Elena Lázaro: “La comunidad investigadora todavía sigue dentro del armario”

Elena Lázaro | MADERO CUBERO

Hace apenas un mes que el Ministerio de Igualdad de España puso sobre la mesa una realidad que al mirar la década en la que nos encontramos, parecería una noticia anacrónica. Según una investigación elaborada junto a la Comisión para la Ciudadanía y la Igualdad de Género de Portugal y la Universidad Complutense de Madrid, el 72% de las personas LGBTI+ (lesbiana, gay, bisexual y transexual) vuelve al armario en su trabajo por el miedo a perder amistades u oportunidades profesionales.

Las burlas y el temor a ser juzgadas llevan aún hoy a muchas personas a ocultar una parte fundamental de sus vidas que explica su forma de ser, de trabajar y de entender el mundo. La sociedad no es tan moderna como pensábamos ni tan tolerantes como creíamos. Sobre esto y mucho más trata el nuevo libro publicado por Elena Lázaro (Córdoba, 1975), periodista, coordinadora de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación de la Universidad de Córdoba y presidenta de la Asociación Española de Comunicación Científica.

En la obra Un científico en el armario (Next Door), esta profesional en divulgar la ciencia ha recuperado la figura profesional y personal del científico Pío del Río Hortega. Candidato en dos ocasiones al premio Nobel de Medicina y Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oxford, consiguió acabar el mapa del sistema nervioso que comenzó a perfilar Ramón y Cajal gracias al descubrimiento de las microglías. Sereno, trabajador incasable y enamorado de Nicolás Gómez del Moral en tiempos del franquismo, este nuevo libro reivindica la riqueza de la diversidad sexual dentro de la comunidad investigadora e incide en una cuestión primordial para las generaciones que vienen: crear referentes para que nadie se quede atrás.

Lo español son también personas como Pío del Río: serenas y currantes

PREGUNTA (P). ¿La ciencia está acostumbrada a que se escriba de ella como se hace en este libro, abordando también datos personales y biográficos?

RESPUESTA (R). No creo haber inventado ninguna fórmula. Es habitual encontrar libros de divulgación o biografías históricas que buscan retratar a los personajes, pero yo he hecho lo que hacemos los periodistas: un batiburrillo de cosas. El libro no es una biografía, pero podría serlo; no es un libro de divulgación, pero podría serlo porque hay mucho de ciencia; no es un trabajo histórico, pero es parte de una investigación histórica que hice.

P. ¿Cuánto tiempo de trabajo ha tenido?

R. La investigación duró nueve meses, como un embarazo, porque la hice durante un máster de estudios avanzados. Estudié toda la Escuela Histólogica de España. De todos los personajes que estudié, el que me enamoró fue Pío del Río Hortega y su vida. Con esa investigación y nuevos datos redacté el manuscrito que me llevó un par de meses más. Terminé el libro en mayo de 2019.

P. Cuando empiezas a bucear más en la historia de Pío, ¿tan sólo sabías lo que habías descubierto durante esta investigación?

R. Qué va. Di con él porque otros investigadores lo han estudiado. En mi investigación quería demostrar el desmantelamiento de la Escuela Histológica de España, lo que se conoce la Escuela Cajal, durante el franquismo. Cogí dos personajes que se hubieran quedado en España después de 1939 y otros dos que se hubieran ido. Pío del Río Hortega perteneció a este grupo. Científicamente fue el más importante. Ramon y Cajal descubre las neuronas pero son una parte del cerebro. Pío del Río Hortega descubre todo lo que acompaña a las neuronas: la microglía. Cajal no fue capaz de verlo y lo llamó "el tercer elemento". Pero la ciencia es así. El que llega primero no lo ve todo y sí lo hace el que llega después. Así avanza el conocimiento. Pío del Río Hortega fue dos veces candidato al Nobel.

