Un Córdoba roto se reafirma en su pesadilla

Ghilas lamenta una ocasión| MADERO CUBERO
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Al Córdoba se le terminan las recetas para soportar con dignidad el trance del descenso, que en días como el de hoy se percibe como un suceso ya inevitable. Todavía hay partidos y puntos suficientes para protagonizar un milagro. Lo no que hay es fútbol. Ni siquiera equipo. Entre lesiones, sanciones, bajas formas, desapariciones, fichajes, despedidas, fiestas, castigos y rollos de vestuario, aderezados con los cambios de entrenador -con todo lo que eso conlleva- y volantazos en el ideario, el Córdoba es ahora un grupo de hombres jóvenes que se colocan una camiseta blanca y verde para hacer lo que buenamente pueden y/o quieren. Y eso no les da para otra cosa que lo que está sucediendo. Diez derrotas consecutivas ya, colista destacado y un hedor insufrible a podrido. Romero ha llegado para inventarse algo, para componer un arma letal con cuatro alambres, como si fuera McGyver o un santo. La diferencia con los demás es que él es un tipo de la casa y lo siente. Lo de remover sentimientos y despertar conciencias dormidas no le funcionó al técnico sevillano. Por lo menos, no ante el Atlético. El vigente campeón de Liga no enseñó sobre el césped de El Arcángel lo mejor de su catálogo. Le bastó con aprovechar la inconsistencia de su adversario para tumbarlo en dos golpes. Lo vio fácil y tampoco se quiso ensañar. El Córdoba salió con poco convencimiento y el escaso que guardaba se lo robó Griezmann a los cuatro minutos. El francés batió a Juan Carlos tras recoger un balón que había perdido en la línea de tres cuartos el argentino Bruno Zuculini, que sigue dando la impresión de no enterarse de dónde está ni qué es lo que tiene que hacer. Desde luego, no lo que hizo.

Lo de remover el guiso sigue siendo una constante en el Córdoba. Lo hizo Ferrer, le siguió Djukic y Romero también ha sucumbido a la tentación -en su caso, además, forzado por la escabechina de Velasco Carballo en Anoeta- José Antonio Romero, que para su estreno en el banquillo de El Arcángel escondió las cartas hasta el último instante. Cuando las soltó, hubo quien se echó las manos a la cabeza. Ni Ghilas ni Fede Cartabia en el once titular. Con su 4-1-4-1 y el rumano Florin Andone en la punta de lanza, el Córdoba se dispuso a abordar una tarea titánica. Después de muchos días hablando de emociones, de intenciones, de compromiso y hasta de fe llegó el momento de hablar con el fútbol. En el bando cordobés retornó Fidel, un elemento extraño a día de hoy, un chico talentoso e irregular, quizá ansioso por reivindicarse. Había que probar por ahí. Gente con compromiso por algo, aunque fuera por sí mismos. No le salieron las cosas. Como Gunino, otra vez titular en un partido de los grandes, o el capitán Abel, a quien un sector de la grada no la pasa ni una pero que sigue estando, por implicación y rendimiento, muy por encima de la media de este desvencijado Córdoba.

El público comenzó el partido coreando el nombre de Florin, todo un símbolo de los tiempos que corren por El Arcángel. Un rumano de 21 años que llegó libre en verano con ficha para el filial es ahora el ídolo de la afición, que seguramente recordará dentro de muchos años su nombre mientras que ya ha olvidado el de algunos que defendieron -o algo así- la blanquiverde en la primera vuelta. El Córdoba parecía dispuesto a hacer lo que había puesto Romero en la pizarra y cincelado en las mentes de sus futbolistas. Líneas juntitas, no rifar, la pelota, tenerla el mayor tiempo y evitar perderla en zonas de riesgo. Justo ahí cometió la pifia. Zuculini la perdió y Griezmann se fue como un vendaval hacia Juan Carlos. El gol a los cuatro minutos dejó frío El Arcángel, donde se escuchaban más las voces de aliento de los seguidores atléticos. El Córdoba no reaccionó en absoluto. Siguió a lo suyo, como si no hubiera pasado nada, y pronto se empezaron a escuchar "olés" con mofa entre el público.

