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A las puertas de un nuevo mundo

Sebastián Pérez

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Determinar los periodos históricos que señalan épocas, procesos o fechas concretas necesitan del paso del tiempo para poder llegar a analizar y estudiar tales hechos, pero existen momentos tan evidentes que no necesitan de tal cobertura temporal. La ruptura del marco social, económico, político y cultural que supuso la crisis del capitalismo financiero de 2008 es la mejor prueba de tal afirmación. Un proceso donde el neoliberalismo estalló, merece la pena recordar las palabras del propio Presidente de la República francesa, Sarkozy, en pleno año 2008, cuando hizo un llamamiento para “refundar el capitalismo”, un grito de socorro ante un sistema que había quebrado. Años de desindustrialización y deslocalización de los sectores productivos, privatización de los sectores estratégicos, destrucción del Estado del bienestar y sus servicios públicos, concentración de la riqueza y dominación económica y política de transnacionales, fondos de inversión y oligarcas, eliminación de derechos laborales y sociales, persecución, desmantelamiento y, en el peor de los casos, criminalización de las organizaciones obreras y de izquierdas, tanto políticas como sindicales, la caída y pérdida de la hegemonía estadounidense, un nuevo orden mundial, etcétera.

Se está produciendo un cambio conceptual, una nueva concepción ideológica frente al “there is not alternative” del neoliberalismo. Solo hay futuro si hay alternativa, por lo tanto, sí y solo sí, puede haber alternativa. Cabe señalar que se había instalado el discurso hegemónico de la cosmovisión del capitalismo, negando la existencia de la alternativa misma y, por lo tanto, negando la lucha de clases, y, a su vez, a la propia clase trabajadora, situando la carga de la prueba de la responsabilidad de las condiciones materiales de vida en el individuo, un individuo “libre”, “emprendedor” y “bajo la motivación coach”. Tras la pandemia, con el significado de tal crisis sanitaria y su traslación a la concepción de nuestro mundo, hoy comienza a extenderse la carga de la prueba en el gran capital, en las oligarquías y en la burguesía. Esto nos muestra que no es inocente la frase de Biden, por más que evidentemente sea una clara impostura ideológica (nada sospechoso por su ideario obrerista y socialista y replicada por Yolanda Díaz en el Congreso de los Diputados), “Si tienen dificultades para encontrar trabajadores, páguenles más”). Y es que si la crisis del capitalismo financiero de 2008 supuso una ruptura conceptual e ideológica (que nadie dude de que el actual gobierno de coalición debe su origen a tal hecho), la crisis de la pandemia de la COVID-19 también ha supuesto dos cuestiones fundamentales: la primera, una derrota de los mercados, del neoliberalismo, que, por supuesto, no solo se ha mostrado incapaz de anticiparse, sino que además se ha demostrado ineficaz, irresolutivo, prescindible y parasitario. Segundo, que la actual ruptura ha situado en el centro de nuestro mundo al Estado y a la clase trabajadora.

Es en este punto, donde debemos destacar las políticas nítidamente enmarcadas u orientadas a las condiciones materiales de vida, al conflicto capital-trabajo y en la intervención del Estado en la economía, como la subida del SMI, la ley de vivienda, el aumento de las pensiones, los ERTE´s o la derogación de la reforma laboral. Medidas, muchas de ellas, que han estado desarrolladas e impulsadas por Unidas Podemos y, especialmente, en el Ministerio de Trabajo de Yolanda Díaz, es donde se centra el nuevo marco conceptual, un marco enclavado en la génesis y en los fundamentos políticos e ideológicos de la izquierda: la conquista del Estado y la emancipación de la clase trabajadora y la humanidad.

Ahora, estando en esta coyuntura, llega un nuevo debate y un nuevo análisis y, consustancialmente, la batalla política. La caída del capitalismo neoliberal no se traduce, per se, en la concreción de un modelo determinado, y menos en un proyecto y en una economía de carácter socialista. Las oligarquías, los poderes económicos y los fondos de inversión pueden y comienzan a establecer otros modelos, alternativos al neoliberalismo como la versión más actualizada del capitalismo, para alcanzar una nueva fase del capitalismo, que continúe respondiendo a sus intereses pero que modifique o eliminen las actuales características del neoliberalismo. Un reajuste para garantizar la supervivencia del mismo.