P. ¿Por qué no se lo dieron nunca?

R. Creo que hay muchos factores. He leído estos días que no lo ganó porque era republicano y gay, pero podemos matizarlo todo. Rojo no era. Es cierto que era republicano pero al partido al que se acerca es al de Alejandro Lerroux, que sería el centro derecha de ahora. Pío del Río Hortega no era socialista ni anarquista, aunque tuviera amigos en ese entorno y firmara manifiestos en apoyo a la Unión Soviética y luego a la República. ¿Que no le dieran el Nobel por homosexual? Pues no lo sé. Creo que tiene más que ver con la capacidad de influencia internacional de España, que científicamente era sublime. A la neurociencia española no le chistaba nadie pero el país no era tan fuerte como lo podían ser otros. Además, las veces que Pío del Río Hortega fue candidato al Nobel se lo dieron a los que descubrieron las vitaminas. Creo que puede tener más que ver con la menor capacidad de influencia española en el ámbito internacional. Donde sí hay una discriminación evidente es en situaciones como cuando lo rechazan para la Academia de Medicina.

Franco no era tan listo

P. Pío del Río no representaba lo que en aquella época tenía que ser un español.

R. No, no. Ni lo patriota. Por eso lo recupero, porque debemos explicarle al mundo de hoy que lo español son también personas como Pío del Río Hortega: personas serenas que van por ahí sin hacerse notar, currante y homosexual. Somos muy diversos. No vale que dejemos que nadie se arrogue como el único defensor de la españolidad. No me da la gana.

P. Esa competición por ver quién es más español en base a qué llega hasta día de hoy.

R. Bueno, España es que, en lo esencial, ha cambiado muy poco. Tecnológicamente somos una sociedad más avanzada pero, socialmente, no sé hasta qué punto España ha cambiado. Económicamente se vive mucho mejor pero socialmente hay algo que... Hay unas patologías heredadas del siglo XIX y no acabamos de cambiarlas. Estamos en el camino.

P. En ese influencia internacional de la que hablabas, cuentas en el libro cómo el franquismo quiso usar la figura de Ramón y Cajal, contrario al ideal del nacionalcatolicismo, para dar esa imagen progresista de un país sumido en la pobreza.

R. Franco... Bueno, Franco no porque no era tan listo. Franco es el sistema. El nacionalcatolicismo elige una serie de personajes históricos y los convierte en mitos. Es una manera de simplificar los mensajes y creó seres que no eran reales. El Ramón y Cajal del franquismo no es real. Afortunadamente, con la democracia se empezó a recuperar su figura más real. Cajal fue ateo y tuvo un funeral civil. Pío del Río Hortega era más religioso. El franquismo hizo esto con muchas otras figuras que no eran tan simples como lo presentaba.

El Ramón y Cajal del franquismo no es real

P. Pero aún así, Pío del Río Hortega sí se exilió en repulsa al régimen y a su funeral acudieron fascistas.

R. Sí, sí. Acudieron representantes del gobierno franquista en Argentina porque hubo un intento por parte de esas autoridades de ver si Pío del Río Hortega quería volver a España. Pero cómo iba a volver, si vivía con Nicolás Gómez del Moral. No volvería nunca a una España que rechazaba de plano todo lo que él pudiera significar. Hay una especie de respeto por su figura. En el año 54, en la Universidad de Valladolid pusieron una placa con su nombre. No es una persona que se olvide pero tampoco una persona de la que se haga bandera. Hubo un acercamiento pero no una recuperación adecuada a la relevancia que tuvo. La microglía se conoce como células de Hortega y utilizar la técnica que usaba él para manchar los tejidos se le denominó horteguear. Hizo una aportación brutal al conocimiento y debería ser conocido por todos. Si vas por la calle y le preguntas a la gente qué descubrió Cajal, no es difícil encontrar personas que te digan que descubrió las neuronas. Con Pío del Río Hortega no ocurre eso. En el ámbito científico sí se le conoce, pero no en el popular, que es a lo que yo me dedico, a popular la ciencia.