Godín pudo aumentar la cuenta atlética a los ocho minutos en un testarazo desde muy cerca que atajó por arriba Juan Carlos. En el cuadro blanquiverde apenas hubo testimonio de existencia en ataque. Bebé se escapó con habilidad de tres jugadores por la izquierda, pero al llegar a la línea de fondo entendió que había una opción mejor que centrar: le pegó de forma horrorosa al balón y éste se perdio en el fondo. Las miradas y posturitas de los jugadores del Córdoba lo decían todo. Los de Romero no intentaban casi nada por miedo a equivocarse y el Atlético, sin apenas romper a sudar, dejaba pasar el tiempo con comodidad. Un espectáculo soporífero. La tibia esperanza que pudiera tener el Córdoba la chafó el Atlético a falta de cinco minutos tras una acción a balón parado, esa faceta que tantos éxitos reporta a los rojiblancos y tantos quebrantos a los blanquiverdes. Tras un saque de banda, Saúl finalizó de forma limpia el dibujo diseñado por Simeone. El intermedio llegó entre pitos e improperios para los jugadores del Córdoba, que dejaron una pobre impresión.

Romero sacó tras el descanso a Fede Cartabia y Nabil Ghilas, en un intento desesperado por reactivar al equipo. Los dos jugadores se dejaron ver y, al menos, intentaron hacer algo más que ver el tiempo pasar. Ocasiones de verdad, ninguna. A los sesenta minutos, desde muy lejos, Bebé ensayó el disparo a puerta. Oblak siguió viviendo una tarde plácida bajo el sol primaveral de Córdoba. La grada permaneció anestesiada, sin encontrar ningún motivo, por pequeño que fuera, para engancharse emocionalmente al desigual partido. Hasta que alguien empezó a acordarse del presidente. Los gritos en contra de Carlos González retumbaron en El Arcángel. Una cariñosa ovación a Fernando Torres cuando salió al campo y un deportivo intercambio de piropos con la afición colchonera -"Córdoba es de Primera", cantaron- trasladaron el protagonismo a la grada. En el verde no ocurría nada relevante. Todo estaba dicho. El Atlético aguantaba sin demasiados problemas los arreones de un Córdoba que buscaba ya las guerrillas individuales, especialmente con Cartabia, Héldon y Bebé. El portugués estuvo a punto de marcar en un zapatazo desde muy lejos que repelió el larguero. En el minuto 84, Crespo remató de cabeza obligando a Oblak a ganarse el jornal. No ocurrió nada más. Otra vez lo de siempre. Amagos sin dar. Tristeza generalizada y un descenso por capítulos que se hace realmente duro.

FICHA TÉCNICA

CÓRDOBA CF, 0: Juan Carlos, Gunino, Crespo, Krhin, Edimar, Abel, Zuculini (Fede Cartabia, 46'), Borja García, Bebé, Fidel (Héldon Ramos, 63') y Florin Andone (Nabil Ghilas, 46').

ATLÉTICO DE MADRID, 2: Oblak, Godín, Jesús Gámez, Juanfran, Tiago (Mario Suárez, 46'), Koke, Saúl, Giménez, Gabi, Griezmann (Arda Turan, 69') y Mandzukic (Fernando Torres, 61').

ÁRBITRO: Xavier Estrada Fernández (Comité Catalán). Amonestó con tarjeta amarilla a Florin Andone y Gunino, por parte local, y al atlético Juanfran.

GOLES: 0-1 (4') Griezmann. 0-2 (39') Saúl.

INCIDENCIAS: Encuentro correspondiente a la vigésimo novena jornada del campeonato nacional de Liga BBVA, disputado en el Estadio Municipal El Arcángel ante casi 20.000 espectadores. Antes del inicio del partido salieron al césped los equipos cadete B y benjamín A del Córdoba CF, que se proclamaron campeones de Liga en sus respectivas categorías. Los benjamines, además, fueron terceros en el Torneo de Íscar.

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