Lo viejo y lo nuevo

La verdad es que no entiendo nada sobre lo nuevo y lo viejo. Me hacen gracia las palabras nuevas –o que se presentan como nuevas, como "viejuno" o "vintage", que es como más fino. Y las palabras viejas como "cubata" o "pub". Viejas palabras donde las haya también me gustan. En Londres todos los bares son "pubs" y aquí los "pubs" son bares de Ciudad Jardín que abren por la noche. Voilà la diference. Hay inventos nuevos como "gastrotaberna" o "gastrobar"

que ya nacen muertos, porque hay gente, que en su delirio, no sabe que el prefijo "gastro" –palabra griega- tiene que ver con los callos de un bar de Madrid o nos anuncia una enfermedad o un gasterópodo, molusco de tierra marroquí que ya tiene presencia en nuestras calles y plazas. También habla la política sobre lo viejo o lo nuevo. Y unos citan la cal y otros al "perro del hortelano". Es curioso que los que hablan de la "nueva política" utilicen palabras que recuerdan cosas viejunas (que es una palabra nueva). Es divertido, por no decir otra cosa, que los adalides de la política de siempre echen mano de "el perro del hortelano". Tal vez sea coherencia con las cosas viejas.

Entro lo viejo, lo nuevo, lo vintage y lo contemporáneo, no he elegido nada. La nada. Básicamente.

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Publicado el
6 de marzo de 2016 - 11:51 h
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