P. ¿Ha cambiado aquella norma del siglo XX de la de hoy?

R. No mucho, ¿eh? ¿Quién dirige los grupos de investigación? ¿Quién dirige la ciencia ahora mismo? El señor mayor de mediana edad heterosexual. Esa era la norma hace 100 años y ahora. Que la situación va cambiando, sin duda, porque es que los hombres siguen ocupando esos puestos de responsabilidad. Los grandes grupos de investigación los siguen dirigiendo hombres heteros de mediana edad y de determinada posición económica y social.

P. La presencia de las chicas en las carreras de Ciencias sigue siendo mayoría.

R. Sí. ¿Pero qué ocurre? Las mujeres son mayoría en las carreras biosanitarias, carreras tan demandas. Pero conforme van escalando puestos en la carrera investigadora, las mujeres se van quedando por el camino por una multi causalidad. No es que haya un señor metido en un despacho que diga: "Ea, voy a discriminar". No funciona así, sino que tiene más que ver con la falta de referentes cuando están estudiando. Cuando avanzas en la carrera investigación, el sistema excluye a la mujer porque es un sistema de competencia al que la mujer no suele pertenecer. Estamos generalizando pero es más habitual ver a mujeres que colaboren a que compitan. La carrera de investigación sigue siendo muy testosterónica.

La carrera investigadora sigue siendo muy testosterónica

P. El factor de la maternidad también influye muchísimo.

R. Es fundamental. Hay estudios y políticas que van en la senda para que las bajas de maternidad no te computen en los años para la acreditación investigadoras. Estos pasos son fruto de la pelea de las mujeres en ciencia, que eso no se nos olvide. Que lo apruebe ahora un ministro no significa que el ministro lo haya decidido, sino que es fruto de una pelea de muchísimos años del feminismo dentro de la ciencia. Organizaciones como la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnológas (AMIT) vienen trabajando en este sentido durante décadas y debe decirse. Pero la maternidad es un motivo muy real y que afecta. Las mujeres y los hombres que vienen por detrás también van cambiando. Las nuevas masculinidades van a cambiar el sistema socialmente y dentro de la ciencia son personas colaborativas, entienden que si una compañera está de baja de maternidad, puede firmar el artículo contigo porque puede aportar y porque son sus datos los que estás usando. Esto, ayer, no era tan común.

Luego, hay otra cuestión que afecta por igual a hombres y a mujeres: la precariedad absoluta de la carrera investigadora. Es tremendo que la estabilidad profesional adecuada no la tengas hasta que no tienes 40 años o los has pasado. Me parece un disparate y trabajo en la Universidad desde hace 17 años. Además, a pesar de los planes de choque, este país no consigue un gran pacto real que cuide la carrera investigadora. El sistema empresarial de este país, además, facilita que montes comercios y bares y no que montes empresas de base tecnológica, cuando las vamos a necesitar.

P. Aquí entra tal vez la concepción de país que se quiere tener.

R. Pero el país que tenemos no lo hacen solamente los políticos, sino también los ciudadanos exigiendo lo que queremos. No deberíamos estar quejándonos por las mascarillas obligatorias, que yo la cuestiono por medida populista, sino quejándonos y saliendo a la calle porque los centros de atención primaria no han contratado refuerzos, porque nuestro sistema sanitario no es capaz de atendernos o porque el sistema de ciencia no es capaz de desarrollar toda la investigación que se debería hacer. Por eso tendríamos que estar saliendo a la calle o escribiéndolo en Twitter, que es lo que podemos hacer ahora por la pandemia.

P. ¿La falta de referentes femeninos se extiende también a la falta de referentes homosexuales o lésbicos?

R. Faltan todos los referentes. La organización Prisma sí está promoviendo esa visibilidad, por eso Javier Armentía prologa este libro. Tenemos que explicar a las personas LGTBI que la diversidad sexual en la ciencia no viene de ahora porque seamos más libres y porque celebremos el Orgullo. En los años 20, en la edad de plata de la ciencia española también había homosexuales haciendo ciencia y Pío del Río Hortega era uno de ellos. Esos referentes son muy importantes. Al igual que hay personas como Juani Bermejo, una investigadora de Computación Cuántica de la Universidad de Granada, que es trans y está defendiendo su lucha, muy discutida cuando nos metemos en algunos aspectos, pero las cosas no son blancas o negras. Eso pasa en las dictaduras y nosotros vivimos en una democracia. Tenemos que entender todos los matices y como dice Laura Morán -sexóloga que viene cada año a Naukas-, existe el sexo sentido y que cada uno sienta lo que quiera sentir. Yo me considero mujer y me siento así, pero entiendo perfectamente que otra persona no se sienta así.

