El Celta

En los salones de la Patronal de Vigo se forja el 23 de agosto de 1923 el Real Club Celta de Vigo, producto de la fusión entre el Vigo Sporting y el Fortuna. El primer presidente fue Manuel Bárcenas, Conde de Torre Cedeira. El nombre estuvo a punto de ser el de Breogán y sus colores los rojinegros, pero se decantaron sus primeros rectores por el celeste para potenciar su vocación galleguista. Empiezan jugando en el campo de Coia, pero pronto se mudan a Balaídos.

Cuando se crea la primera Liga –año 28- al Celta le excluyen a pesar de que uno de sus padres –el Sporting- alcanzara el subcampeonato de España en 1903, uno de los requisitos que se le demandaban a los aspirantes a una plaza.

El primer ascenso a la élite se produce en 1936 merced a tres goles de Nolete al Jerez Industrial, pero no se cobra por la maldita Guerra hasta el 39. Consigue permanecer en la máxima categoría de forma casi ininterrumpida durante 22 años –sólo bajó en 1945 para subir la temporada siguiente-, siendo sin duda su mejor campaña la 47-48. Ese año, dirigidos por Ricardo Zamora, los celtiñas fueron capaces de ser cuartos en Liga, a seis del campeón Barça, colocar como máximo goleador a su estrella Pahíño (21 tantos) y, como colofón, alcanzar su primera final de Copa, que perdieron ante el Sevilla en Chamartín (4-1). En esa época despunta también Hermidita, que en sus doce años de celeste anotó 113 goles antes de firmar, por cierto, por el recién creado Córdoba C.F. en el 56.

Los sesenta son más bien grises en la historia del Celta. Toda la década la penaron en Segunda –tres play-off perdieron- hasta que en la 68-69 regresan y sólo dos años más tarde se meten por vez primera en Copa de la Uefa, de la que son eliminados a las primeras de cambio por el Aberdeen. La década de los setenta es de vaivenes. Sintomático de tanto altibajo lo sucedido en la 76-77 cuando el máximo goleador del equipo fue ni más ni menos que el argentino Fenoy, portero, que convirtió 5 de los 6 penaltis que lanzó.

En 1980 toca fondo con un descenso traumático a Segunda B, categoría de la que sale con la mano del técnico balcánico Milorad Pávic, que cuando ficha pensaba que el club estaba en Segunda. Fue enorme su labor porque tras subir a Segunda logró hacerlo a Primera merced a la entrega de su eterno capitán Manolo y los 26 tantos de su artillero ‘Pichi’ Lucas.

No obstante, la inestabilidad prosigue en los ochenta. Un descenso muy controvertido en Valladolid en el 83–con una extraña pasividad de la plantilla que hizo que se sancionara a trece de ellos- se corrigió en el corazón de los célticos con el ascenso de Sestao en el 86. En 1989 llegaron dos duros golpes para el Celta: el accidente que postró a su joven jugador Alvelo en silla de ruedas y el asesinato, tras un asalto a las oficinas del club, del gerente y ex jugador Quinocho.

En 1994 disputa el Celta su segunda final de Copa, lo logra de la mano de Txetxu Rojo y con jugadores como Cañizares, Berges, Ratkovic, Gudelj o Engonga. Un penalti marrado por Alejo en la tanda de penaltis de ese último partido ante el Zaragoza les dejó sin gloria. Pasaron los vigueses en dos años de la ilusión al miedo a un posible descenso a Segunda B por culpa de sus problemas para convertirse en SAD. La movilización de su hinchada y la del Sevilla evitó la catástrofe.

A partir de la 97-98 comienza la época dorada del Celta. Se suceden técnicos experimentados como Irureta, Víctor Fernández y Lotina en el banquillo y escuadras con nombres como Mazinho, Karpin, Mostovoy, Sánchez, Makelele, Penev o Revivo. En esta época elimina en la Uefa a Aston Villa, Liverpool, Benfica o Juventus (a estos últimos endosándoles sendos históricos 7-0 y 4-0 respectivamente).

En febrero de 2001 toca su techo y alcanza el primer puesto en ese momento para la Federación Internacional de Historia y estadística del fútbol. Al final de esa histórica 2000-01 disputa su tercera final de Copa, que vuelve a perder ante el Real Zaragoza.

En la 2003-2004 consigue por vez primera clasificarse el Celta disputar una Champions (cae en octavos ante el Arsenal) y al mismo tiempo, otro detalle que refleja el espiral de sentimientos en la que se ha gestado este club, cae en picado en Liga hasta descender a Segunda.

Desde ese momento la historia del Celta se ha equiparado a la rutina de equipo que lucha entre la Uefa, mantenerse en Primera y, cuando cae, subir pronto a la élite. El último ascenso lo logró, precisamente, en ese empate a cero del que tan grato recuerdo tiene la afición cordobesista. Una entidad la viguesa a la que la historia, por algunas temporadas memorables, le debe al menos un título.

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29 de enero de 2015 - 02:19 h
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