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Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

Jornaleras en un olivar

Alfonso Alba

24 de octubre de 2026 20:00 h

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Este lunes, nuestro compañero Jesús Ventura escribía que los olivareros no encuentran jornaleros suficientes para recoger la aceituna. El debate estalló en redes sociales, especialmente en X, propiedad de Elon Musk y con un algoritmo muy escorado a la derecha más extrema y a los mensajes xenófobos. La noticia ha sido retuiteada hasta el infinito y más allá, y comentada sin parar. ¿Cómo es posible que en una región donde hay tanto paro no se encuentre a trabajadores para la aceituna?

En este 2026, con la IA colonizándolo todo, los debates en redes rara vez son profundos y se suelen basar en la primera idea que a uno se le pasa por la cabeza. Pero a esta situación hemos llegado a través de una realidad que, como casi siempre, es mucho más compleja que una reacción emocional a un tuit.

Ha pasado casi un siglo de aquel poema de Miguel Hernández, aquellos “andaluces de Jaén, aceituneros altivos”, pero la esencia del poema sigue sobre la mesa. El olivar sigue siendo el gran motor económico de Jaén y de gran parte de la provincia de Córdoba (se estima que puede alcanzar un tercio del PIB del territorio, ahí es nada). Desde Roma y su monte Testachio, construido con los restos de las vasijas rotas de aceite de oliva que la metrópolis importaba desde la Bética, hasta la actualidad la realidad económica no ha cambiado demasiado. El sur de la Península Ibérica sigue siendo el lugar idóneo para cultivar olivos y producir un aceite que es esencial no solo en la cocina mediterránea sino en una infinidad de recursos asociados a nuestro día a día.

Pero el trabajo se ha mecanizado, como en todo el campo. Y salvo el olivar de sierra (que habría que proteger de manera urgente si no queremos un abandono masivo y que nuestros montes ardan de abandono cada verano) la manera en la que se coge la aceituna ha cambiado radicalmente en un par de décadas. Antes se necesitaba una cuadrilla de diez personas y una semana para recoger la aceituna de una finca. Esas mismas personas, con tractores y maquinaria, pueden recoger esa misma finca en tan solo una mañana.

Poco a poco los olivares se han vaciado de los jornaleros de Miguel Hernández que amamantaron los olivos. La inmensa mayoría de aquellos jornaleros auténticos se ha jubilado. Y la mayor parte de sus hijos ha optado por un trabajo mejor. No conozco a ninguno de esos niños que cuando se le preguntaban en el colegio sobre qué querían ser de mayores dijeran que lo mismo que sus padres: jornaleros. Nadie quería pasar por las fatigas de sus progenitores. De sus espaldas quebradas, sus pulmones inflamados, sus brazos rotos y su agotamiento extremo. Y mucho menos hacerlo por un sueldo escaso, por un trabajo que duraba un invierno y luego había que buscarse la vida, y por jornadas que no se cobraban si el día salía muy lluvioso.

Nadie que no se ha criado dando palos a un olivo puede entender que es mejor cualquier otro trabajo. Cualquiera.

De una manera bastante clasista, pensamos que será la emigración la que rellene el hueco que han dejado nuestros jornaleros jubilados y agotados. Pero solo serán aquellos que no tengan otra cosa los que opten por un trabajo que aunque mecanizado sigue siendo muy duro.

Por eso el principal problema sigue estando en los precios. Hoy día es muy difícil exigirle a un olivarero (recuerden que en Andalucía hay miles de pequeños propietarios) que pague muy bien si no le salen las cuentas. Un estudio de AEMO estima que con los precios actuales más de la mitad del olivar que se va a recoger este año no es rentable. Sin márgenes no gana el olivarero. Mucho menos aún el olivarero.

Tenemos el ejemplo de Francia y su vendimia. Es un trabajo al que acuden los pocos jornaleros que sobreviven en Córdoba. Les pagan muy bien. Pero es que los viticultores franceses producen una uva que, en origen, también se paga muy bien.

“Andaluces de Jaén / aceituneros altivos, /decidme en el alma: ¿quién / amamantó los olivos? / Vuestra sangre, vuestra vida, /no la del explotador / que se enriqueció en la herida / generosa del sudor”.

No hay que perder el foco. El explotador es el especulador, la gran comercializadora dispuesta a ganar muchísimo dinero a costa del sudor de los olivareros.

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Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

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