Hay niños y niñas LGTBI que abandonan las carreras STEM porque creen que no hay personas como ellos

P. Muchas personas que lean esta entrevista se preguntarán por qué es importante hacer mención a la orientación sexual de un investigador a la hora de abordar su trayectoria profesional.

R. Sí, pero es que necesitamos que las personas que están en esa situación sientan que no pasa nada. Hay estudios, y están citados en el libro, que hablan de que los niños y las niñas LGTBI con identidades sexuales diferentes acaban abandonando las carreras STEM [en español, Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas] porque creen que no hay personas como ellos. Eso nos debería preocupar socialmente porque a lo mejor estamos perdiendo el talento sencillamente por eso. Los niños y las niñas tienen que hacer lo que les dé la gana y estar donde se sientan a gusto. Lo que no deben es dejar de hacer algo porque crean que no es para ellos. Eso es el disparate. ¿Qué importa que Pío del Río Hortega sea homosexual? Pues en su caso importa porque las personas somos un todo. Yo no soy Elena Lázaro la periodista que coordina la Unidad de Cultura Científica de la Universidad de Córdoba. También soy Elena Lázaro la madre de Lola y de Ana, la hija de Francis y Juan Carlos... Somos muchas cosas. Y cuando recuperamos la memoria de alguien tenemos que hacerlo de la manera más honesta y Pío del Río Hortega fue homosexualidad, orientación que le costó berrinches, pero que la vivió con la naturalidad que se podía vivir en aquella época.

P. Lo que reflejas en el libro no es una vivencia tormentosa, que quizás es lo que pensamos que vivió cuando no respondía a la orientación sexual "de la norma" del franquismo.

R. Me la esperaba más tormentosa porque cuando miramos al pasado siempre lo hacemos con condescencia y con prejuicios. Pensamos que las personas que estuvieron antes de nosotros lo hicieron todo mal y nosotros hemos venido a arreglarlo. Es muy bueno siempre mirar al pasado para pegarnos lecciones de humildad brutales. Lo que me encontré no fue drama, sino cierta normalidad. No podemos mirar a una persona homosexual que vivió en los años 20 con los ojos de un siglo después. Evidentemente, Pío del Río Hortega y Nicolás Gómez del Moral no iban por Chueca con una bandera.

P. El contexto histórico no era proclive a ello tampoco.

R. Claro. Pero dentro de su realidad, ellos pudieron vivirla con normalidad. Ambos vivían en el Madrid de los felices años 20. Pío no era unas castañuelas, sino un incansable investigador. Su vida social era reducida. Vivía con su amigo íntimo como llamaban a Nicolás Gómez del Moral, pero dentro de los círculos en los que se movían -intelectuales, internacionales y cosmopolitas- se aceptaba aunque oficialmente la ciencia diga que ser homosexual es una patología. La realidad de Pío del Río Hortega no es la misma de un homosexual en un pueblo perdido de la provincia de Córdoba. Seguro que esa persona tenía que vivir su homosexualidad de una manera mucho más oculta y más dramática.

La ciencia no la hace solamente quien mira por el microscopio

P. ¿Se ha escrito mucho sobre la vida Pío del Río?

R. Hay una biografía de los años 70 y hay estudios que hablan de su aportación a la ciencia. Los historiadores sí han trabajado su figura, pero lo que no se ha contado tanto ha sido su historia personal y su homosexualidad. De hecho, he recibido alguna crítica porque algunas personas consideran innecesario esto que he hecho. Pero yo no sé contar las historias sin mirar el lado humano porque la ciencia es una actividad humana y no se hace en unas condiciones de asepsia. Ni las políticas científicas lo favorecen ni las personas que la hacen porque tú haces una investigación por muchos motivos y los personales también están ahí. Yo iba a ser una corresponsal de guerra y estoy trabajando en la Universidad de Córdoba. Es imposible contar nuestra historia únicamente con datos profesionales. La obra de Pío del Río Hortega está estudiada pero su vida personal, no.

