Un estudio de la UCO usa residuos orgánicos para aumentar la tolerancia de los suelos mediterráneos al calor
Un estudio de la Universidad de Córdoba (UCO) ha probado que los suelos mediterráneos del sur de España pierden cualidades al superar los 40 grados y plantea estrategias para aumentar su capacidad de resistencia como el uso de residuos orgánicos para aumentar su tolerancia hasta los 50 grados.
Así lo ha indicado la UCO en una nota en la que ha detallado que las sucesivas olas de calor que asolan el sur de España en época estival tienen efectos nocivos para toda la comunidad que la habita, desde la humana hasta la microbiana que vive en el suelo. Ambas tienen en común una honorable capacidad de resistencia que les ha permitido sobrevivir y adaptarse, cada una a su manera, a sucesivos episodios de temperaturas extremas.
Pero esa capacidad de adaptación tiene un límite. Y cuando el termómetro supera los 40 grados, igual que se resiente la salud humana, los microorganismos que habitan el suelo y que, desde ahí, prestan multitud de servicios ecosistémicos como el secuestro de carbono o la nutrición de las plantas, empiezan a estar más preocupados por sobrevivir que por seguir haciendo su trabajo.
Un estudio realizado por la UCO en colaboración con la School of Environmental and Natural Sciences de la Universidad de Bangor, en Reino Unido, ha determinado cuál es la temperatura límite que puede alcanzar el suelo de distintas regiones mediterráneas antes de degradarse, al tiempo que ha dado pistas de qué podemos hacer para ayudarle.
A partir de los 40 grados, la capacidad de los microorganismos para capturar carbono se reduce, llegando prácticamente a “apagarse” cuando alcanza los 50, una temperatura a la que están más que acostumbrados a enfrentarse los suelos calcáreos de la provincia de Córdoba. A su vez, cuanto mayor es la temperatura que soportan, menor es la reserva de fósforo del suelo, prácticamente inexistente si se exponen a temperaturas por encima de los 40 grados.
Para hacer frente a este problema, el equipo de la UCO formado por los investigadores del grupo de Edafología del Departamento de Agronomía (Dauco) Sana Boubehziz, Antonio Sánchez Rodríguez y Vidal Barrón ha investigado la manera de amortiguar el daño que generan las altas temperaturas, contrarrestándolo con aditivos orgánicos que aumentan su resistencia. Se trata de una contribución que suma a toda una estrategia integral y multiactor, materializada en la Directiva Europea de Vigilancia del Suelo, que va orientada a lograr unos suelos sanos en toda Europa de aquí a 2030.
Tal y como ha explicado la investigadora principal de este trabajo, Sana Boubehziz, las muestras de suelo se marcaron primero con isótopos radioactivos de carbono-14 para monitorizar la respiración de los microorganismos. El objetivo era testear la capacidad de resistencia de dos tipos de suelo mediterráneo (uno calcáreo, de Córdoba, y otro más ácido, de Badajoz)ante distintos escenarios de temperatura (de 20 a 50 grados).
Si bien “los resultados demostraron la elevada temperatura que son capaces de alcanzar antes de perder su funcionalidad, también pusieron en evidencia la urgencia de buscar soluciones paliativas para frenar la degradación de unos suelos que se exponen año a año a temperaturas cada vez más elevadas”.
Esas medidas paliativas pueden pasar por incorporar bioenmiendasricas en materia orgánica que incrementan la resistencia del suelo, tal y como probaron los ensayos realizados con alperujo, principal subproducto de la producción de aceite de oliva, y restos orgánicos, obtenidos de las plantas de tratamiento de las empresas municipales de agua y gestión de residuos de Córdoba.
Boubehziz ha remarcado que las muestras de suelo a las que se incorporaron aditivos orgánicos, tras un proceso de incubación de dos semanas, aumentaron significativamente su resistencia y la disponibilidad de fósforo.
En concreto, el alperujo fue el que resultó más efectivo al conseguir aumentar la resistencia del suelo hasta los 50 grados, evidenciando una vez más las posibilidades de este residuo de una de las principales industrias andaluzas para formar parte de estrategias de economía circular.
Además de sus aplicaciones prácticas, la principal aportación del estudio, según la investigadora, es dar visibilidad a los retos específicos y necesidades de un tipo de suelo como el de las zonas mediterráneas, amenazado por los efectos del cambio climático. “Cada suelo es único y debe tener un manejo adaptado a sus características”, ha explicado.
Según ha detallado, en el ámbito agrícola “está probado que el uso de fertilizantes de base orgánica es más saludable para el suelo, por lo que durará más y producirá más, siendo a medio plazo más rentable”. Esa rentabilidad “no se limita al bolsillo del agricultor sino que tiene una dimensión social”.
El suelo, considerado un recurso no renovable por su lenta velocidad de regeneración, cumple una función clave en el secuestro de carbono y es por tanto un aliado contra el mismo cambio climático que está acelerando su degradación. Cuidar del suelo es una manera de romper el ciclo.
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