Es en este punto donde podemos observar cómo el proceso de acumulación capitalista avanza de forma global bajo la concentración y la centralización mediante una nueva herramienta, la dominación tecnológica. Una economía capitalista que ha sufrido la ruptura de un sistema de producción fordista hacia la dispersión, la deslocalización, la externalización y la subcontratación en base a accionistas, fondos de inversión y oligarcas, ajenos a una economía real, a la producción y a lo tangible, con objeto de aumentar sus dividendos, beneficios y expandiendo su dominación monopolista. El economista francés Cedric Durand ha trasladado un nuevo concepto para plantear una transformación del capitalismo, superado ya el neoliberalismo, hacia un nuevo feudalismo bajo la dominación y el control de la tecnología. A estas tesis también se ha sumado Varoufakis, donde las tecno-corporaciones y las plataformas digitales son el nuevo marco de control de los medios de producción, superando al Estado. 

Los datos muestran cómo la desigualdad continúa extendiéndose con cifras que resultan categóricas. Según Oxfam Intermón, “el 99% de la población mundial posee menos riqueza que el 1% más pudiente de la población del planeta” y “3.600 millones de personas en el mundo poseían, en 2015, igual riqueza que 62 personas ricas.” La brecha entre ricos y pobres aumenta cada año (la pandemia no ha sido un obstáculo para esta peligrosa tendencia), el 10% de la población más rica concentra ya el 52% de las rentas y el 76% de la riqueza del planeta, según un estudio de World Inequality Lab. Esto nos muestra que debemos y necesitamos cambiar las relaciones económicas, el modo de producción y el sistema económico

¿Cuál es el proyecto ideológico y político de la izquierda? ¿Sobre qué marcos conceptuales desarrollamos un proyecto de la izquierda? ¿Qué cosmovisión queremos construir para nuestras sociedades?

Como advertía Marx en “El 18 de Brumario de Luis Bonaparte”, analizando el triunfo y la caída del primer gobierno obrero de la historia, la Comuna de París: “La clase obrera no puede contentarse con tomar posesión de la maquinaria del Estado para hacerla andar en su beneficio” para afirmar “La Comuna debía, pues, servir de levadura para alterar los fundamentos económicos sobre los cuales descansan la existencia de clases y, por tanto, el dominio de clases”. A día de hoy y leyendo a Marx nos encontramos con retos ya presentes y próximos donde se vislumbra un cambio de paradigma, donde la mejora de las condiciones materiales de vida están en el centro, donde la disputa del conflicto capital-trabajo es referencial, donde la descripción del “Nuevo Laborismo” de Daniel Bernabé ha entrado en disputa midiendo la correlación de fuerzas para que la izquierda se sitúe en su génesis, en su origen, bajo una triple alianza: Política, Sindical y Proyecto de País.

Por ello, el proyecto político de la izquierda organizada necesita desarrollar una Planificación democrática, ecológica y socialista de la economía. 

Democrática: el centro de poder, tanto en la capacidad decisoria como en la capacidad analítica, se debe situar en nuestras poblaciones y sociedades y sus intereses legítimos, emancipatorios y mayoritarios, en la soberanía nacional, en los entes administrativo-políticos de los diferentes niveles del estado, en las instituciones democráticas. 

Ecológica: El colapso ambiental necesita de una planificación ajustada a un elemento, como es el medio ambiental, que ya no puede ser ajeno al qué, cómo y cuánto en relación a la producción y a nuestro sistema productivo. Este es un eje situado en la base del desarrollo económico y social y, por lo tanto, consustancial al propio ser humano y a nuestro entorno habitable.

Socialista: El objetivo es la construcción de sociedades igualitarias, redistributivas y de progreso, un modelo productivo basado en los intereses colectivos y mayoritarios, transformando el capital en propiedad colectiva para convertir el poder privado en poder social. Determinando nuestra actividad productiva y económica en base a los intereses reales de nuestras sociedades y, por lo tanto, suprimiendo las ya viejas relaciones de producción de las clases dominantes, para situar el poder social en la clase trabajadora y en las poblaciones.

Hay solamente un camino para eliminar los graves males: el establecimiento de una economía socialista (Albert Einstein)

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