Los olivareros no encuentran jornaleros suficientes para recoger la aceituna
La campaña de la aceituna está marcada por una serie de problemas que hace que su rentabilidad no sea la adecuada. De hecho, el precio de venta de los agricultores está por debajo de los costes, y muchos han decidido ni siquiera recoger el fruto. Ahora, los que sí que han decidido realizar la cosecha tienen otro problema que ahonda la crisis: no hay mano de obra suficiente, y así lo han hecho saber tanto UPA como Asaja a este periódico.
Por otro lado, y tal y como informó la Junta de Andalucía, las estimaciones para la presente temporada prevén una producción de unas 340.000 toneladas de aceite de oliva en Córdoba —a partir de casi dos millones de kilogramos de aceituna—, lo que requerirá la realización de entre cuatro millones y medio de peonadas, en lo que según Juan Pulido, secretario de Administración y Programas de UPA Córdoba, señala como una campaña media-baja.
Asimismo, el técnico de Asaja Córdoba, Rafael Castellano, ha remarcado a este periódico que la falta de mano de obra “constituye uno de los principales desafíos para la viabilidad, competitividad y continuidad de las explotaciones agrarias” en la provincia. El profesional ha subrayado que no se trata únicamente de un contratiempo que se ha dado en esta temporada, sino que es un “problema estructural que afecta día a día a la organización de las explotaciones, los costes de producción y al futuro del sector”.
La poca estabilidad del trabajo y comprometer la siguiente campaña
Aunque la falta de mano de obra no viene únicamente por falta de trabajadores, sino que es por culpa de otros factores como el envejecimiento de la población activa agraria, ya que los afiliados tienen una edad media “en torno a los 55 y 60 años”, tal y como ha señalado Juan Pulido. De hecho, este dirigente de UPA Córdoba ha aseverado que el trabajo en el campo “es un trabajo inestable” y físicamente exigente en meses de bajas o altas temperaturas y fuertes pendientes, lo que lleva a los jóvenes a declinarse por otros empleos con mejores condiciones laborales.
Y si ya es complicado encontrar mano de obra, más lo es estar por una temporada larga en las explotaciones. Rafael Castellano ha advertido sobre “la dificultad de mantener equipos de trabajo estables durante toda la campaña”, donde las ausencias imprevistas o el abandono perturban el trabajo. Además, el técnico ha enfatizado que la escasez también se extiende para “encontrar perfiles cualificados como tractoristas”.
Esto trae consigo que la recogida se dilate más de lo deseado, tal y como ha detallado un Juan Pulido que ha apuntado que “se retrasa la recolección, se coge más tarde” debido a que los pocos trabajadores disponibles van pasando de una finca a otra. El representante de UPA ha aseverado que esta tardanza, sumada a las variedades de cada zona -como ocurre en la Subbética-, puede llegar a condicionar y comprometer la producción de la siguiente campaña.
El plan especial de UPA para acabar con este déficit
Estos problemas hacen que las principales organizaciones tengan que pensar en ideas o proyectos para mitigar la carencia, como ha hecho UPA Córdoba. Esta entidad ha puesto en marcha junto al Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, un proyecto piloto de contratación de personas con protección internacional. Esta alternativa busca ofrecer una respuesta ágil y regularizada a la demanda de mano de obra en los municipios olivareros.
En palabras de Juan Pulido a este periódico, este mecanismo resulta “mucho más rápido, más ágil y mucho más económico” que la tradicional contratación en origen en terceros países. Asimismo, ha destacado la tranquilidad que aporta al agricultor. “Es un proceso completamente regularizado y legalizado” que garantiza la autenticidad de la documentación de los trabajadores.
Tras una primera experiencia con nueve trabajadores en la comarca de la Subbética el año pasado, la iniciativa ha triplicado su alcance en esta campaña hasta alcanzar entre 25 y 30 contrataciones, respondiendo a la elevada demanda y satisfacción mostrada por las explotaciones adheridas.
Tanto UPA como Asaja coinciden en que el sector agrario es el principal motor económico de la provincia y un elemento clave para fijar la población al territorio rural. Por ello, instan a aplicar políticas públicas eficaces que protejan la rentabilidad del agricultor y eviten que este siga siendo “el eslabón más perjudicado”.
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