“El Córdoba es el equipo de mi vida”

Carlos Caballero, con su camiseta y el número 21 | CRISTIAN LÓPEZ

Siete temporadas dan para mucho. Para momentos buenos y otros no tanto. Para vivir multitud de sensaciones y hazañas. Pero sobre todo, para dejar huella. Con esa sensación se despide Carlos Caballero del que en sus palabras “es el equipo de mi vida”. Emocionado y acompañado por todos sus compañeros, y trabajadores del club. Los que ahora tiene, y otros tantos que lleva en la memoria. “Quiero agradecer a todos mis compañeros que han venido a ayudarme en un día tan complicado”, arrancaba el madrileño. Decenas de recuerdos que le acompañarán en su nueva andadura profesional, cerca de su ciudad natal, pero lejos ya de su verdadera casa. Un cordobesista más de corazón que, más allá de lo meramente deportivo, deja un recorrido imborrable, tanto para él como para toda la afición.

Una salida repentina 

“Yo creo que siempre he sido sincero con vosotros y que he dicho lo que sentía. Hace unos días me preguntabais, y yo es que ni me lo imaginaba. Se ha desencadenado así, y ya no hay que darle más vueltas. Hay que mirar hacia delante”.

Nueva etapa en Fuenlabrada

“Lo afronto con ilusión porque vuelvo a Madrid. Mi familia también me necesita, y con mucha ilusión por lo deportivo. Creo que es un proyecto ilusionante, que tiene muchos alicientes positivos. Córdoba siempre será Córdoba, y bueno no es sorpresa lo que me llevo. Hay que mirar hacia delante, y lo que venga que sea bueno para todos”.

“Cuando llegue allí y me ponga mi camiseta, que me resultará raro no ponerme la blanquiverde, ya pensaré en los objetivos lógicamente”.

Despedida agridulce

“A mí me hubiera gustado despedirme de otra manera, y era lo que yo soñaba, o lo que siempre te imaginas. Pero bueno las cosas pasan como pasan, y es cierto que quizá parece que cada año pasaba una cosa. El año de Paco fue perfecto, no conseguimos el ascenso, pero fue perfecto. El siguiente año, aunque fue también muy bonito con Berges y con la Copa y en Liga íbamos fenomenal, tenía un papel protagonista que me propició un poco esa renovación, porque tenía equipos interesados, y decidí quedarme aquí y apostar por el Córdoba”.

“El siguiente fue un año para mí increíble a pasar de tener esa lesión, que marca ya tu carrera, porque yo creo que era mi mejor momento. Al final conseguimos el ascenso, que fueron momentos inolvidables, y el estar en las Tendillas vosotros lo sabéis que se recordará siempre. Pero luego ya el año de Primera con la cesión, el siguiente con la ficha, que termino jugando toda la segunda vuelta aunque por desgracia no conseguimos el ascenso en Girona, que yo creo que ese equipo se lo merecía. Y el año pasado, cuando todo parecía que volvía a la normalidad, me pasa sobre todo lo de mi madre, que ha sido el golpe más duro de mi vida. A todos nos puede pasar, pero cada uno lo lleva dentro y ha sido muy complicado. Y este año al final apostaba porque fuera un año normal, y se desencadena así. Nunca sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es tu única opción, y sobre todo gracias al cariño de mi pareja que está aquí, de mi familia, de mis amigos, de todos mis compañeros que forman el Córdoba y me han apoyado día tras día. Sin toda la gente ésta no hubiera sido posible seguir adelante”.

Mensaje para sus compañeros

“Yo les transmito confianza, ellos lo saben que tienen que estar. Yo tengo toda la confianza del mundo, son un pedazo de plantilla. Faltan pequeñas puntualidades de suerte y momentos concretos, pero lo van a conseguir y el ambiente de Córdoba que tanto he disfrutado, y que les van a llevar en volandas. Y sobre todo agradecerles por cómo se han portado conmigo. Estamos en un club de fútbol, pero por encima de todo quedan las personas. Me llevo gente para toda la vida. Deseo que el Córdoba se salve, y deseo que a todos mis compañeros les vaya fenomemal. Les voy a echar mucho de menos”.

Una carta emotiva

Asimismo, Caballero ha querido leer una carta de su puño letra, en la que expresa su “sentir” y escrita cuando “se desencadenó todo”. Palabras de admiración y agradecimiento que han despertado la emoción interior del jugador, pero que han sido acogidas entre los aplausos de todos los presentes:

“Buenas tardes, hoy es un día bastante difícil para mí. Jamás imaginé el día que llegué que este club y esta ciudad calarían tanto dentro de mí. El Córdoba es ya sin duda el equipo de mi vida, por eso me cuesta tanto creer que me estoy despidiendo. Como sabéis el año pasado fue durísimo para mí, y creía que este año lo podría olvidar o superar del todo, pero me ha seguido resultando difícil. Vuelvo a Madrid, pero no puedo decir que vuelvo a casa, porque en el corazón Córdoba ya la considero mi casa. Estoy convencido que con las nuevas ilusiones que se están dando en todos los sentidos lo vamos a conseguir.

A partir de ahora cantaré nuestro himno desde la grada como un cordobesista más. El himno con el que habéis puesto mis vellos de punta cuando saltaba a El Arcángel durante todos estos años. Si Córdoba y el Córdoba me ha llegado tan dentro ha sido sin duda por su gente. Quiero agradecer de corazón a todos los trabajadores del club, ya sean de dirección, administración, taquillas, limpieza, utilleros, servicios médicos, fisios, delegados, comunicación, y todo el personal en general que se ha ganado toda mi admiración y me han llenado de alegría durante todos los días de estos años. 

Por supuesto, agradecer a todos los directores deportivos que he tenido, todos los entrenadores, los cuerpos técnicos con los que he aprendido tanto. A Carlos González por darme la oportunidad de venir aquí, y a Jesús León por su humanidad y su comprensión en estos días. Seguro que me dejaré personas, pero todos los compañeros que he tenido durante estos años no podían faltar aquí. Son los principales partícipes y los protagonistas de mi día a día, dentro y fuera del campo, y he vivido días fantásticos con todos ellos, y los echaré de menos. Por último dedicarle unas palabras a la afición con la que tanto cariño he sentido y echaré muchísimo de menos. A partir de hoy seré uno más de vosotros y lloraré de tristeza si toca, como hice en el campo después de los playoff de Valladolid o Girona o con el descenso de Primera. Y lloraré también de alegría, como lloré en Las Palmas y en toda la celebración en nuestra ciudad. Siempre diré orgulloso que jugué en el Córdoba, pero siempre presumiré el resto de mi vida que yo sí que toqué el cielo en las Tendillas“. 

Y así, entre lágrimas, aplausos y la mano en el corazón, Carlos Caballero decía adiós a su casa.

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