La leyenda del rival: Enrique Porta

El recuerdo en el fútbol es caprichoso. A veces, hasta injusto. El mejor Granada de toda su historia, el de los setenta, ha pasado a la historia por violento. La presencia en sus filas del argentino Aguirre Suárez y del paraguayo Pedro Fernández, cuya dureza era indiscutible, hizo que el barcelonista Asensi llegara a declarar que "jugar en Granada es como ir a la guerra". Pero aquél Granada, según las crónicas, no era sólo fuerza. De hecho, la mayor leyenda del club rojiblanco, forjada en aquella época, era un delantero. Y quedó primero en el pichichi de la 71-72.

Enrique Porta Guíu, nació el 17 de diciembre de 1944 en Villanueva de Gállego (Zaragoza). Empezó su trayectoria en equipos locales para pasar en edad juvenil a las categorías inferiores del Real Zaragoza. No era un futbolista fuerte, ni alto (1.70), pero tenía una inteligencia sobresaliente y era muy habilidoso con la pelota. Además, sabía estar en el sitio justo en el momento preciso. Un pillo del área.

En la temporada 67-68 sobresale en la S.D. Huesca anotando 34 goles en Tercera división. Marcel Domingo, director técnico del Granada, se fija en él y ambos clubs llegan a un acuerdo por el que el club altoaragonés se embolsaría 350.000 pesetas, más un partido amistoso con todas las estrellas rojiblancas que le rentó otras 300.000 más.

Los comienzos del aragonés en Granada fueron duros. En su primera campaña fue obligado a jugar de defensa y apenas disputó cinco partidos. Al año siguiente, la temporada 1969/70, fue descartado por el técnico Néstor Rosi y obligado a jugar en el equipo filial, el Recreativo de Granada, a pesar de tener 26 años. En Tercera, de nuevo, sobresale colando más de treinta goles.

La temporada 1970-71 volvió al primer equipo, pero el peculiar técnico Joseíto le volvió a relegar y apenas jugó siete

partidos, sólo uno completo, consiguiendo anotar su primer y hasta ese momento único gol como jugador de Primera.

Por fin en la 71-72 Joseíto se da cuenta de la joya que está desaprovechando y le otorga la titularidad junto a un puñado de buenos peloteros. En ese Granada estaba el lateral De la Cruz –internacional ese mismo año-; el incansable mediocentro cordobés Rafael Jaén; los extremos Lasa y Vicente González-Sosa, que fueron determinantes para la gesta de Porta, o su compañero en ataque Barrios, con el que se entendía a las mil maravillas.

Ese Granada era un equipo ambicioso, de vocación europea, que intentaba clasificarse para la Copa de la UEFA (lo llegó a rozar, quedando sexto). Compitió a gran nivel y se ganó la leyenda de ‘Matagigantes’. Sirva como ejemplo que en una misma semana visitaron el Barcelona y el Real Madrid de forma consecutiva al antiguo Los Cármenes, los dos lanzados a por el título, y los dos cayeron en Granada.

Porta anotó veinte goles y obtuvo el Trofeo Pichichi al máximo goleador de la Liga. Todos los metió en jugada, ninguno desde el punto de penalti o a balón parado.

Naturalmente su brillante temporada en el conjunto nazarí hizo que el Barcelona depositara su interés en él pero, según cuentan, el presidente por aquellos entonces, Candi, les pidió veinte millones de  pesetas (a millón por gol). Un precio excesivo a juicio de los mandatarios culés.

En la 72-73 Porta fue también titular indiscutible, anotando once dianas, pero la ausencia de Barrios (fichado por el Barça) y la no tan buena campaña del equipo mermaron su rendimiento. Su carrera no repunta en la 73-74, en la que ya no es titular, ni en la 74-75, así que en 1975 se marcha al equipo de su tierra, el Real Zaragoza, antes de terminar su trayectoria deportiva en el Terrassa.

Es la historia de Enrique Porta, el artista de un gran equipo guerrero. Un futbolista querido por su gente, la del Granada, como recordaba recientemente en una entrevista para el Diario AS: "La afición estaba conmigo. Si no hubiera cantado el 'Porta, Porta', igual no me hubieran puesto de titular".

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7 de mayo de 2015 - 11:05 h