la capital ya han entrado en vigor y las perspectivas del sector hostelero pasan ya por intentar sobrevivir. Obtener beneficio es ya una quimera para muchos de ellos. El colectivo se siente “castigado” y ya ha convocado a través de las redes sociales una manifestación para este jueves como rechazo a estas medidas y a la falta de ayuda económica.

Si un hecho ha quedado constatado durante la pandemia ha sido la enorme baza que juega el turismo para la economía. La estampa del casco histórico y de la Judería es tremendamente desoladora. Apenas unos viandantes por el entorno de la Mezquita-Catedral y dos coches de caballos que esperan no se sabe muy bien qué. O a quién. El turismo nacional, no digamos ya el internacional, hace semanas que no pasa por Córdoba. El cierre de la capital durante 14 días alargará aún más esta agonía.

Jesús Maldonado, propietario del bar Santos, ve ya muy lejos aquellas imágenes del Puente del Pilar. En aquellas fechas, el turismo sí podría entrar en la ciudad y este empresario notó cierto movimiento, aunque muy lejos de las cifras que manejaba antes del inicio de la pandemia. “Aquel puente vendimos menos de lo que vendíamos en un día normal” antes de que el coronavirus se colara de lleno en nuestras vidas. Para estos próximos 14 días, Maldonado ha decidido abrir porque los pagos y facturas se siguen produciendo, pero sólo estará él ya que el resto de trabajadores se encuentra en un ERTE. En la desescalada, el 23 de junio, también fue el primero en incorporarse. Atrás dejó todos sus “ahorros”. Poco a poco se incorporaron sus empleados, pero las nuevas medidas le han llevado a la casilla de salida.

Aunque las restricciones permiten que el comercio y la hostelería estén abiertos hasta las 18:00, el gerente del bar Santos asegura que cerrará sobre las 16:30. “Nuestro establecimiento bebe del turismo. Ahora, si entra alguien, es entre las 14:00 y las 15:00”, asegura Maldonado, que ha desechado la idea del servicio a domicilio. Su plato estrella, la cuña de tortilla, se convierte en un producto muy sensible para el transporte. “No sé por dónde vamos a tirar”, lamenta.

Su bar y El Pimpo son de los pocos que aún continúan abiertos en los alrededores de la Mezquita-Catedral. Restaurantes emblemáticos como El Bandolero cerrará este martes mientras que la pasada semana ya anunciaron su cierre tanto El Caballo Rojo como Casa Pepe y Casa Rubio.

Otra zona excesivamente concurrida es la Avenida Barcelona, con numerosos comercios a ambos lados, aunque cada vez se dejan ver más los carteles de Se vende o Se Alquila. Carlos Pérez es el propietario de La Taberna y denuncia que las restricciones sanitarias sean tomadas por profesionales que, a su juicio, se encuentran muy lejos del sector hostelero y y del comercio. “Las decisiones las toman personas cuyos sueldos no peligran y así es muy fácil tomarlas”, se queja este empresario, que asegura que el cierre adelantado a las 18:00 hará más grande el agujero de pérdidas que su sector lleva arrastrando desde el inicio de la pandemia.

Al igual que el resto de bares y restaurantes consultados, La Taberna llevó a cabo una inversión para la compra de todo tipo de materiales desinfectantes para dar seguridad a los clientes. Sin embargo, Pérez afirma no haber recibido la visita “de nadie del Ayuntamiento ni de Inspección” para certificar que su restaurante era seguro. “Estamos totalmente desprotegidos y nadie nos dijo qué protocolos teníamos que seguir”. En su caso, dos trabajadores han sido despedidos mientras que otros dos tienen el horario reducido.

Raúl Montalván es uno de los empleados del bar Marco y cifra en un 70% las pérdidas que sufrirá el establecimiento a partir de hoy. Afirma que, a pesar de “ser señalados como el foco de los contagios”, no conocer ningún camarero o compañero infectado por coronavirus. Durante los próximos días trabajarán él y otros dos empleados más, mientras que los otros dos restantes acudirán algunas horas. “A ver lo que podemos aguantar así”, lamenta este trabajador, que augura que el cierre de los bares y restaurantes abocará “a que la gente se siga juntando en sus casa”.

A este misma conclusión llega Sergio Rodríguez, gerente del Grupo La Carbonería, formado por un total de nueve restaurantes. “Ya ha quedado demostrado, como ha ocurrido en Cataluña, que el cierre de los bares no hace que disminuyan los contagios”, afirma este empresario, que alude al informe del Ministerio de Sanidad que asegura que sólo el 3% de los brotes de coronavirus se han producido en bares y restaurantes. Las pérdidas ocasionadas durante los “buenos meses” de Córdoba se sumarán a las que vendrán ahora, por lo que Rodríguez alerta de la necesidad de ayudas económicas que permitan visualizar el largo plazo con cierto optimismo. “¿Qué pasará aquí después de la pandemia? La crisis pasará pero no va a quedar ninguna empresa”.

Aunque La Carbonería es un grupo hostelero asentado en la ciudad, la pandemia también ha provocado que algunos de sus trabajadores hayan perdido su empleo, por lo que la plantilla ha pasado de ser de poco más de 100 empleados a situarse en unos 70. En vistas a seguir manteniendo tanto los puestos de trabajo como los nueve restaurantes, el Grupo La Carbonería ya está trabajando para implantar el servicio a domicilio como la mejor forma para seguir ofreciendo su comida a los clientes.

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