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Lecciones de canto

Redacción Cordópolis

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Un célebre político del siglo pasado recomendaba a quienes se acercaran a la política que tomaran lecciones de canto. Que la dicción y el solfeo serían armas útiles, más que el raciocinio o las ideas bien asentadas.

A día de hoy, sería de nuevo una buena recomendación. Lo teatral se ha instalado en la política, con mucho más ahínco que nunca. El político de éxito aparece en estrados, tribunas y gradas, sonriente y acompañado de ciudadanos que agradecen su presencia como dioses caídos del Olimpo o un cantante del momento. El pop no ha muerto, estaba de parranda.

No le pidan al político que presenten propuestas, desarrolle programas o desvele su idea de cómo entiende la ciudad o el país. En vano, lo lograrán. El político de hoy, pía, tuitea. Silba y canturrea. Tiene un minuto, un tuit, un titular. No más.

Conviene que introduzca temas cómodos, políticamente correctos, en campos de confort, donde diga lo que se espera que digan, el mayor número de potenciales votantes de su espectro, de su “target”. Ha de olvidarse de tener ideas propias, y mucho menos de desarrollarlas en más de un minuto.

Decía Vigotsky que el buen maestro era aquel que conducía a los alumnos fuera de su Zona de Desarrollo Próximo, desafiando los límites que por ellos mismos podrían alcanzar. Muy probablemente los buenos políticos son aquellos capaces de sacar de la zona de confort política y ciudadana en la que nos hallamos inmersos. Los que son capaces de enfrentar los temas incómodos, los debates no abiertos, las propuestas audaces e innovadoras… los que tienen pensamiento divergente y son capaces de instalar su pensamiento creativo en un fango de ideas añejas ya establecidas.

Contemplamos como políticos “del cambio” asisten a manifestaciones donde se les espera, encabecen pancartas y manifiestos de asuntos donde hay un cierto consenso en algunos sectores sociales, y donde les pondrían falta como en una clase de primaria si no participan, porque son parte del decorado. Pero aún nos queda por ver más representantes públicos manos a la obra en grandes cambios estructurales sobre el uso y reparto de recursos, en diseño de programas a largo plazo de cambio social, en debates culturales de transformación de nuestros modos de vivir y expresarnos, o en la ruptura con una democracia de representación teatral, que no representativa. Tenemos algunos referentes, eso sí, mujeres en mayor proporción, por cierto.

Es hora de abandonar los escenarios, a donde no se debió subir desde calles y plazas, y de irrumpir con la fuerza de las ideas, las propuestas de transformación y de cambio real, hora de afrontar sin miedo los debates profundos en las instituciones, los medios y la vida de nuestras ciudades. De gestos no se puede vivir. Son importantes, tienen fuerza simbólica, emocional, pero si se abusa de ellos pierden toda fuerza, todo significado. Los grandes actores y actrices consiguen cuajar una carrera cuando desarrollan una personalidad fuerte y arraigada en su interior, capaz de ahormarse a distintos personajes. Es hora de dejar las lecciones de canto y tomar lecciones de realidad, de análisis y de rigor. De dejar el noble arte del teatro a sus profesionales. Y dejar de piar y fajarse en el inhóspito auditorio de la vida pública, en el escenario del trabajo de las ideas y los proyectos, en el corazón de los problemas y las soluciones.

ALBERTO DE LOS RÍOS SÁNCHEZ. Profesor y Concejal de Ganemos Córdoba

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