¡Viva la guerra¡

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Eran las 15:00 horas del 24 de octubre, día del custodio San Rafael. Supongo que muchxs cordobesxs estaban en ese preciso instante sopesando si apartaban ya el perol o le echaban una mijita más de agua. El cuñado ya estaba con sus consejos con ese tono de autosuficiencia, lo mejor es que saliera ya el arroz y a ver si así dejaba sus análisis políticos y sus vaticinios sobre los cuatro días que iba a durar Podemos. Mientras, a veinte o treinta nos dio un ataque de locura delante del sádico del Gran Capitán y nos pusimos a bailar como si aquello no fueran Las Tendillas, bailamos no sé si minutos o segundos celebrando ese calor extemporáneo, que nos hubiéramos librado de ponernos el chandalito para el perol, los cotilleos sobre los vecinos de parcela, tan ruidosos, y sobre todo celebrando la vocación inquebrantable de los artistas, que no entienden de crisis ni de excusas, sólo necesitan gente que les escuche, que quiera conocerlos.

Viva la guerra es un canto a la rebeldía de la felicidad, un viaje al centro de la tierra, una fiesta. Los verdiales, una maravilla que no comprendemos, un flechazo agudo y constante, un rito derviche, lisérgico y primario que la mayoría ignora y otros escuchan con condescendencia, sin ser conscientes de estar ante una de esas maravillas sencillas y eternas que ha producido el mediterráneo. Alberto Cortés ha utilizado la alegría incontenible del verdial para montar una rebelión contra la estafa que estamos sufriendo, las promesas incumplidas, las palabras que nos negaban la verdad, que no nos tocaba a nosotros, era su momento, y nosotrxs debíamos ser meros comparsas. "Me prometieron que si seguía estos pasos tendría un futuro de oro, que sería invencible… y no tengo nada".

Antes de eso habíamos visto a Natalia Jiménez crear belleza en una hermosa mañana en un hermoso sitio, y a las hermanas Gestring sorprendernos con humor, habilidad, inteligencia, y la inestimable colaboración del sastre de Santa Marina, aire fresco en el aburrimiento y el conformismo que ha acabado inundando la calle Cruz Conde. Miraba a mis hijxs y pensaba que a su edad yo no había visto algo parecido, que quizás eso lxs haga mejores, más sabixs, o menos ingenuxs. Todo fue distinto, especial, pero nada como ese instante que tan bien captó José Osuna con su cámara, ese tiempo en el que todos rompimos a bailar como posesos, con una extraña mezcla de rabia y entusiasmo, una experiencia extática en las antípodas del senequismo, como si ésta no fuera en ese preciso instante la Córdoba de los peroles, las peñas, los custodios… y el cuñao, que no se calla ni con la boca llena de arroz.

Nota: Gracias a José Osuna por la fotografía. Él cuenta todo esto con imágenes en su facebook mucho mejor que yo, no os lo perdáis. Y sobre todo gracias a Natalia Jiménez, Sergio Gómez, Greta García, Laura Morales, Alberto Cortés, Luz Prado, Pablo Contreras, María del Mar Suárez y Mariché López, que vinieron convocadxs por Eutopía14.

http://vimeo.com/83676417

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28 de octubre de 2014 - 05:52 h