El Espanyol

El nacimiento del Espanyol (como Sociedad Español de Foot-Ball) fue fruto de una reacción de miembros de la Universidad de Barcelona contra la política de fronteras abiertas impulsada por el que luego fue gran rival histórico y también recién forjado Fútbol Club Barcelona. Los "tres mosqueteros" –así se conocía en ese lejano 1900 a los fundadores del club- que eran Ángel Rodríguez, Octavio Aballí y Lluís Roca, deciden formar una entidad en la que sólo tuvieran cabida por sus estatutos catalanes y nacionales del resto del Estado (originariamente un par de vascos y un andaluz). Comienza vistiendo de amarillo porque el prosaico motivo de que le sobraba tela de ese color a uno de sus dirigentes.

En 1901 adopta el nombre de Club Español y en 1902 tiene el honor de marcar el primer gol –lo hizo Ángel Ponz al Athletic, aunque luego perdieran su eliminatoria 5-1- de la historia de la recién creada Copa de España.

Después de un periodo de inactividad vuelve el Español a ser fuerte a partir de 1910. Ya se llama Real Club Deportivo (1912) y adopta el blanquiazul del escudo de armas del heroico almirante Roger de Lauria como color. Además, permite que jueguen forasteros en sus filas, lo que mejora su competitividad.

En 1923 estrena su mítico campo de Sarriá y en el 1929 obtiene su primer título. Una Copa en la que defendía su portería el Divino Ricardo Zamora, el médico frustrado que se convirtió –cuentan- en el mejor portero español de siempre (por cierto, fichó por el club porque su compañero de estudios Gisbert no pudo desplazarse a un partido en Madrid). En esa final vencieron 2-1 al Madrid con goles de Padrón y Tin Bosch, otra leyenda del club y vigilante del mítico 'Xalet' de Sarriá. Ese triunfo le permite ser uno de los fundadores de la Liga Española en 1929, en la que también entran en la historia al ser el primer equipo que marca (Pitus Prat, ante el Real Unión).

Durante la Guerra Civil, queda tercero en el trofeo del 37 llamado Copa de la España Libre que gana el Levante –sólo lo jugaban cuatro equipos-. En 1940 llega el segundo título de la entidad. La Copa –entonces del Generalísimo- es lograda tras una emocionante final ante el Madrid. Un gol de Jorge parecía otorgarles el triunfo en el minuto 86, pero Alday empató a uno del final. En la prórroga, una internada de Mas fue desviada por Quincoces a la red y el trofeo viajó, de manos del General Moscardó, a Cataluña.

Durante los cuarenta y cincuenta se consolida el conjunto perico –por cierto, se les llama así por la abundancia de estos pajaritos en la zona del palmeral cerca de Sarriá- como equipo de la zona media de Primera. En la 50-51 consiguen la mayor goleada en el derbi catalán, metiéndoles un rotundo 6-0 al Barça.

En los 60 se estrena en Europa. Concretamente en la 61-62, cuando disputa una Copa de Ferias en la que alcanza los cuartos (eliminados por el Estrella Roja). Quiere el destino que esa misma campaña termine con el primer descenso del club a Segunda. Llega la catástrofe tras una promoción ante el Valladolid. En la ida ganan en Sarriá 1-0 y fallan un penalti. En la vuelta, un gol de Rodilla –que luego ficharía por el Espanyol- da la vuelta a la eliminatoria y les desciende. El técnico del Valladolid, Heriberto Herrera, también recala en el conjunto catalán y les devuelve a Primera al año siguiente merced a otra promoción, ante el Mallorca. Con el retorno, se firma a dos leyendas como Di Stéfano y Kubala, quienes junto a Cayetano Ré o Miralles consiguen devolver al club a Europa en la Copa de Ferias del 66 (caen en cuartos ante el Barça). En el 69, sin embargo, vuelven a caer a Segunda, para regresar otra vez por la vía rápida.

Durante los setenta realiza el Espanyol una histórica gira por la URSS, insólita por la coyuntura política. Además, participa tres veces más en la UEFA –no pasa de octavos-. En esa época juegan y destacan de blanquiazul los cordobeses Verdugo y Manolín Cuesta.

En la 86-87, dirigidos por Clemente culminan una fantástica campaña siendo terceros y, en consecuencia, se clasifican para jugar la UEFA. En ese torneo eliminan al Gladbach, al Milán de Sacchi, al Inter, al Viktovice checo y al Brujas. Llegan a la dura final ante el Bayer Leverkusen. En la ida los N´Kono, Orejuela y compañía se pasean (3-0; dos de Losada, uno de Soler), pero en la vuelta un rácano planteamiento y un temblor general les condena a los penaltis tras otro 3-0. Un fallo de Losada les deja con la miel en los labios.

Al año siguiente, su tercer descenso a Segunda, después de caer en otra promoción ante el Mallorca. Los penaltis le devolvieron a Primera un año después en otra apretadísima eliminatoria ante el Málaga. En el 93 vivió el Espanyol su último descenso, otra vez en una promoción –ante el Racing-. Volvieron a subir por la vía rápida. Como campeones de Segunda.

En el 97 se despiden de Sarriá, que es cruelmente demolido, y se mudan al frío estadio de Montjuïc, donde viven su centenario, en el que festejan con una final de Copa, su tercera, ante el Atlético (2-1 con goles de su leyenda Tamudo y Sergio). El técnico era Paco Flores. Seis años después es Lotina quien consigue su cuarta Copa imponiéndose en la final al Zaragoza (4-1, Tamudo, Luis García (2) y Coro). Precisamente Coro fue el autor esa misma campaña de uno de los tantos más importantes –y agónicos- de la historia del club, el que le dio la permanencia en el último suspiro en un partido ante la Real.

Después del susto, el segundo gran ´casi´ de los Pericos. Tras una fase previa, superar una liguilla y de zafarse de Livorno, Maccabi Haifa, Benfica y Werder Bremen se midió en una final españolísima de la UEFA con el Sevilla. Dirigidos por Valverde –que estuvo en la otra final de la UEFA- protagonizaron un encuentro trepidante e igualado (2-2, para los catalanes anotaron Riera y Jonatas ya en la prórroga). Otra vez los penaltis, como en el 88, aplastaron su sueño. Marc Torrejón falló el definitivo (se lo adivinó Palop).

Esa final la disputó, con el dorsal número 21, Dani Jarque (también con el 16, en el otro equipo, Puerta). Su fallecimiento súbito por culpa de una asistolia en la pretemporada 2009-2010 en Italia destrozó a una afición que le recuerda en cada 21 de juego en su nuevo y precioso estadio de Cornellà-El Prat (comercialmente Power-8).

Mucho mérito el de esta entidad centenaria. Lo definió Tamudo en una entrevista en 2011: "Ser del Espanyol tiene más valor, sufres mucho más, sabes que tu equipo rara vez luchará por ganar una Liga y los sentimientos son más de verdad".

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26 de febrero de 2015 - 11:25 h