P. Es curioso porque en biografías de Ramón y Cajal sí se habla de su mujer, Silveria, pero apenas de Nicolás Gómez del Moral.

R. Está mencionado pero de una manera muy eufemística. Por ejemplo, cuando Severo Ochoa hace un repaso de la vida de Pío del Río, se refiere a Nicolás Gomez del Moral como  amigo íntimo, pero no se dice abiertamente que es su pareja. Otras crítica dicen que Pío del Río Hortega fue muy importante para que yo me centre en su condición de homosexual, pero es que yo no me centro en eso. El libro habla de su aportación a la ciencia pero ese capítulo no lo puedo obviar. Es un ejercicio de honestidad. Yo no seré nunca tan importante como él, pero cuando mi familia me recuerde no quiero que me recuerden como Elena la que trabajaba en la UCO, sino por otras muchas cosas.

P. Qué habría sido de Dalí sin la figura de su mujer, Gala.

R. Toni Calvo, en la crítica que hizo en Babelia, decía que nadie haría la biografía de Severo Ochoa sin hablar de Carmen, su mujer, y nadie haría la biografía de Cajal sin hablar de Silveria. Entre otras cosas, también, porque cumplía con el prototipo de la pareja que quería Cajal para los investigadores: que fueran hacendosas pero no intelectuales.

Si una es feminista en su vida personal tienes que llevar esa experiencia a lo profesional

P. ¿Y qué más se sabe de Nicolás Gómez del Moral?

R. Ahora estoy sabiendo mucho más desde que se publicó el libro. Lo voy a contar pero estoy buscando el formato. No sé si habrá una reedición del libro, eso depende de Next Door y de que se venda mucho para plantear eso, pero lo que sí sé es que su historia la estoy descubriendo gracias al libro porque estoy recibiendo llamadas y fuentes que no tenía antes. Él era una persona anónima y no hay datos oficiales. Tras publicar el libro, uno de los sobrino nietos de Nicolás Gómez del Moral leyó un reportaje de Aristóteles Moreno en Público y se puso en contacto conmigo. Y como él, otras personas, así que fíjate si fue importante. Solamente te diré una cosa: tiene un historión que ayudaría a explicar mucho de la España perdida y olvidada, de la España absolutamente moderna de los años 20 y 30 donde había noches en los que los científicos salían con artistas y toda esa inteligencia colectiva se mezclaba en noches de cabaret. Creo que la voy a poder contar pero quizás a través de un documental.

P. Es curiosa también la relación que se deja ver en el libro que tenía Nicolás con sus cuñadas. Es él quien escribe para comentarles que ambos se han mudado a un nuevo hogar.

R. Pío del Río Hortega escribiría sus cartas pero debía estar encerrado en su laboratorio y estaba muy preocupado de seguir investigando. En una de las cartas, además, Nicolás muestra esa reticencia de Pío para establecer relaciones sociales, pero sabe que lo tiene que hacer en Argentina para conseguir financiación para su investigación y sus discípulos. Quien se ocupa de esas relaciones personales es Nicolás. También hay una postal que escribe Nicolás para contarle a las cuñadas lo bien que están.

P. Y es él quien también les escribe a para comentarles el fallecimiento de su propio hermano.

R. Es que Nicolás es quien cuida de Pío. Los hombres también cuidan y vienen haciéndolo desde hace 100 años. El personaje de Nicolás es brutal.

No deberíamos quejarnos por las mascarillas obligatorias y sí porque nuestro sistema sanitario no es capaz de atendernos

P. Cuentas también en el libro un episodio, un poco testosterónico, que básicamente es una disputa entre Ramón y Cajal, el conserje y Pío del Río en el Instituto Cajal.

