Precario año mismo

Buenos días y próspero año nuevo. Te supongo resacoso (del champán, de la comilona, de los petardos o de los humoristas de la tele) y algo extrañada (todos los 1 de enero, casi imperceptiblemente, nos observamos con un poco más de atención a ver si notamos algún cambio) pero te advierto que no voy a tener misericordia. Aún estás a tiempo de apagar el ordenador e irte a ver el concierto de Viena, los saltos de esquí o los resúmenes de las imágenes del año, prácticamente idénticas a las del anterior y a las del anterior del anterior (bueno, no es verdad, en el último el Madrid ganó algo). Pues de eso quería hablarles, de por qué se parecen todos los años.

Hoy es 1 de enero y seguimos en crisis en este próspero año nuevo que parece eterno, y parece eterno porque la derecha lleva treinta años ganando. Vaya cambio de ritmo. Dos puntualizaciones: cuando digo ganar no me refiero a las elecciones (esas las gana unas veces el Madrid y otras el Barcelona, no tiene mucha importancia), sino a algo más parecido a la cosa gramsciana de la hegemonía; y cuando digo izquierda y derecha no me refiero al Madrid y el Barcelona (que podría, eso otro día) ni al PP y el PSOE. A efectos de este speech léase por izquierda toda propuesta que defiende que el futuro puede ser mejor para la mayoría y que eso depende de lo que hagamos; y por derecha, a todos los que os habéis descojonado de risa cuando habéis leído la definición de izquierda.

Decía que esto parece eterno porque esta derecha descojonada, neoliberal y atea ha terminado siendo posmoderna clausurando el futuro. El cielo ya no existe (ni aquí ni allí) y la única tarea posible es la evitación del infierno. No hace ya ningún relato del sitio al que nos llevarán con el recorte de derechos, el abaratamiento del despido y del trabajo (por cuenta ajena claro, lo otro es otra cosa) o el aumento de las desigualdades. Sólo nos dicen que si no hacemos eso arderemos en el infierno. Por eso digo que es posmoderna, porque la modernidad, la ilustración o el progreso (espacio en el que se han insertado la casi totalidad de los discursos políticos hasta anteayer) construían el imaginario de algún futuro mejor, alguna forma de cielo en la tierra como motor del progreso y objetivo del esfuerzo (recuérdense los carteles del PSOE en el año 82, con aquellos jardines, felices ancianos, cometas coloridas…). Ahora nos piden que nos esforcemos para no tener que dormir en la calle y pasar hambre, pero no por la crisis, sino "porque la vida es así, no la he inventado yo" que diría Pablo Abraira (disculpad los jóvenes). Y punto. Cuando se dice que Rajoy está incumpliendo su programa se dice una verdad a medias, porque la realidad es que el PP está haciendo exactamente su programa, que obviamente no es el folleto que editaron para las últimas elecciones. El PP, en plena bonanza económica, decía que lo público era ineficiente y había que adelgazar la administración, que el despido era caro, los salarios altos y la sanidad y las pensiones insostenibles. Lo decía en la riqueza y lo ha puesto en práctica en la pobreza, simplemente porque el sistema sólo funciona con la escasez o la amenaza de la escasez de la mayoría. Ya han conseguido instalar la escasez y el miedo como forma de vida y así les va muy bien, así que el futuro no interesa. Sin futuro viven mejor.

Ahora vamos con los otros, o con sus ruinas. La izquierda, que se ve que no sabe cómo orientarse, tiene aquí una pista. Si para la derecha lo bueno es que no haya futuro, para la izquierda debe ser bueno que sí exista. Los portavoces de los restos del naufragio andan ahora liados con lo de otra forma de gestionar la crisis, activar la economía a la vez que se mantiene la austeridad y patatín y patatán. Todo eso está muy bien porque hay que comer todos los días y llevamos ya cuatro años con la vaselina, pero no es suficiente. A las personas nos gusta soñar, qué le vamos a hacer. Si me pide que me esfuerce, que me levante todas las mañanas temprano, tolere las órdenes del arribista de turno, sacrifique mi tiempo para que a otro le sobre, me tiene que decir que tiene previsto o planeado que dentro de unos años, o al menos los que vivirán mis hijos, no van a seguir siendo así. O sea, que me tiene que convencer de que usted también cree en el futuro, y que esta zafiedad abusona no es lo máximo a lo que podemos aspirar. Así que a la vez que tapan los agujeros de la nave y dan volantazos con otro estilo, dediquen un tiempo a imaginar, a escuchar, a reinventar. Sean capaces de dibujar otro horizonte porque si no seguiremos perdiendo, y a mí se me van a quitar las ganas de madrugar. Y no sé qué voy a hacer con tanto tiempo.

Del video: La gente en Lisboa lo cuenta así de bien. Hace unas semanas en el Chiado.

http://www.youtube.com/watch?v=2QmkLj2FW9A&feature=youtu.be

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1 de enero de 2013 - 05:00 h