Uno de los nuestros

No tengo yo demasiado aprecio a esos premios institucionales con tanta pompa y boato. Por eso me hizo tanta gracia que a Bob Dylan le dieran un Nobel de literatura y no lo recogiera en ese sitio que llaman Estocolmo.

No lo tengo porque a mí no me han dado un premio de esos; si me lo dan actuará ese resorte humano que se llama vanidad, que nos distingue de los simios o los defines. Qué sé yo lo que nos deparará el destino.

Pero estoy muy contento porque Martin Scorsese sea Princesa de Asturias.

Marty, un inmigrante, decidió hacer cine y no entró en ese debate que quiere distinguir entre alta y baja cultura. Su tiempo, sus circunstancias, su mirada, su cámara, su sala de montaje se dedicaron a mostrar lo que pasa. No hay más cultura popular que el cine, se vea en la plataforma que sea. Aquí el medio no es el mensaje. Es lo que hay.

Marty tiene una fundación que restaura viejas películas francesas, italianas, yemeníes o sudanesas. Piensa que el cine es memoria.

Mis amigos, Juan Antonio, Gaspar, Pablito, y yo mismo, éramos Bobby De Niro, Harvey Keytel o Ray Liotta. A mi hermano en el barrio le llamaban Joe Pesci, una mezcla de ternura y mala leche.

Es un sentido de pertenencia.

Marty: no vas a leer esto, da igual. Tus pelis son fe, pecado y redención.

¿Estás hablando conmigo?

https://youtu.be/-QWL-FwX4t4

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Publicado el
21 de octubre de 2018 - 03:00 h
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