R. Ahí sí sufrió Pío del Río Hortega su homosexualidad. No gustaba porque no respondía al prototipo que se quería. Luego están los celos profesionales puros y duros. No todo el mundo toma a bien que alguien le supere cuando eso es la ciencia. Hubo un encontronazo pero siempre se achacaba a una rencilla con el conserje, pero eso fue el detonante. Ahí se pone de manifiesto que se quería tener a Pío del Río Hortega lo más lejos posible porque brillaba en la ciencia. Eso sigue pasando 100 años después. Creo que su condición de homosexual y esa manera de ser, serena y trabajadora, generó mucho envidia.

P. Leyendo un poco sobre Pío encontré una anécdota curiosa en el blog de José Ramón Alonso, donde cuenta que cuando al hospital de Valladolid le pusieron Río Hortega, la gente se preguntaba que qué río era ese que ni siquiera pasaba por la ciudad. Este detalle nos da cuenta de lo desconocido que es entre la sociedad.

R. Sí. José Ramón tiene escrita una biografía de Cajal en NextDoor. Es catedrático de neurobiología en la Universidad de Salamanca y es uno de los grandes contadores de historias y divulgadores. A Pío del Río Hortega, en Valladolid, lo conoce una parte de la sociedad. Eso nos pasa a todos. ¿Cuántos referentes históricos tenemos perdidos? Tampoco es que haya que convertir a las personas en mitos, pero no está de más que uno sepa que hubo españoles que hicieron cosas muy importantes.

P. Si damos un poco la vuelta a la tuerca, vemos también que los científicos son los que dan nombre a los hospitales mientras que si se trata de mujeres, se buscan nombres de reinas, princesas o vírgenes.

R. Ostras, nunca me había fijado en eso.

La diversidad sexual en la ciencia no viene de ahora

P. ¿Qué hospitales hay con nombres de mujeres científicas?

R. Qué bueno. Eso tiene una historia. Por eso es tan importante el trabajo de los referentes y de la visibilidad. Parece que eres feminista y dicen: "Qué coñazo eres". No lo soy, pero yo tengo dos hijas y quiero que entiendan que si le ponemos un nombre a un hospital, que Margarita Salas fue una extraordinaria investigadora, pero que hay muchas otras mujeres. Que Concepción Alexandre fue una de las primeras mujeres que estudió Medicina y que hizo grandes aportaciones a la Ginecología. Quiero que todo eso se sepa. Hay muchas mujeres que han hecho mucho. Miras al pasado... No estaban en casa. En el laboratorio de Cajal había varias mujeres y con un papel fundamental: escribían los artículos, preparaban las investigaciones... La ciencia no la hace solamente quien mira por el microscopio. Nadie podría encontrar la vacuna sin técnicos de laboratorio que estén ahí al pie del cañón, haciendo, viendo cultivos... La ciencia es una tarea de equipo y de eso también hablo en el libro.

P. Comentabas antes que no se puede mirar el pasado con los ojos de hoy pero, ¿se debería hacer un revisionismo de nombres de calles y hospitales? Gregorio Marañón consideraba que la homosexualidad se curaba con medicamentos, por ejemplo.

R. Con eso tendría cuidado. La historia hay que explicarla, que las cosas no son blancas o negras, que hay muchos matices, que los señores del XIX y principios del XX creían que las mujeres estábamos menos capacitadas intelectualmente y había mujeres que se lo discutían. Pero eso no significa que tengamos que borrar esos nombres porque corremos un peligro muy grave. Yo no le quitaría a Gregorio Marañón el nombre de su hospital. A lo mejor sí se lo quitaba a todas las princesas y las reinas, pero es una opción muy personal. Los historiadores de principios del siglo XX empezaron a buscar los referentes más europeos porque había que mirar allí. Luego hay otro momento en que volvemos a mirar a América cuando de una forma u otra nos reconciliamos con esa parte. La historia es siempre una mirada desde el presente. ¿Por qué recupero yo la vida de Pío del Río Hortega y su condición de homosexual en el año 2020? Porque la editorial y yo estamos preocupados por la diversidad LGTBI. Otros tendrán que hacer otra cosa. Ésta es mi mirada. Yo no creo en ese revisionismo. No quiero ver estatuas cayendo como la del esclavista en Bristol, no quiero ver eso.

