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Sobre este blog

Cordobés como el pego, nací en plena Guerra Fría y crecí durante la Paz Caliente. En 1985 vine al mundo un día después de San Valentín. Fue un mal presagio pues el amor poco me ha querido. Quizá fue porque llegué tarde. De pequeño jugaba a ser periodista y de mayor sigo con la tontería. Ahora paso también el tiempo confundido: me consideran millennial y a la vez, viejuno. Me gusta todo lo que a cualquier individuo de un siglo anterior al XXI. Desde hace unos años me soportan en CORDÓPOLIS y a partir de este momento aparezco por aquí sin saber muy bien qué contar. Por cierto, me hago llamar Rafa Ávalos y mi única idea es escribir lo que me salga del… alma.

Pasalacabra

Una oveja de Heidi, pendiente de 'Pasapalabra'

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Con la S: coloquialmente, que presume de sabio sin serlo. Sabiondo. De personas que creen tener conocimiento de absolutamente todo está el mundo lleno. Es mayoría este colectivo dentro de la sociedad. Aunque demuestren, al mismo tiempo, no saber hacer la O con un canuto. También podría servir sabelotodo, que coloquialmente es, de igual modo, “persona que presume de sabia sin serlo”. Basta con echar un vistazo a redes sociales para descubrir que vivimos rodeados de expertos tanto en política como en física cuántica, por poner un ejemplo. Incluso eruditos y estudiosos del periodismo, por mucho que todo para ellos sea un “artículo” -entrevista, reportaje, crónica, información, todo es un artículo-.

Con la R: miramiento, consideración, deferencia. Respeto. Dícese de una actitud que cada vez existe menos en la sociedad. Ante todo, desprecia e insulta, que nadie tiene derecho a no recibir ataque por tu parte. Y si actúas desde el anonimato, mucho mejor. Tienes la posibilidad de esta forma de llamar hijo de puta al primero que se te ponga en el camino porque sí. Sobre todo, porque puedes recordar que tienes conocimientos sobrados, mucho mayores que los de cualquier otra persona, de todos los asuntos y ámbitos. Quizá no sepas diferenciar entre ahí y hay, pero seguro que dominas como nadie la realidad epidemiológica de una pandemia -es lo que tiene haber vivido una en cada lustro-. Probablemente estés titulado por la Universidad de Alcafrán.

Con la O: conjunto de normas que regulan la escritura de una lengua. Ortografía. Esto es lo que a nadie le importa. Y a veces duele incluso más que el vilipendio. Insulta a quien quieras pero no al idioma, por lo que más quiera. Con la C: disimulo o tolerancia en el superior acerca de las transgresiones que cometen sus subordinados contra las reglas o las leyes bajo las cuales viven. Connivencia. Ocurre incluso, y en relación a la anterior definición, en la Real Academia Española (RAE). Si la gente es incapaz de pronunciar correctamente croqueta o murciélago, no sucede nada: el diccionario está para llenarse de vulgarismos como cocreta o murciágalo. Así es mucho más fácil no posicionarse en contra con algunos cambios normativos, a gusto del consumidor, que adoptan los hombres y las mujeres con letras.

Con la T: sistema de transmisión de imágenes a distancia, que en la emisora se transforman en ondas electromagnéticas y se recuperan en el aparato receptor. Televisión. Lo que normalmente consume todo el mundo sin temor al exceso. Una caja tonta que sobre todo tiene como principal función el entontecimiento de la gente. Y que además se apoya en… Con la E: acción que causa escándalo o gran extrañeza. Espectáculo. Cualquier programa, incluso el aparentemente más culto, está obligado a generar polémica. Gran ejemplo es ‘Pasapalabra’, convertido en un ‘Lost’ actual: lo vemos y enseguida marchamos a redes sociales para volcar opiniones sobre aspectos secundarios -en exceso- del concurso. Por cierto, que no hay un sabiondo en él. Pues con la S, “altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros” es soberbia. De eso hay demasiado también por doquier.

El bote de Pasalacabra no sabemos hasta cuánto va a llegar en cuanto a estulticia o con todo eso que es banal.

Con la A: aspecto o parecer exterior de algo o alguien. Apariencia. Es mejor todavía la tercera acepción: cosa que parece y no es. Nos rodean las personas que mantienen una imagen que no es la real en relación a sus pensamientos, emociones o, y se da en exceso esto último, conocimientos. La soberbia conduce a ser sabiondo y viceversa -y la ignorancia es osada-, lo que permite una mayor práctica de las apariencias. No falta en gran porcentaje aquel que crea un personaje para tener aceptación o aprobación popular. Y ahí aparece… Con la F: que finge lo que no es o no siente. Farsante. Todo sea por hinchar cada segundo un poco más el globo de la autoestima artificial. Casi se puede considerar a toda esta panda una nueva tribu urbana, aunque se prodigue muy especialmente en redes sociales.

Con la I: inclinación del ánimo hacia algo, en especial en el campo de la estética. Un momento… Pasalacabra. Con la L: conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman parte de un volumen. Joder… Pasalacabra. Con la P: pensar atenta y detenidamente sobre algo. Y antes de hablar sería mejor, pero… Pasalacabra. Son difíciles: inquietud, libro y reflexionar. El primer concepto es el que escasea hoy por hoy en cuanto al enriquecimiento propio: siempre resulta atractivo, a algunos al menos, aprender constantemente. A nivel mayoritario se opta por la inquietud del retuit, el me gusta o el favorito. Lo segundo es lo que todos tienen en sus casas pero casi nadie utiliza. Mejor un audiolibro de esos, que ya se esforzó otro en leerme el cuento para que yo no sufra. Y el verbo, qué decir de ello: para qué dedicar un tiempo a analizar o estudiar una situación, por ejemplo, para tratar de evitar una visión equivocada.

Con la D: separar a alguien del lugar o medio donde se ha criado, o cortar los vínculos afectivos que tiene con ellos. Desarraigar. Lo que hace el entorno para con algunos, que de vez en cuando nos sentimos muy bien definidos en El extranjero de Albert Camus -que es un libro, notable por cierto-. Se hace complicado formar parte de un conjunto con el que te identificas muy mínimamente, y cada vez menos. Y así continúa el concurso de la vida. El bote de Pasalacabra no sabemos hasta cuánto va a llegar en cuanto a… Con la E: necedad, tontería. Estulticia. O también con todo eso que… Con la B: trivial, común, insustancial. Banal. Sólo queda gritar, y de gritar sabemos lo que más: ‘Sálvame’, “soy un náufrago”.

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Cordobés como el pego, nací en plena Guerra Fría y crecí durante la Paz Caliente. En 1985 vine al mundo un día después de San Valentín. Fue un mal presagio pues el amor poco me ha querido. Quizá fue porque llegué tarde. De pequeño jugaba a ser periodista y de mayor sigo con la tontería. Ahora paso también el tiempo confundido: me consideran millennial y a la vez, viejuno. Me gusta todo lo que a cualquier individuo de un siglo anterior al XXI. Desde hace unos años me soportan en CORDÓPOLIS y a partir de este momento aparezco por aquí sin saber muy bien qué contar. Por cierto, me hago llamar Rafa Ávalos y mi única idea es escribir lo que me salga del… alma.

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Publicado el
9 de junio de 2021 - 11:54 h
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