Los historiadores sí han trabajado la figura de Pío, pero lo que no se ha contado tanto ha sido su historia personal y su homosexualidad

P. En esa tarea por contar historias de mujeres que nunca habían sido contadas destaca también que son las mujeres principalmente las que escriben esos relatos. ¿Es importante  que los hombres se sumen a esta corriente?

R. Bueno, sí, pero tampoco creo que sea malo que nos miremos nosotras mismas. Las aportaciones que han hecho las historiadoras de las mujeres son muy importantes. Creo que tenemos que contarnos nuestra historia y no acabo de tener claro que debamos dar un paso atrás para que haya hombres que cuenten esas historias.

P. No digo que las mujeres demos un paso atrás, sino que ambos vayamos juntos en ese camino.

R. Que las cuenten ellos también, pero hay muy buenas historiadoras de la ciencia: María Dolores Ramos, de la Universidad de Málaga, tiene escuela y forman parte del feminismo metodológlico. La historia de las mujeres tiene una epistemología feminista. Lo honesto es decir que esas historias pasaron y no poner etiquetas u ocultar. Cuando se presente mi tesis doctoral se verá que es historia pero está hecha desde la perspectiva feminista.

P. ¿Cuánto tiempo llevas con ella?

R. Demasiado. La voy a hacer en tres años. Es una historia sobre la sexualidad de las mujeres del siglo XIX. Está siendo un reto y me está encantando porque la historia social es muy difícil de hacer porque es buscar una información que no abunda tanto que si se tratara de personajes ilustres. El verano es para la tesis. Lo peor de la investigación histórica es que hay tantas historias tan fantásticas... Tuve, incluso, que abrir un blog para ir soltándolas.

Feministas son los hombres que no se ponen una camiseta morada pero crían a sus hijos

P. Desde la Unidad de Cultura Científica estáis contribuyendo bastante a contar estas historias de las mujeres.

R. Esa perspectiva feminista viene de la casa y del ecosistema de que estás atento a los que están haciendo otros. Si una es feminista en su vida personal tiene que llevar esa experiencia a lo profesional. Yo observo mucho a mis hijas para ver cuáles son las tendencias porque hay que estar siempre en permanente reciclaje. El Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia se crea y se instaura en 2015, lo ves y lo implantas. Luego, las políticas de equidad en la investigación y en la divulgación en la UCO se las debemos a la anterior vicerrectora, Maite Roldán.

P. ¿Hay hombres feministas dentro de la Universidad de Córdoba?

R. Sí, pero no son la mayoría. Los hombres feministas tienen que  ser reales y no tiene por qué ir a la manifestación del 8 de marzo. Ese es el feminismo que necesitamos: hombres que no tienen que estar en la primera línea ni sujetando ninguna pancarta, que se vayan detrás y que nosotras vayamos delante. Feministas son los compañeros que son más jóvenes investigadores que están al lado de sus compañeras y que ven que van a ser madre o que no tienen un apoyo para la crianza... Feministas son los hombres que no se ponen una camiseta morada pero crían a sus hijos. ¿Esa es la norma en la Universidad? Pues ojalá cuando lleguen mis hijas porque por ahora, no. La prueba de ello es el número de rectoras que tenemos a nivel estatal. No hay más preguntas, señoría. El sistema no permite rectoras. Sólo hay nueve en las 50 universidades públicas españolas. La UCO va a cumplir 50 años y no ha tenido rectora. A ello se une que para ser rector tienes que ser catedrática y hay muy pocas en Córdoba. Eso va cambiando pero no sé cuánto vamos a tardar para que haya la mitad de rectoras en España. Eso diría algo de la Universidad. Esta es la mejor prueba de que las universidades van muy lentas.

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26 de julio de 2020 - 02:15 h
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